La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

(imagen: Aurelijus Valeiša CC BY 2.0)

Amazon, Otro Enemigo de la Humanidad


En el Times Literary Review, normalmente no el medio ideal para estar al día sobre las altas finanzas, tienen una reseña sobre un libro reciente que detalla el horror que representa la expansión de Amazon, según algunas medidas la mayor compañía del mundo.

Un ejemplo de este horror es la depauperización de la clase media. A medida que los comercios tradicionales son sustituidos por almacenes de Amazon con trabajadores al mismo borde la línea de pobreza, estados enteros de los EEUU – en el interior, en la zona “trumpista” – se han convertido en zonas que son en efecto grandes bolsas de proletariado sobreviviendo por no caer en el nivel lumpen. La traducción es mía:

Amazon contribuye a la desigualdad individual al pagar salarios tan bajos que más de 4.000 trabajadores de almacenes en nueve estados pueden recibir subsidios federales para cupones de alimentos. Esto se ha cubierto ampliamente, pero el segundo argumento de MacGillis (el autor del libro reseñado) no: la creciente desigualdad entre las regiones refleja no solo el declive rural sino también las ciudades que languidecen. En 1980, casi todas las regiones de Estados Unidos tenían ingresos medios dentro del 20 por ciento del promedio nacional… En la década de 1960, las veinticinco ciudades con los ingresos medios más altos incluían Milwaukee, Wisconsin y Des Moines. Hoy, casi todas las ciudades más ricas se encuentran en las costas.

¿Qué tiene que ver Amazon con eso? Sobre un terreno preparado por Walmart en las décadas de 1980 y 1990, agravado por el auge de Internet y acelerado a una velocidad vertiginosa por la pandemia, Amazon impulsa el cierre de muchas empresas regionales pequeñas y medianas, dejando tierras baldías desprovistas de instituciones locales y de instituciones establecidas, sin oportunidades económicas. Combinado con la pérdida de puestos de trabajo en la industria, esto deja a los funcionarios locales desesperados por atraer puestos de trabajo; Amazon explota esta desesperación para extraer enormes subsidios fiscales que (irónicamente) socavan aún más la capacidad de las empresas locales para competir. MacGillis señala el papel del gobierno en asegurar el dominio de Amazon, a través de subsidios y exenciones de impuestos que otros no pueden obtener. En 2018, Amazon pagó 0 dólares de impuestos corporativos por segundo año consecutivo. “Su éxito en evitar impuestos hizo que fuera aún más notable, si ésa es la palabra, que la empresa estuviera ganando tanto dinero con los contratos gubernamentales”, observa MacGillis. Descubre cuán sistemáticamente Amazon ha reclutado a ex funcionarios del gobierno y engañado a los que están en funciones, para dirigir los contratos del gobierno hacia acuerdos que requieren que las empresas locales vendan a través de Amazon, pagando a Amazon el 15 por ciento, lo que puede eliminar los márgenes que las empresas necesitan para sobrevivir. Amazon también gana licitaciones gubernamentales federales, estatales y locales, para proveer desde lápices hasta computación en la nube.

Bueno es recordar que, aparte de todo lo anterior, Amazon es una compañía especializada en gastar millones en abogados y contables para pagar cero impuestos en todas las jurisdicciones en las que opera. En este artículo, Politico detalla los trucos de Amazon para no pagar, y uno ha de quitarse el sombrero; ellos sí saben contratar a los mejores lobbystas de Washington DC:

El fundador del gigante minorista, Jeff Bezos, ganó elogios a principios de este año cuando anunció que Amazon respaldaría «un aumento en la tasa de impuestos corporativos» para ayudar a pagar el paquete de infraestructura del presidente estadounidense Joe Biden. Sus comentarios rompieron con la mayor parte del resto de las empresas estadounidenses (la Cámara de Comercio y Mesa Redonda Empresarial de EE. UU. se opusieron con vehemencia a tales aumentos de impuestos) y sirvió como una réplica a los críticos que han atacado a Amazon por pagar poco o ningún impuesto federal sobre la renta. El propio Biden criticó la tasa impositiva de Amazon por ser demasiado baja en la campaña.

Sin embargo, entre bastidores, Amazon y otras empresas han tomado medidas para evitar que sus impuestos suban. Y sus esfuerzos ilustran algunos de los obstáculos invisibles que enfrenta la administración de Biden en sus esfuerzos por generar más ingresos de los impuestos corporativos, ya que pide un aumento de la tasa impositiva corporativa general para financiar su ambiciosa agenda nacional.

La compañía contrató al lobbysta fiscal Joshua Odintz, un ex asistente del Congreso demócrata y veterano de la administración Obama, el mes pasado para cabildear en la sección del código tributario que se ocupa de la deducción de impuestos por investigación y desarrollo, según un documento de divulgación.

Y la Coalición de I + D, una alianza de empresas que se benefician de la deducción, incluidas Amazon, Intel, la Asociación Nacional de Fabricantes y otras, contrató a un equipo de fiscales retirados, ahora lobbystas en PricewaterhouseCoopers, a principios de este año. Los contratados incluyeron a un ex asistente principal del líder de la minoría del Senado, Mitch McConnell.

La deducción por I + D y el crédito fiscal relacionado con I + D están diseñados para incentivar a las empresas a desembolsar en investigación y desarrollo proporcionando exenciones fiscales para el gasto en investigación. El crédito se estableció por primera vez en 1981, según la Tax Foundation, y cuenta con un amplio apoyo bipartidista. Su uso por parte de Amazon y otros subraya cómo los llamados a que las corporaciones paguen más en impuestos pueden ser más simples en teoría que en la práctica, ya que muchas de las exenciones tributarias que utilizan las empresas son populares incluso si la baja huella impositiva de las empresas no lo es.

Es difícil saber exactamente cuánto ha ahorrado a Amazon los créditos fiscales para I + D, que es muy popular en ambas partes. Pero Amazon reveló en una presentación de la Comisión de Bolsa y Valores a principios de este año que los créditos fiscales que le ayudaron a reducir su carga fiscal en Estados Unidos «estaban relacionados principalmente con el crédito federal de investigación y desarrollo de Estados Unidos».

(El crédito no es la única forma en que Amazon reduce su factura fiscal: también se beneficia de las normas fiscales que le permiten deducir el costo de las acciones que les da a sus empleados como parte de sus paquetes de pago, entre otras exenciones fiscales).

«Es muy probable que obtengan cientos de millones de dólares al año en créditos fiscales para I + D», dijo Matthew Gardner, investigador principal del Institute on Taxation and Economic Policy, que ha estudiado los hábitos fiscales de Amazon y otras grandes empresas.

Amazon declinó hacer comentarios para este artículo.

Las exenciones fiscales en sí mismas no están en riesgo, pero la deducción podría volverse menos valiosa el próximo año si el Congreso no actúa, lo que puede explicar por qué Amazon decidió intensificar su campaña en la trastienda al respecto.

Tampoco podemos olvidar que su dueño – el hombre más rico del mundo – es el emperador espacial más incompetente del universo, superado por el inútil de Richard Branson en una estúpida carrera por ser el primer billonario en gravedad cero, y un llorón y un mal perdedor.

A uno le da la impresión de que todo esto no puede ser bueno para la acción de Amazon (ticker AMZN). Bezos ha dejado de gestionar la compañía para centrarse en sus sueños espaciales, y la verdad es que como gestor de Amazon era extraordinario y su éxito ha sido brutal; pero a su sucesor le deja un panorama complejo, con los reguladores encima, y con más margen para tirar hacia abajo que hacia arriba, dada su posición dominante en muchos mercados.

¿Cómo de dominante? Fíjense en este detalle: los ingresos solamente por suscripción a Amazon Prime (no incluyendo el coste de los productos; sólo suscripción) en 2020 triplicaron los ingresos de toda la NBA de baloncesto. Amazon controla el 40% del comercio electrónico en EEUU y es el segundo mayor empleador privado del país, detrás de Wal-Mart.

Un buen ejemplo del persistente abuso de esa posición está en un artículo del Wall Street Journal que detalla cómo Amazon no sólo tiene control sobre el acceso al mercado de sus socios, sino que les exige entregar capital, acciones en compañías que hacen negocios con Amazon, para asegurar aún más tal control. Aquí, el New York Times reporta sobre una demanda que alega que Amazon penaliza a los vendedores que ofrecen sus productos más baratos fuera del ecosistema creado por Bezos.

Es por esto que el mundo está lleno de gente absolutamente flipada cada vez que ve un anuncio corporativo en favor de causas progresistas. Durante años, habían asumido que gran capital = fachas capitalistas, y ahora resulta que no. El imparable alza del progrecapitalismo ha cambiado todos los paradigmas, y su impacto es particularmente obvio cuando observamos la creciente importancia de los factores ambientales, sociales y de gobernanza corporativa (ASG) sobre la gestión de las compañías, y cómo se han convertido en motivo determinante para que los grandes fondos compren títulos de una empresa, y no de otra.

Lo que hay que hacer es exigir al mundillo ASG que sea lógico: no tiene sentido que una compañía como Amazon, dedicada al embrutecimiento y empobrecimiento de sus empleados, a la manipulación política, a la ingeniería fiscal y al abuso de posición dominante más burdo de la historia de la humanidad no sea penalizada. Es obvio que a las S y la G de las iniciales Amazon las tortura cada día para. Aunque es cierto que, en el lado positivo, hay que destacar Amazon nunca olvida poner la banderita arcoíris durante el mes del orgullo gay, no vaya a ser que les critiquen.

Criptoestafa piramidal a la española

La muy interesante página Infolegal tiene detalles sobre una criptoestafa piramidal a la española que llama la atención por su poca sofisticación:

El bróker Javier Biosca, investigado por perpetrar una estafa con criptomonedas que habría dejado cientos de afectados y unos 100 millones de euros estafados, ha asegurado hoy en su declaración ante el juez de la Audiencia Nacional Alejandro Abascal que su intención no era engañar a los inversores, reivindicando que realmente el negocio que les proponía era muy rentable.

Según fuentes jurídicas consultadas por Europa Press, incluso ha manifestado que está dispuesto a colaborar con la justicia aportando las claves de las cuentas bancarias y otras que sean necesarias para ir pagando a los inversores, si bien ha añadido que, dado que no recuerda muchas, para ello tendría que ser puesto en libertad. De ser así, en tres o cuatro semanas quedaría resuelto, ha sostenido.

Presunto sinvergüenza hasta la presunta muerte, desde luego. El tipo lleva un mes en prisión, afrontando acusaciones múltiples incluyendo blanqueo de capitales y apropiación indebida. Siguen en libertad sus presuntos cómplices, esposa e hijo, con el pasaporte retirado.

Durante el interrogatorio, en el que solo ha contestado al juez y a su abogado, Biosca ha explicado que no sabía nada de criptomonedas hasta 2019, cuando se empezó a interesar por este tipo de inversión y, al observar que daba importantes beneficios, decidió encargar a una persona de su confianza que buscara inversores.

Lo hizo a través de ‘Algoritmhmics Group’, una empresa que, de acuerdo con la querella presentada por la Asociación de Afectados por las Inversiones en Bitcoins –representada por el bufete de Emilia Zaballos–, carecía de las autorizaciones necesarias.

Los querellantes precisan que Biosca garantizaba una rentabilidad del 20 o 25% semanal y que, como los primeros inversores recibieron beneficios, se corrió la voz pasando rápidamente de 30 a 500 inversores.

Sin embargo, conforme al relato de los querellantes, con la llegada de la pandemia de coronavirus y el confinamiento se produjeron los primeros incumplimientos.

Biosca dejó de pagar a casi todos los inversores hasta que a finales de octubre de 2020 ‘Algoritmhmics Group’ dejó de hacer abono de cantidad alguna.

En su comparecencia judicial, Biosca ha culpado de estos impagos a los bancos. Según su versión, le bloquearon la conversión de ‘cripto’ a monedas porque movía grandes cantidades de dinero y eso le impidió seguir cumpliendo con los inversores.

Hay que reírse.

La situación llegó a tal punto, ha contado, que en septiembre de 2020 viajó a Guinea para explorar la posibilidad de comprar un banco con el que hacer el canje, pero no lo consiguió, lo que propició el colapso del producto financiero. La citada asociación calcula que dejó 300 afectados y 100 millones de euros estafados.

Es inevitable que los criptomonedas aparezcan los criopto-vivalavirgen. Y es obvio que en el mundo hay un suministro imparable de gente que quiere ser muy lista y ganar mucho más interés que los demás, y que se va a tragar cualquier historieta. Este tipo de artículos ganará en prominencia a medida que sube de volumen la campaña internacional para cortarle las alas, u otras partes de la anatomía, a Bitcoin. Más aún si continúa el último subidón de las criptomonedas.

Sobornos políticos para principiantes

Hunter Biden, el hijo bala perdida del presidente-emperador estadounidense que no hace más que perder laptops con información confidencial y confesarse a prostitutas que conoció dos horas antes, ha anunciado que tiene una nueva carrera: pintor. Y, como todo pintor novato de 51 años que jamás mostró el menor interés en el arte durante una vida dominada por las drogas, la corrupción a mansalva en nombre de papá y la perversión de todo tipo, va a cobrar entre US$75.000 y US$500.000 por cuadro.

No porque comprarle un cuadro a Hunter es una forma de pasarle dinero a Joe sin que nadie se dé cuenta, y al mismo tiempo haciendo que todo el mundo se dé cuenta, de modo que el presidente queda públicamente en deuda contigo. No: porque Hunter es un pedazo de artista, ya lo sabemos todos antes de ver un cuadro suyo.

No es extraño que la misma gente que hace fortunas en los mercados financieros, sabiendo por dónde va a soplar el viento, es la gente que se gasta fortunas en cosas como los cuadros de Hunter. Si crees que los mercados financieros son algún tipo de paraíso capitalista del puro inversor, igual te pondría vender una torre que tengo en el centro de París, toda de metal. Acepto Bitcoin.

(David Román es excorresponsal en Madrid del Wall Street Journal, y autor del libro “Podemos en Venezuela: cómo se financió la infiltración chavista en España”, publicado este año por la editorial Homo Legens. Su columna Finanzas Políticas, sobre la interacción entre sus dos mayores pasiones, se publica de forma semanal, y también se puede recibir en forma de newsletter aquí.)