La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

Ana Bolena negra: ¿y por qué no?

No caigamos en las trampas de los nuevos racistas del antrirracismo. Juzguemos la película y a su protagonista por sus méritos artísticos.

Ayer vi por pura casualidad el avance de la nueva trilogía cinematográfica sobre la vida de Ana Bolena, la malhadada segunda esposa de Enrique VIII de Inglaterra, y me sorprendió ver tantos comentarios negativos por el mero hecho de que la protagonista fuese una actriz negra. Así que compartí el siguiente mensaje en Twitter:

Entiendo a los que dicen que una peli histórica debe reflejar la realidad en la medida de lo posible, pero no comparto la indignación de muchos por dar el papel de Ana Bolena a una actriz negra. No caigamos en las trampas de la política de identidades.

Y entonces me empezaron a caer sapos y culebras, en su mayoría por parte de tuiteros bien intencionados, que por un lado defendían el rigor histórico, y por otro lado consideraban que se trataba de una provocación hiperprogre. Y no les faltaban razones. A mí tampoco me cabe la menor duda de que al escoger a Jodie Turner-Smith, una actriz anglo-estadounidense con raíces jamaicanas, los productores tenían la intención de provocar, tanto por motivos económicos como ideológicos. A fin de cuentas, el escándalo es la mejor publicidad. 

Se presentan como antirracistas, pero en el fondo no hacen más que reconstruir la segregación racial de nuestras sociedades.

Sin embargo, no se puede reducir la compleja identidad de los seres humanos a una cuestión de razas. Esto es particularmente así en el mundo del arte. Nos ha tocado vivir en una época cuando resurgen ideas peligrosas que quieren encasillarnos según el tono de nuestra piel y otras características similares. Se presentan como antirracistas, como campeones de los derechos de las minorías históricamente oprimidas, pero en el fondo no hacen más que reconstruir la segregación racial de nuestras sociedades. 

Que el traductor catalán de una poetisa afroamericana fuese vetado por no ser mujer, negra y activista fue tan absurdo como el linchamiento mediático de la Ópera de Hungría por representar Porgy y Bess de Gershwin sin artistas negros.

Son precisamente las exigencias de esa nueva política de identidades, promovida por la izquierda progresista, que amenazan nuestras libertades y chocan frontalmente con el sentido común. Que el traductor catalán de una poetisa afroamericana fuese vetado por no ser mujer, negra y activista fue tan absurdo como el linchamiento mediático de la Ópera de Hungría por representar Porgy y Bess de Gershwin sin artistas negros. 

¿O hay que recurrir a la genealogía? Dos abuelos afrodescendientes te hacen negro, como te hacían judío dos abuelos israelitas según las Leyes de Núremberg de la Alemania nazi.

Por cierto, ¿cuándo es un actor negro o blanco o moreno? ¿Hay alguna escala de colores establecida que mida el tono de su piel? ¿O hay que recurrir a la genealogía? Dos abuelos afrodescendientes te hacen negro, como te hacían judío dos abuelos israelitas según las Leyes de Núremberg de la Alemania nazi.

En realidad, un alto porcentaje de la humanidad, tal vez la mayoría, tiene antepasados de varios grupos étnicos. A mí se me percibe como blanco, pero mi ADN autosomal claramente indica que tengo unas gotas de sangre centroasiática y siberiana. Casi todos los afroamericanos y afrocaribeños tienen ancestros europeos, y si consideramos las diferentes posibilidades de mestizaje en Iberoamérica, las opciones se multiplican. 

Cuando Shakespeare puso en escena su drama histórico sobre la vida de Enrique VIII, el papel de Ana Bolena lo tenía un hombre.

¿Que Ana Bolena no puede ser negra en un suspense histórico-psicológico? ¿Quién lo dice? En otros tiempos sólo hombres actuaban. Cuando, en 1613, Shakespeare puso en escena en su afamado teatro, el Globe, su drama histórico sobre la vida de Enrique VIII, el papel de Ana Bolena lo tenía un hombre (o tal vez muchacho). ¿Vamos a linchar también al Bardo de Avon por no ajustar sus funciones a la realidad histórica? 

El rol de Cyrano, supongo, es sólo para narigones.

¿Es sólo el tono de piel lo que importa? ¿Un actor rubio puede interpretar el papel de un personaje moreno? ¿Y qué me decís del color de los ojos? ¿O de la forma de la nariz? El rol de Cyrano, supongo, es sólo para narigones. 

Si aceptamos el nuevo apartheid de la política de identidades, entonces habrá que contratar a actores africanos para cada Cabalgata de Reyes (un Baltasar blanco sería intolerable), y en Japón no se podría poner en escena ninguna obra occidental.

Aunque nos provoquen, no caigamos en las trampas de los nuevos racistas del antrirracismo identitario. Juzguemos la nueva película sobre Ana Bolena y a su protagonista afrodescendiente por sus méritos artísticos y profesionales. Y si la peli es aburrida o la actriz es floja, que vengan los abucheos.