La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

Antonio Pedro Rodríguez Bernal: «Aprender húngaro ha sido un desafío intelectual de primera magnitud»

Antonio Pedro Rodríguez Bernal es uno de los abogados más conocidos de la Costa del Sol, que, además de ser experto en una amplia gama de especialidades jurídicas, también es capaz de desenvolverse con soltura en varios idiomas. Sin embargo, a diferencia de otros juristas españoles, él no se conforma con dominar las lenguas francas, como el inglés o el francés, sino también ha aprendido uno de los idiomas más difíciles: el húngaro.

Antonio Pedro Rodríguez Bernal es uno de los abogados más conocidos de la Costa del Sol, que, además de ser experto en una amplia gama de especialidades jurídicas, también es capaz de desenvolverse con soltura en varios idiomas. Sin embargo, a diferencia de otros juristas españoles, él no se conforma con dominar las lenguas francas, como el inglés o el francés, sino también ha aprendido uno de los idiomas más difíciles: el húngaro.

Es extraño encontrarse con alguien que, no teniendo ascendientes húngaros ni habiendo residido en Hungría, hable la lengua húngara a cierto nivel. Su caso puede considerarse excepcional. ¿A qué se debe su conocimiento de la lengua?

Probablemente si no hubiera conocido a una húngara y no me hubiera casado con ella, nunca se me hubiera ocurrido embarcarme en esta aventura. Sin embargo, tras veinte años de estudio, puedo decir que es la atracción de la “hungaridad” y su irradiación cultural es suficientemente poderosa como para mantener mi interés.

Dicen los lingüistas que la lengua húngara es una de las más complejas y difíciles de aprender, especialmente, cuando se empieza a una edad adulta. ¿Comparte esa opinión?

Para alguien que no vive en Hungría y no habla asiduamente la lengua, constituye un desafío intelectual de primera magnitud. Un idioma aglutinante con tan complejas reglas, declinaciones, casos, y con doble conjugación según sea el objeto directo, puede asustar, pero llega un momento en que te das cuenta de que el húngaro es una lengua exclusiva, lógica y, en cierto modo, casi perfecta, que se ha mantenido sin apenas influencias exteriores durante siglos. Supongo que llega a convertirse en una saludable obsesión.

Viniendo de Andalucía, ¿conocía mucho de Hungría y, en general, de Centroeuropa, en su juventud?

En la década de los 70, Hungría era confusa y erráticamente conocida a través de las películas de Sissi. El mito de Sissi también aterrizó en la Sierra de Cádiz en forma de películas ñoñas de Romy Schneider, rodadas con escaso presupuesto en casas señoriales austríacas casi con cámaras de super ocho. Recuerdo a mi tía María viendo esas películas, a mis primas cuyas caras se iluminaban al saber que emitían otra película de Sissi por la tele, con sus micrófonos asomando por la parte superior de la pantalla. Esa idea de Hungría era muy distorsionada, sin embargo, pienso que, en general, se tenía una buena imagen de su historia.

¿Habrá notado usted alguna diferencia entre la Hungría de las películas de Sissi y la real?

Pues sí (ríe). Algo que se aprecia rápidamente es la extraordinaria complejidad de la historia húngara. Una profunda herencia cultural sin la que no podría comprenderse Europa. Creo que esa es la clave de la atracción que muchos sentimos hacia la Europa Central y, particularmente, hacia Hungría.

¿Sigue la actualidad húngara?

No tanto como me gustaría, pero sí. Desde luego, llama poderosamente la atención el protagonismo que en los últimos años está cobrando Hungría en el proceso de construcción europea y en los problemas que ahora preocupan a los europeos. Eso puede apreciarse a nivel popular. Antes, en España, era frecuente confundir a Hungría con un país del Este. Ahora, con independencia de las ideas políticas que cada uno tenga, pocos podrían decir que Hungría es un país del Este. Creo que a la gente le está quedando claro, que Hungría es un país occidental enclavado en el corazón de Europa que ha defendido su pertenencia a la órbita occidental, con uñas y dientes, desde tiempo inmemorial.

Es usted abogado, ¿hasta qué punto le resulta útil en su labor profesional el conocimiento del húngaro y otros idiomas?

En la Costa del Sol es frecuente que los abogados hablen idiomas. Nosotros (Rodríguez Bernal Abogados) tenemos despachos en Marbella y Torremolinos, por lo que manejar, a cierto nivel, algunas lenguas extranjeras resulta casi imprescindible. Particularmente, yo hablo tres lenguas -inglés, francés y húngaro-, y el despacho se dedica a la litigación -penal y civil, especialmente- y a las transacciones inmobiliarias. También somos expertos en el Derecho aplicable al Patrimonio Histórico y a las Obras de Arte, uno de los pocos despachos en España dedicados a esta disciplina. En todos estos campos, el conocimiento de idiomas resulta fundamental.

¿Se sorprenden sus clientes magiares de que usted hable su lengua?

Los clientes húngaros que vienen al despacho saben que se les va a atender en húngaro, por eso no se extrañan (ríe). Pero en alguna ocasión, cuando he prestado servicios de asistencia a detenidos en juzgados de guardia o en la policía, me he encontrado con detenidos húngaros que se han sorprendido -gratamente- que un abogado español pudiera expresarse en su lengua.

Además de su faceta de profesional liberal como abogado, usted también ha desarrollado, paralelamente, otra académica, como investigador en diversas universidades, como la Universidad Complutense de Madrid y, precisamente, en temas muy relacionados con Hungría.

La verdad es que la vida de un abogado deja poco espacio para otras actividades, sin embargo, ya hace años que me dedico a la investigación jurídica en el campo del Derecho Internacional. El foco de mi investigación (y de mi tesis doctoral) ha sido las minorías nacionales del Centro y Este de Europa, por lo que, aprovechando mis conocimientos de la lengua húngara he podido sumergirme en el derecho de las minorías húngaras transfronterizas y en el derecho interno húngaro, pasando por un exhaustivo estudio de la historia húngara. Ha sido una enriquecedora experiencia y un viaje intelectual apasionante.