La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

Arte de gobernar

El país requiere la garantía de la conservación de la institucionalidad y, por consiguiente, el respeto a la constitución y la ley como baluartes del Estado de derecho.

La cultura política es una herramienta esencial de apoyo que aporta las condiciones cívicas de educación requeridas para que luego la ciencia política encuentre el ambiente ciudadano adecuado para implementar y fortalecer un sistema democrático. Si esta es una necesidad en la formación del ciudadano del común, con mayor veraz lo es para la denominada clase política dirigente que aspira a gobernar; pues pasa a ser de sentido común que un gobernante debe conocer con absoluta claridad cuál es el rumbo de visión futurista que debe darle al país y a su democracia, y eso solo es posible teniendo el conocimiento de cómo gobernar, y esto implica saber: de país, de Estado de derecho, y de los fundamentos de la democracia. 

El sentido del progreso es medible desde el punto de vista de la planeación estratégica del desarrollo sostenible. Para esto se requiere que el gobernante tenga el conocimiento necesario de cómo orientar la política del fortalecimiento democrático y económico, pues de un buen gobierno depende una buena economía, y obviamente de una buena economía depende el progreso medible como crecimiento económico, lo cual garantiza poder proyectar y atender la política de gobernar con sentido social, y esto a través de implementar medidas y políticas públicas de mediano y largo plazo. Para que este escenario sea viable es condición la responsabilidad filosófico-política de estadista de quien dirige los destinos de un país. Bien decía Winston Churchill: “El político se convierte en estadista cuando piensa en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”.

Responsabilidad de país versus fantasía política      

En una sociedad democrática, quien ejerce el arte de gobernar debe ser un estratega que haya sido formado en la visión de cómo ejercer adecuadamente el poder. Pero, además, debe tener la condición de sensatez como pensador y ejecutor de las ideas políticas para poder mantener el equilibrio republicano. El país requiere la garantía de la conservación de la institucionalidad y, por consiguiente, el respeto a la constitución y la ley como baluartes del Estado de derecho. Esto significa responsabilidad con el país, lo cual es vinculante con las obligaciones adquiridas en el cumplimiento de las funciones propias del acto de gobernar. 

Gobernar no es la fantasía política de hacer exhibición de anuncios engañosos de ficción al mejor estilo del populismo clásico socialista, pues esta práctica solo persigue el hecho de conquistar voluntades incautas para convertirlas en incondicionales apoyos políticos electorales. La realidad del buen gobierno debe convertirse en la obligación de ejecutar obras de beneficio social, sin incluir la extravagancia individualista del agregado de cálculos políticos. En un gobierno auténtico no puede haber espacio para inaccesibles productos de la fantasía política. Un gobernante está obligado a cumplir patrióticamente el mandato superior que el pueblo le confirió de gobernar.  

Relaciones internacionales

Gobernar, como es obvio, no consiste solo en saber dirigir la política interna de un país, desde siempre, y más ahora en la época de la globalización, se requiere entonces la internacionalización del país y su economía, y esto se logra a través de un persistente trabajo de relaciones diplomáticas y comerciales con la comunidad internacional, mantener vinculación activa con los organismos multilaterales identificados como instituciones sin ánimo de lucro de apoyo a países en acciones de carácter multilateral; igualmente tener excelentes relaciones con los organismos multilaterales de crédito. Se requiere dinamizar el registro económico del comercio internacional, es decir, mantener una balanza comercial favorable en cuanto a la diferencia entre los bienes y servicios que se venden a otros países, y a la vez la adquisición a terceros países de productos elaborados, materias primas, y tecnología.

Se gobierna bien cuando se mantiene: solidez política, fortaleza democrática institucional, equilibrio económico, y bienestar social.