La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

Aztecas: la cultura Ted Bundy

La cultura azteca ha sido, hasta la fecha, la fiesta definitiva del psicópata.

Ted Bundy, Ed Gein, Hannibal Lecter. Protagonistas reales o imaginarios de la cultura popular de los 70 a los 90. Se alcanzó un incomprensible grado de fascinación con bestias que  se alimentaban del dolor ajeno. Por más que la figura del psicópata fracasado y que se lanza a una carrera de muerte y dolor sea algo estadísticamente inevitable, su significación cultural ha variado según momento y cultura.

En época medieval o tardomedieval, el asesino en serie acabaría por recibir un final al menos acorde a sus crímenes a menos que fuera de la más alta sociedad. Por ejemplo, Erzsébet Báthory, la condesa sangrienta, no podía ser condenada según la legislación de su época y lugar, y murió en confinamiento solitario mientras sus ayudantes fueron ejecutados con crueldad extrema. No entremos en detalle: bastará con recordar que la rueda era un método de ejecución para bandoleros.

Hay momentos en la historia en los que grupos numerosos de psicópatas disponen de rienda suelta. Podemos citar, por ejemplo, a los urka, criminales violentos de la Rusia prerrevolucionaria que acabaron ocupando por miles posiciones importantes en el sistema Gulag. En GULAG. Historia de los campos de concentración soviéticos, Anne Appelbaum entra hasta cierto nivel de detalle en la depredación y sadismo cotidiano de quienes tuvieron por primera vez libertad para sus bestias interiores. Si tienen estómago, busquen imágenes de Tales from the Gulag, un cómic de Varlam Shalamov. Pero ya les aviso que aún en cómic las imágenes son más de nuestras pesadillas que de nuestro entendimiento racional.

Una mancha de más duración en nuestra civilización fue el circo romano. Siendo romanos los escritores principales cuya obra ha llegado hasta nosotros, la barbarie del circo no se suele describir con el tono adecuado salvo por el martirilogio cristiano. Y hasta en ese caso se asume que eso era parte de la cotidianeidad, y que lo más destacable era la entereza y la Fe de los mártires. No se suele prestar la debida atención a las distintas «celebraciones» donde se ejecutaba teatralmente a un prisionero o esclavo, como la celebración del rapto de Europa en el que un toro mataba a una esclava.

Se pongan como se pongan los animalistas, las peleas y torturas de animales (sin duda reprobables) no son comparables en esencia y realidad al asesinato sádico de seres humanos para divertir a la población.

El circo romano fue un abismo civilizatorio sin precedentes y sin imitación posterior. Se pongan como se pongan los animalistas, las peleas y torturas de animales (sin duda reprobables) no son comparables en esencia y realidad al asesinato sádico de seres humanos para divertir a la población. Y tampoco es comparable al ambiente festivo que rodeaba a las ejecuciones de personas hasta hace 200 años, porque en ese caso de lo que hablamos es de eventos excepcionales según los usos legales de la época, con ánimo disuasorio y que eran celebrados como tales por parte de la población. Otros tiempos superados, desde luego, pero distintos en esencia al circo romano.

Otras culturas previas practicaron el sacrificio religioso de personas. Es especialmente recordado el ritual cananeo/fenicio/cartaginés de sacrificar los hijos propios al dios Moloch en momentos muy puntuales. Tanto la Biblia y su relato en capas significantes que esconde la superación de su contexto religioso local (pensemos en Abraham e Isaac), como el relato romano presentan una costumbre atroz… que se había repetido en diferentes lugares del mundo. Una y otra vez. Excepcionalmente el número podría ser atroz, y en cada ocasión se trataría de un acto execrable. Lo más importante, sea como fuere, es que no formaba parte de la cotidianeidad ni de la periodicidad anual… salvo muy pocas excepciones.

La más conocida es la azteca. La cultura azteca ha sido, hasta la fecha, la fiesta definitiva del psicópata. La cultura en la que se formaba a la élite para ser asesinos en serie caníbales, sádicos atroces que disfrutaban del antes, del durante y del después de crímenes abyectos que equivaldrían a matar haciendo sufrir a vacas, cerdos o gallinas. Y presten atención al detalle: en el viejo mundo no se sacrifica a los animales de carne prestando atención al sadismo en el trato con muy pocas excepciones. Los mataderos tradicionales no eran lugares donde los matarifes se recrearan en el sufrimiento de los animales.

Cito sólo una de las 18 festividades del calendario psicópata, digo azteca:

Para honrar a Xipe Tótec se utilizaban diversos métodos de sacrificio humano. Las pieles desolladas se tomaban a menudo de víctimas de sacrificio a las que se les había arrancado el corazón, y algunas representaciones de Xipe Tótec muestran una herida cosida en el pecho.

El «sacrificio con flechas» era otro método utilizado por los adoradores de Xipe Tótec. La víctima del sacrificio era atada con las piernas abiertas a un marco de madera, luego se le disparaba con muchas flechas para que su sangre se derramara en el suelo. El derramamiento de la sangre de la víctima en el suelo simbolizaba las abundantes lluvias deseadas, con un resultado esperanzador de abundantes cosechas. Después de que la víctima era disparada con las flechas, se le extraía el corazón con un cuchillo de piedra. A continuación, el desollador realizaba una laceración desde la parte inferior de la cabeza hasta los talones y retiraba la piel en una sola pieza. Estas ceremonias se prolongaban durante veinte días, mientras que los sacerdotes del dios llevaban las pieles.

Mi admirado Marvin Harris explicaba el canibalismo sistemático azteca en términos de necesidad de proteína animal por la falta de ganadería de carne por parte de los aztecas y, concretamente, de su élite. Este modelo no se sostiene tanto porque otras culturas de la misma zona y con la misma falta de proteína animal no optaron por el canibalismo ritual masivo; además, matar a esos prisioneros era ineficiente a todas luces porque no les empleaban como mano de obra con la que producir más alimentos, levantar infraestructuras, etc.

El terror ha sido una herramienta de uso frecuente por parte de los imperios militaristas, como el asirio, el romano o, más recientemente, la horda de Tamerlán. Sin embargo, el terror de todos esos imperios era predecible y seguía unas reglas: sólo se desencadenaba si había resistencia o rebelión, si no se pagaban tributos o si había alguna amenaza para el orden logrado. Si no se daban esos casos, los sometidos seguían con sus vidas.

Los pueblos sometidos no podían evitar que los aztecas se llevaran, torturaran y devoraran a sus jóvenes y a sus niños.

Los aztecas no empleaban el terror así. Era predecible pero en un sentido único: se hiciera lo que se hiciera, los pueblos sometidos no podían evitar que los aztecas se llevaran, torturaran y devoraran a sus jóvenes y a sus niños. Que los sacerdotes Ted Bundy desollaran y se vistieran todos los años con las pieles de esos jóvenes hasta que se caían de puro podrido. Casi tienta pensar en ellos en términos de alienígenas como predator, que periódicamente llegan a tierras humanas para cazar. Pero hasta los predator eran cazadores, no sádicos torturadores.

Otra forma de concebir por contraste a los aztecas es comparar a su normalidad con la excepcionalidad histórica. Vlad Tepes fue un gobernante psicopático que empleó el terror de manera masiva, con propios y con extraños, y que ha sido recordado en toda Europa por sus bosques de empalados y por lo extremo de su crueldad. No se recuerda a un Huey Tlatoani por su crueldad en particular, porque todos ellos actuaban según la ritualística psicopática de su pueblo. Ellos, los sacerdotes y el resto de la élite. Eso sólo se puede lograr si desde pequeños se encultura a la totalidad de la elite en comportamientos que el resto de la humanidad considera completamente inadmisibles. Que no han tenido paralelo en método, impacto, frecuencia y extensión. La sociedad azteca era la cultura del psicópata, y la cosmogonía y ritualística la fiesta permanente de los psicópatas.

No estoy seguro de que esta sucesión de comparaciones sea suficiente para concebir adecuadamente el carácter único de la cultura azteca. Yo mismo daba por supuesto hasta fecha reciente esos hechos básicos, pero sin conectarlos con los límites de un comportamiento colectivo mínimamente aceptable.

Hernán Cortés, sus hombres y la masa de sus aliados locales derrotaron a una nación predadora y sádica y pusieron fin a la máxima aberración que ha conocido la Humanidad hasta la fecha.

Sea como fuere, quiero acabar con una breve reflexión: Hernán Cortés, sus hombres y la masa de sus aliados locales derrotaron a una nación predadora y sádica y pusieron fin a la máxima aberración que ha conocido la Humanidad hasta la fecha. Sus descendientes (de españoles y de nativos) pueblan y gobiernan lo que hoy es Méjico, el sur de Estados Unidos de América y las naciones centroamericanas.

Y hablar de todo lo que no sea de la liberación de pueblos enteros y del fin de una cultura inaceptable es desvirtuar por completo no sólo la historia, sino los conceptos de bien y de decencia elementales. Confío en que, al acabar estas líneas, el lector coincida conmigo en que el 13 de agosto de 1521 fue una fecha para celebrar.