La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

Breve historia del chicharro bursátil español


Hay un viejo dicho en la bolsa sobre los cazadores de chicharros, esas acciones que valen menos de un euro que suben y bajan un 6% o un 8% cada día, con ganar o perder dos céntimos, y emocionan a muchos inversores minoristas.

No es un dicho edificante: viene a ser que los cazadores de chicharros son como la gente que va recogiendo céntimos delante de una apisonadora; es verdad que hay céntimos, pero el riesgo de que te coja la apisonadora y los efectos subyacentes potenciales superan las posibles ganancias que puedes lograr con la acumulación de céntimos.

Todos los chicharros de la bolsa española son extremadamente peligrosos. Y eso por no hablar de los súper-chicharros favoritos de todos los foros de inversores minoristas, como Pharmamar, del que ya hable aquí (desde entonces, cuando cotizaba a 109 euros, ha bajado un 30%). El peligro incluye, por supuesto, al chicharro bancario por antonomasia, Banco Sabadell, que lleva meses dando tumbos mientras se alarga la agonía de este banco que parece una trampa para los inversores que no tuvieron bastante con perder hasta la gorra en Banco Popular.

¿Qué decir de Día, después de años de promesas rotas, precios indicativos que se quedaron 10 veces por encima de la realidad y diversos jueguitos de su accionista de control ruso? Todavía recuerdo las noticias sobre el sector de supermercados saliendo adelante después del coronavirus y las tormentas de nieve de enero (todo ese rebote se fue para Lidl). Lo que ocurrió unos meses después fue muy informativo: la compañía anunció una nueva ampliación de capital, con la emisión de acciones nuevas un 83% por debajo (!!!) del precio de la cotización en aquel momento. Apisonadora va.

El mundo del chicharro está lleno de gente optimista que mete 500 o 1000 euros en comprar 500 o 1000 acciones de la vieja Pescanova, una firma en bancarrota, pensando que igual se puede llevar algo de las ganancias de la nueva Pescanova, que no tiene nada que ver con ella.

Codere también es un chicharro con tirón. Sobre Codere, co-escribí uno de los mejores artículos de mi vida como corresponsal, y recuerdo su particular problemática, que incluye haber invertido en un casino mexicano que luego fue el escenario de un matanza de adolescentes durante la celebración de la Quinceañera (el 15 cumpleaños) de la hija de un narco.

Comprensiblemente, las autoridades mexicanas mantuvieron el casino cerrado durante una larga temporada, con las consiguientes pérdidas para Codere, que se convirtió en víctima de una de las operaciones más pintorescas de la historia de los mercados financieros cuando una serie de fondos obligaron a la empresa a comprometerse a no pagar el dinero que les debía. Sí, no ha leído mal: los fondos (buitres) obligaron a Codere a comprometerse a no pagar su deuda, temporalmente, para que unos derivados que los fondos habían comprado con el fin de asegurar la deuda (CDS, para los entendidos) fueran activados y cobraran el seguro.

Codere, a todo esto, ha estado moviéndose de aquí para allá este año, un poco como Sabadell, llevándose alegrías con noticias sobre nuevas refinanciaciones (¿quizás a cambio de no pagar?) y luego caídas a mínimos históricos. Pero acaba de tener otro subidón por un motivo bastante injustificado, que alegrará a los hinchas.

Prisa es uno de mis favoritos en esta galaxia de compañías raras, y también un favorito de los chicharreros (¿chicharristas? ¿chicharruños?). Hace unos meses escribí un reporte especial sobre esta compañía, que también conocí muy de cerca como corresponsal, y donde tengo amigos empleados. Mi impresión, en resumen, es que hay mucho minorista que piensa que Prisa, siendo un desastre empresarial con pérdidas de quitar el aliento, es interesante como inversión porque muchos poderes fácticos españoles llevan años disputándose su control.

La realidad es menos interesante. La acción lleva años sin pasar de forma sostenible por encima de un euro, porque el interés de los poderes fácticos va decayendo a medida que caen aceleradamente los lectores y oyentes de los productos del grupo. La publicidad digital de los diarios de Prisa cayó un 6% en 2020, lo que es un indicio horrible.

Es entretenido seguir la movida política en torno a Prisa ¿Es el foco de una nueva triangulación perturbadora, dados los vínculos entre Prisa, Juan Carlos Monedero y el empresario favorito de la revista Hola!, Rosauro Varo? Quizás. Rentable no es, desde luego.

Seguimos con los chicharros de moda: Duro Felguera, compañía premiada por la SEPI con una ayuda de EUR120 millones por ser una fiable empresa de colocación para los prejubilados del PSOE, y sus años de corrupción a nivel internacional en ese gran foco de interés inversor que es la República Bolivariana de Venezuela. ¡Bien por ellos! Pero no la clase de firma en la que invertiría mis dineros, francamente.

¿Y Abengoa? ¿Queda todavía algún fan de Abengoa ahora que cotiza a 0,01 por acción? Es otra empresa en la red de colocaciones de ex cargos del PSOE, y durante años fue foco de la pasión chicharrista, en parte porque los ex cargos aseguraban contratos jugosos con las administraciones públicas, sobre todo la ultra-corrupta Junta de Andalucía.

Ahí habría metido la mano en la caja hasta el Papa (y esperemos a ver que sale…) pero en todo caso la empresa declaró la segunda mayor suspensión de pagos de la historia de España en febrero. Aunque sigue viva en los tribunales, así que todavía puede sacar alguien ventaja si tiene información privilegiada, de la que carecen el 99% de inversores en chicharros.

El gobierno español, con admirable incapacidad para la vergüenza, le ha pedido a la nueva Junta de Andalucía (ahora controlada por el PP) que ponga 20 millones de euros para sanear esta cueva donde se escondía el dinero que se robaba al estado, y ahí están, con sus jueguitos, con la excusa de que con todo esto se rescatará a los “minoritarios” de Abengoa, y no a los amigotes que se quedaron con grandes paquetes de acciones de los que no han podido desprenderse, como andan por ahí diciendo las malas lenguas.

Hablemos, para cerrar, de Obrascón Huarte Lain, o OHL. Pringada en un caso de corrupción en México bastante obvio, buena amiga del Partido Revolucionario Institucional de aquel país, que podría ser el partido político no chavista más corrupto de la historia de la humanidad, OHL es una joya que merece toda la atención del chicharrero.

Parece que han ido bien las negociaciones entre los accionistas de control (la familia Amodio) y los bonistas para reestructurar deuda a cambio de capital, con lo que los bonistas se harán con el control de en torno al 20% de las acciones. El título se cotiza más cerca de un euro que de cero, así que me huelo que debe estar que arde en los foros de chicharros. Todos a recoger moneditas delante de la apisonadora, que va muy lenta.

Progrecapitalismo Vs Australia

Con la gestión medioambiental convertida en elemento clave de la discusión política moderna, ha llegado el momento que tenía que llegar: un gran gestor internacional de activos, puntal fundamental del progrecapitalismo (“woke capitalism”) neoliberal, ha ido a un importante gobierno internacional y le dicho “haz lo que digo, o tus repugnantes bonos estatales los va a comprar tu tía del pueblo, y te irás a la bancarrota, ja, ja, ja”.

No ha sido exactamente así, pero casi. Bloomberg News reporta sobre la amenaza de Robeco Institutional Asset Management contra el gobierno de Australia, que ha sido más bien en plan: “oiga, tienen ustedes un plan de emisiones de deuda muy majo y muy ordenado, sería una pena que le pasara algo… desagradable, ya me entienden” (la traducción es mía):

Robeco Institutional Asset Management BV pronto comenzará a presionar a Australia para que elimine gradualmente su dependencia del carbón y otros recursos naturales, a medida que los grandes gestores de capital empiezan a apuntar a los gobiernos en temas relacionados con el cambio climático.

Australia tiene un «perfil de riesgo particularmente alto» en lo que respecta al desempeño climático, explicó en una entrevista Peter van der Werf, gerente senior de participación y propiedad activa de la firma holandesa. A medida que los inversores globales implementan planes para descarbonizar las carteras para mediados de siglo, los legisladores de Australia deben hacer lo mismo, añadió.

Reducir la dependencia de recursos naturales «es una decisión muy difícil porque obviamente son fuentes de ingresos muy importantes para la economía australiana», dijo Van der Werf, con sede en Rotterdam. «Ahí es donde, en estas conversaciones con gobiernos, los inversores institucionales también pueden proporcionar una perspectiva de cómo prevén que se producirá dicha transición».

Es poco probable que Australia sea receptiva a Robeco. El primer ministro Scott Morrison, quien una vez blandió un trozo de carbón en el parlamento (en defensa del sector minero), se ha negado rotundamente a comprometerse con un plazo para las emisiones netas cero en apoyo de industrias políticamente sensibles como el carbón y el gas.

Australia puede ser un hueso mucho más difícil de romper que, pongamos, Brasil, otro gran exportador de recursos naturales con emisiones per cápita significativas. Con una deuda del 70% del PIB, y un creciente superávit comercial de las exportaciones de minerales y carbón, Australia puede permitirse resistir los esfuerzos de los banqueros por boicotear los bonos australianos, incluso cuando el banquero en cuestión controla US$213.000 millones. En estos tiempos de incertidumbre, hay billones de dólares en efectivo privado que persiguen refugios seguros.

Pero siempre existe la posibilidad de que la presión le pueda al gobierno australiano. Aparte, atacar a Australia proporcionará información valiosa, para cuando los banqueros persigan a gobiernos fáciles de intimidar con el más mínimo gesto, como el entrampado gobierno de España.

Lo más interesante aquí es saborear la situación: Robeco, como todos los demás gestores de activos, tiene una inmensa cartera de dinero que administrar, producto de los ahorros y trabajo de millones de jubilados y los fondos de mucha gente adinerada. Probablemente administra su dinero también, lector, porque los bancos comerciales que gestionan la mayor parte de fondos de inversión suelen subcontratar al menos parte de ésta a gente como Robeco.

Ahora, observemos: jubilados y gente adinerada (no millonarios). Estos dos son los grupos demográficos más proclives a votar a la derecha en todos los países, aunque el segundo está cambiando deprisa, a medida que el progrecapitalismo como ideología se va filtrando desde los CEOs hacia los ejecutivos y hacia la clase media-alta.

Es decir: el dinero de un montón de viejos fachas y rentistas conservadores, en su mayoría como mínimo escépticos respecto a las medidas contra el cambio climático, es utilizado para chantajear a un gobierno soberano como el de Australia, para que tome medidas que los propios dueños del dinero aborrecerían. El progrecapitalismo triunfa porque recibe el apoyo de la gente lista, tipos como Van der Werf que saben que no hay que moverse si quieres salir en la foto.

Ni puntada sin hilo pocho

En medio de grandes golpes de pecho, la semana pasada el gobierno bajó el IVA de la electricidad hasta el 10%. Bien, ¿no? Meh. La medida dura hasta fin de año solo, con suspensión igualmente temporal del impuesto a la producción eléctrica. Y la bajada no es para todos. En concreto, el real decreto aplicará un 10% de IVA hasta fin de año para todos los consumidores con potencia contratada hasta 10 kilovatios, siempre que el precio medio mensual del mercado mayorista de la electricidad esté por encima de los 45 euros por megavatios hora. Aunque también se aplicará el 10% de IVA a todos los consumidores vulnerables severos hasta fin de año con independencia de su potencia contratada y del precio del mercado. Además, se suprimirá temporalmente el impuesto a la producción eléctrica del 7%… pero sólo durante el tercer trimestre del año.

(David Román es excorresponsal en Madrid del Wall Street Journal, y autor del libro “Podemos en Venezuela: cómo se financió la infiltración chavista en España”, publicado este año por la editorial Homo Legens. Su columna Finanzas Políticas, sobre la interacción entre sus dos mayores pasiones, se publica de forma semanal, y también se puede recibir en forma de newsletter aquí.)