La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

(Imagen: Ministerio de Defensa CC BY-NC-ND 2.0)

Caídos por España en Afganistán

Cuando un miembro de nuestras Fuerzas Armadas fallece durante el cumplimiento de una misión, muere por España.

Así es como se debería llamar la entrada de Wikipedia en español que acierta en lo principal: listar la totalidad de los fallecidos en las operaciones españolas dentro de la coalición internacional que intervino en Afganistán. Aquí la tienen

https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Bajas_espa%C3%B1olas_en_Afganist%C3%A1n

La primera precisión es importante, porque la entrada se llama «Anexo:Bajas españolas en Afganistán», pese a que he tratado sin éxito de cambiarla. No es una cuestión baladí. Como motivo del cambio, indiqué que

En español europeo y en terminología militar, una baja es todo militar que es herido, muerto o que desaparece en una operación militar. Los fallecidos son «caídos»

Y, concretamente, fallecidos en acto de servicio. Esta distinción es importante porque, cuando un miembro de nuestras Fuerzas Armadas fallece durante el cumplimiento de una misión, muere por España. Independientemente de si ocurre en un accidente, por enfermedad o en el transcurso de un combate.

Además de los caídos en Afganistán, hemos tenido muchas más bajas. Muchos más militares han resultado heridos de distinta consideración o han adquirido estrés postraumático como consecuencia de las experiencias que les han tocado vivir. Todos ellos han pagado el precio que les ha tocado pagar en nuestro nombre.

Durante estos días ha tenido lugar una ciclogénesis explosiva de articulistas tratando de explicar, de introducir matices, de culpabilizar o de aprovechar la ola de atención del público. En algunos medios hemos tenido la opción de leer soflamas ideológicas sonrojantes y desconectadas de la realidad, en otros se ha navegado por el mar de los lugares comunes, y unos pocos expertos han aportado luz entre tantos autores chillando a la vez. Me permito recomendar a uno de estos últimos, a mi buen amigo Jesús Pérez Triana en Economíadigital

He tenido y mantengo la fortuna de hablar sobre la campaña con amigos que la han vivido. De sus experiencias y sensaciones. Por eso, por todo lo transmitido, les confesaré que he pasado un mal fin de semana mientras iban llegando informaciones sobre el colapso del gobierno afgano que hemos apoyado durante tantos años. No me ha disgustado particularmente leer cómo personajes pagados de sí mismos como el nóbel Krugman comparaba el final de la misión en Afganistán con nuestra guerra de independencia. Queda para mejor ocasión una revisión obligadamente militante sobre la persistencia en el error acerca del francés, de lo que hizo y de lo que dejó de hacer en la en aquellos momentos pobre España.

Más allá de leer artículos de autores que valoro, me he dado a la reflexión. He pensado estos días en el significado de la misión de nuestros soldados de España. De aquellos que han perdido a un familiar o a un amigo durante esos años pasados. De todos esos que pueden pensar que fue por nada, porque tras tantos y tras tanto hemos llegado a un final vacío.

Y puede que tengan razón.

La tendrían si olvidáramos a esos 102 caídos por España, incluyendo a los dos intérpretes nacionalizados españoles. Si la mayoría de la población española optara por pasar página sin detenerse a pensar en los caídos por España, sin dedicarles un pensamiento o un momento de su tiempo.

Las fuerzas españolas no hicieron otra cosa que cumplir con el mandato encomendado. Ni ellas, ni la coalición entera, podían lograr un Nation Building como el que se buscó pretendidamente durante años, si los habitantes de esa nación no cooperaban lo suficiente. Posiblemente el resultado actual ha sido el más probable todo el tiempo, y sea como fuere ya no tiene vuelta atrás.

Al menos, no hemos sido como holandeses o suecos dejando atrás sin sonrojarse ni pestañear a los que colaboraron con ellos. Ellos son holandeses, nosotros españoles, y durante siglos hemos hecho las cosas siempre de manera diferente. Para bien o para mal, según el caso y según los valores de quien los vea. Estoy convencido de que millones de españoles habríamos sufrido una grave humillación si hubiéramos abandonado a los que trabajaron junto a nosotros.

Y así Gabriel Ferrán, nuestro ya ex-embajador, ha sido un español ejemplar, de esos hijos de España que cuando la ocasión lo reclama hacen sonreír satisfechos a nuestros antepasados. Saber finalmente que estábamos a la altura de nuestros valores de siglos me ha dado algo de paz, dadas las circunstancias.

Queda por hacer. Llevo días hablando con un amigo acerca de la necesidad de que se recuerde en España a los caídos en la misión de Afganistán. No es sólo cosa de nuestros militares, puesto que antes que militares son españoles: es cosa de la nación entera, o al menos de aquellos de sus hijos que quieran estar a la altura.

No sé cuál es el mejor homenaje, pero estoy convencido de que cualquier homenaje será bueno. Que, hagan lo que hagan tanto las instituciones como los ciudadanos agrupados, logrará que quede claro que no fue por nada, sino por lo de siempre:

Por España.