La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

Carlos Iturgaiz: “Necesitamos un proyecto común de amor a lo vasco, a lo español y a lo europeo”

"El terrorismo islamista quiere acabar con los valores de la civilización occidental."

Carlos José Iturgaiz Angulo (Santurce, Vizcaya, 1965) ha sido concejal del Partido Popular en Bilbao, miembro del Parlamento vasco, así como presidente de su partido en la comunidad autónoma. Ha desempeñado un papel clave en la vida pública del País Vasco en una época marcada por la violencia terrorista de ETA. Desde 2004 es eurodiputado.

Usted estudió lenguas clásicas y música. Ambos son intereses bastante apolíticos. ¿Qué es lo que empuja a un joven profesor de acordeón a meterse en la política vasca en tiempos tan turbulentos como los años 90 del pasado siglo?

Desgraciadamente, desde mi nacimiento siempre había vivido toda mi infancia y juventud lastrado por la sombra en mi tierra de una banda criminal terrorista que, para conseguir la independencia del País Vasco, mataba a centenares de personas, especialmente policías y militares en un principio, y que luego amplió su abanico de dolor a políticos, jueces, periodistas, etc. Yo me rebelaba contra no poder decir lo que era, es decir, vasco y español, y por eso me integré en el Partido Popular, que es el partido en esta tierra vasca que sin complejos siempre ha defendido los símbolos de España, la Constitución y la libertad.

Los músicos en nuestra carrera aprendemos una asignatura que se llama armonía, y creo sinceramente que la política en el País Vasco necesitaba y sigue necesitando muchas dosis de armonía para crear un proyecto compartido entre todos los vascos de amor a lo vasco, a lo español y a lo europeo.

ETA intentó asesinarle al menos en dos ocasiones. La periodista Chelo Aparicio recoge su experiencia en su libro titulado “Vivir frente al terror: memorias de Carlos Iturgaiz”. Pero, ¿se puede vivir frente al terror? ¿Cómo se levanta uno cada mañana sabiendo que puede haber una bomba lapa debajo de su coche o que puede aguardarle un pistolero en cualquier esquina?

Vivir frente al terror, como nos ocurría en el País Vasco a los políticos del PP y a tantas otras personas, era una tragedia diaria. Yo siempre dije que no quería ni para el peor de mis enemigos que pasase por lo que me tocó pasar a mí siendo el presidente del PP vasco. Además de sufrir varios intentos de asesinato por parte de los terroristas de ETA, tuve que enterrar a siete compañeros políticos míos masacrados por ser vascos y españoles, por ser del PP. Le aseguro que nunca olvidaré ni perdonaré lo que nos hicieron los asesinos etarras a nosotros y a nuestras familias. ETA intentó liquidarnos y que el PP desapareciese del País Vasco, pero – afortunadamente para la democracia –  no lo consiguieron, porque nunca hincamos la rodilla en la tierra, como pretendían los terroristas. Las víctimas vencimos y los derrotados fueron nuestros verdugos.

El año pasado, la banda terrorista anunció en un comunicado su completa disolución. ¿Hemos llegado al fin de la violencia terrorista en el País Vasco, o es demasiado temprano para sacar semejantes conclusiones?

Espero y deseo que ETA haya desaparecido para siempre, pero hoy día todavía hay una parte de la sociedad vasca que está enferma y apoya electoralmente al brazo político de ETA. Ahora no nos matan, pero en muchas ocasiones no nos dejan vivir en paz, nos acosan con amenazas, insultos y palizas, como a un joven universitario el mes pasado en Vitoria por apoyar una asociación vasca y española, y posicionarse contra el fanatismo fundamentalista separatista. Todo eso indica que sigue habiendo un segmento, aunque pequeño, que destila odio contra España y contra lo que representa el PP en el País Vasco.

Mientras tanto, en otro rincón de España ha surgido un movimiento separatista no menos radical que el vasco, creando fisuras profundas en la sociedad catalana y una aguda crisis constitucional a nivel nacional. ¿Cuál es su opinión sobre el conflicto catalán?

Es inaudito que, en una de las regiones españolas más ricas y donde mejor se vive, los políticos nacionalistas hayan apostado unilateralmente por dar un golpe de Estado. Afortunadamente, estos políticos separatistas que pretendían internacionalizar el conflicto se han quedado solos y aislados, porque ningún país del mundo les ha apoyado en sus pretensiones, entre otras cosas porque Cataluña siempre ha sido España, nunca ha existido una Cataluña independiente desde la formación del Estado español, uno de los más antiguos de Europa. Es sabido que los dirigentes del principal partido nacionalista en Cataluña quieren tapar los graves casos de corrupción y desviar la atención mediática aireando la independencia. No les importa que sería una ruina para Cataluña estar fuera de España, porque en ese momento también estaría fuera de la Unión Europea, según lo establecido en los tratados.

Muchos españoles quedaron decepcionados con la manera en que Mariano Rajoy manejó la situación en Cataluña. Varios analistas atribuyen el ascenso de Ciudadanos y VOX a la gestión poco acertada del desafío independista por parte del gobierno del PP. ¿Cree que bajo el nuevo liderazgo de Pablo Casado su partido podrá recuperar tanto a los votantes del centro, que ahora apoyan a Ciudadanos, como a su base tradicional conservadora, que ha encontrado nuevo hogar político en el partido de Santiago Abascal? ¿No teme que las próximas elecciones europeas puedan traer un varapalo electoral para el Partido Popular?

Lamentablemente, vivimos momentos convulsos en Europa, donde hay una falta de valores que se junta a una crisis en lo económico y en aspectos sociales. Cuando esto ocurre hay mucha gente que se refugia en los extremos de derecha o izquierda, pensando que desde esos extremos se solucionan los problemas de los ciudadanos, pero la experiencia nos enseña que es un espejismo todo eso, porque desde el populismo o desde los extremismos es pan para hoy y hambre para mañana, ya que esas políticas son incapaces de solucionar los problemas reales de los ciudadanos. Es cierto que el centroderecha en España se ha troceado, como también ocurre en la izquierda, pero el PP ha demostrado, cuando ha gobernado, que es capaz de sacar a España de las crisis económicas donde nos metían los socialistas, y crear un proyecto de bienestar social y político para estar a la cabeza de Europa y del mundo.

Mantener su primera posición en el Parlamento europeo parece ser el reto principal para el Partido Popular Europeo de cara a las elecciones europeas del mayo. Sin embargo, el grupo político del centroderecha europeo tampoco está libre de conflictos internos. Muchos – entre ellos, Jean-Claude Juncker, el presidente de la Comisión Europea – cuestionan el lugar de Fidesz, el partido del primer ministro húngaro Viktor Orbán, en la organización. El conflicto en el seno del PPE es palpable, pero, ¿tiene sentido político echar a uno de los grupos más numerosos?

Quiero primero expresar mi reconocimiento a mis compañeros de la delegación húngara del PPE, porque son un puntal para el grupo popular europeo por el gran trabajo que realizan todos ellos, aportando mucha seriedad y profesionalidad a los temas que se tratan en el Parlamento europeo. Y la realidad es la que es, por encima de algunas declaraciones altisonantes de algunos dirigentes de mi propio grupo, mis colegas húngaros siguen formando parte de esta gran familia que es la popular y que es el mayor partido europeo de la Cámara, y deseo que así siga siendo en el futuro.

Viktor Orbán y sus políticas a menudo causan revuelo en la arena política europea. El pasado septiembre, la Eurocámara votó a favor del informe Sargentini e inició un trámite para quitarle a Hungría su voto en el Consejo Europeo. La eurodiputada holandesa Judith Sargentini – miembro de GroenLinks, sucesor legal del Partido Comunista de los Países Bajos, que en 1956 apoyó la invasión soviética de Hungría – acusó al Gobierno húngaro de violar los “valores europeos”. Usted, junto con Pilar Ayuso y Gabriel Mato, fue uno de los pocos eurodiputados españoles que votaron contra el informe. ¿Por qué discrepó de la mayoría de sus colegas?

Primero, apoyé al primer ministro Orbán porque no permito que los comunistas y socialistas vengan a darnos lecciones al PPE. Esta izquierda que es incapaz de condenar lo que está ocurriendo en Venezuela, Nicaragua o Cuba, donde se violan los Derechos Humanos y a la población la están asesinando y matando de hambre, esa izquierda bolivariana no nos puede dar lecciones a los demás. En segundo lugar porque en países vecinos de Hungría, como Eslovaquia o Rumanía, cuando son gobernados por la izquierda, hay problemas similares o peores, sin embargo, la izquierda parlamentaria europea siempre intenta pasar página y mirar hacia otro lado. Y en tercer lugar porque se ha hecho una lamentable caza de brujas contra Orbán y su gobierno, incluso intentando que cuestiones que sólo competen a Hungría tengan juicios paralelos internacionales.

La migración ilegal es uno de los temas que más conflictos políticos generan en nuestro continente. El gobierno húngaro afirma que existe una conexión directa entre la inmigración masiva y la amenaza terrorista que azota a Europa Occidental. Usted mismo, apenas hace un mes, quedó atrapado en el pleno centro de Estrasburgo debido a un atentado islamista. No le parece fatídico que, después de estar en la diana de ETA durante años, ahora tenga que esconderse de ataques yihadistas?

Yo siempre he denunciado que el terrorismo no es un problema local, regional o nacional, sino internacional. En España, por culpa de los criminales de ETA, hemos hecho un «master» en la lucha antiterrorista, y la policía española y los servicios de inteligencia antiterrorista son de una gran capacitación y profesionalidad.

Europa sufre porque el terrorismo islamista está incrustado en nuestro seno y procede fundamentalmente de un fanatismo religioso que quiere acabar con los valores de la civilización occidental y con la religión cristiana, ya que para los terroristas somos infieles. Es evidente, como se ha visto en Bélgica o en Francia, que los nidos de terroristas se concentran en barriadas mayoritariamente musulmanas, donde muchos de ellos no están dispuestos a integrarse en los valores de nuestra sociedad. Esta gente es la que sobra y no los inmigrantes que vienen a trabajar legalmente con contratos de trabajo, porque es necesaria su mano de obra en algunas partes de nuestro continente.