La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

Carta de Israel: vivir a la sombra de cohetes

A cada hora te informan que la casa de alguien ha sido destruida por los misiles, que han muerto niños o que alguien ha sido linchado.

Israel lleva una semana bajo fuego. Todo comenzó el pasado domingo por la noche cuando oímos las noticias en la radio sobre una nueva oleada de violencia árabe en Jerusalén. En ese momento pensábamos que todo eso formaba parte de la atmósfera habitual del fin de Ramadán, cuando líderes extremistas suelen incitar a la violencia.

Yo vivo en el centro de Israel, en Rishon LeZion, que en coche queda a unos 30 minutos tanto de Tel Aviv como de Asdod. Los cohetes empezaron a caer el lunes. Justo había terminado mi clase de karate en Guivatayim (que también está en el área de Tel Aviv), cuando nuestro instructor anunció que lo habían llemado desde el Ayuntamiento, y debido a la situación, tenía que mantener abierto nuestro dojo (lugar para entrenamiento de karate) en una situación de guerra funciona como refugio antiaéreo. 

Cuando escuchas que Jerusalén y el centro de Israel son atacados, entiendes enseguida que la guerra puede comenzar en cualquier momento.

Por desgracia, los misiles suelen alcanzar al sur de Israel con bastante frecuencia y no sólo en situaciones de guerra. Es muy triste que eso a nadie le importe mientras los cohetes no hayan llegado a la parte central de Israel. Cuando escuchas que Jerusalén y el centro de Israel son atacados, entiendes enseguida que la guerra puede comenzar en cualquier momento. 

Tienes sólo 1-1,5 minutos para esconderte antes de oír un gran estrépito.

Nunca puedes prepararte mentalmente para esto. Jamás sabes cuándo llegarán los próximos cohetes y cómo será su impacto. Las sirenas suenan todos los días, a veces a mitad de la noche, otras veces durante el día. He descargado una aplicación del Portal Nacional de Emergencias, y desde entonces recibo cada 5 minutos actualizaciones sobre misiles que vienen en camino o los daños que han causado. Por ahora trabajamos desde casa, porque el horario del autobús es incierto y tratamos de no estar afuera cuando se escuchan las sirenas. Tienes sólo 1-1,5 minutos para esconderte antes de oír un gran estrépito. Suena como un trueno, la única diferencia es que tras el golpe de los cohetes sientes que el edificio está temblando, ves afuera el humo de la detonación, y sientes el olor a metal quemado. 

La guerra civil está ocurriendo en áreas mixtas de Israel donde árabes y judíos viven juntos, como Ramla, Lod y algunas partes de Jerusalén.

La Cúpula de Hierro es un gran invento, la mayoría de las veces escuchamos cuando los cohetes explotan, con suerte no en un área habitada. A pesar de tener la protección de la Cúpula de Hierro, hemos recibido muchos golpes. Ya no puedo ver las noticias, a cada hora te informan que la casa de alguien ha sido destruida por los misiles, que han muerto niños o que alguien ha sido cruelmente linchado. 

La guerra civil que está ocurriendo en áreas mixtas de Israel donde árabes y judíos viven juntos, como Ramla, Lod y algunas partes de Jerusalén, te hace sentir que estás perdida en un lugar violento y anárquíco. Te lo piensas dos veces si tienes que ir a algún lado porque no sabes dónde van a quemar la próxima sinagoga, van a apuñalar a personas civiles totalmente inocentes o vas a ser testigo o víctima de un linchamiento al azar. No confías en nada ni en nadie. 

Esperamos que todo vuelva a la normalidad y podamos vivir juntos en paz. En los momentos de paz, Israel es el mejor lugar para vivir, la gente puede apreciar cada momento de la vida, y tenemos la sensación de que cada vida importa.