La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

Conspiración y jarana en Lima: los olvidados realistas peruanos

Se ha despojado de toda comprensión y legitimidad a buena parte de lo que fue la América Española; encasillando muchas mentes en un relato propagandístico que se ha impuesto como ciencia incuestionable.

Cuando Valle-Inclán escribió la trilogía de la Guerra Carlista, se propuso (entre otras cosas) defender e inmortalizar un arquetipo frente a la muy mala prensa que había tenido en España el tradicionalismo; mala prensa que todavía a día de hoy provoca que ni tirios ni troyanos comprendan la causa y motivaciones de aquellos contrarrevolucionarios. Así las cosas, Valle-Inclán crea el marqués de Bradomín como dilecto protagonista de su potente ficción. Sin embargo, sabemos que el marqués de Bradomín no nace de la nada, sino que se inspira en Carlos Calderón, general carlista granadino que tuvo mucho protagonismo en el último cuarto del siglo XIX. Como decía el poeta Manuel Machado, sólo Dios crea mundos de la nada y Valle-Inclán, con su enorme talento literario, supo crear un mundo que le dio legitimidad al carlismo en el campo de la ficción, llevando a muchos a plantearse qué era aquello en la realidad.

Así, durante muchos años, Los cruzados de la causa, El resplandor de la hoguera, La corte de Estella, Gerifaltes de antaño, con el marqués de Bradomín, Juan Manuel de Montenegro o Cara de Plata, entre otros, situaron al carlismo en ese plano paralelo de la ficción, recreando y alimentando una historia que es parte de todos; si bien Valle-Inclán nos va situando desde Galicia a Navarra mayormente. 

Si Valle-Inclán va creando su mundo a partir de su Galicia natal, Conspiración y jarana en Lima empieza en la Ciudad de los Reyes, la que fue flor y nata de las Indias, gran urbe cuyo centro histórico me recuerda a Sevilla y en donde se dieron situaciones tan contradictorias como grandilocuentes en este proceso histórico; siendo que además, fue el Perú el que logró formar uno de los ejércitos realistas más formidables a priori y, a posteriori, albergó una resistencia enconada aun cuando todo se ponía en contra. 

Y no es casualidad el haber escogido Lima en particular y el Perú en general, sino más bien causalidad. Los avatares de la vida me llevaron a residir en la capital del Perú durante años. El haber vivido en Hispanoamérica me hizo comprender más y mejor muchas cosas que tenía en la cabeza cuando entraba y salía de la universidad, sita en aquel hermoso edificio que se fundara en la época de Fernando VI como Real Fábrica de Tabacos, muy cerca del Archivo de Indias y de la catedral gótica más grande del mundo. Todas aquellas ansias e ilusiones tomaron fondo y forma en la vida real, acriollándome de por vida. 

Y es que en la vida pasa como en los libros: Hay que saber (o al menos intentar) leer entre líneas. Por ello, Conspiración y jarana en Lima me llevó su tiempo. Ha sido tomado y retomado a lo largo de varios años. Pensé en dejarlo en el baúl de los recuerdos, hasta que la editorial Ultima Libris me ofreció sacarlo a la luz. 

Mas no se asusten: Aclaro taxativamente que yo no me estoy comparando con Valle-Inclán, ni estoy relacionando momentos históricos y lugares diferentes. Lo que quiero decir es que los realistas hispanoamericanos merecen voz y voto por supuesto en la historiografía, pero también en las novelas, en los poemas, en los tebeos o hasta en las películas. Porque el imaginario colectivo no se nutre sólo de la historiografía. De hecho, gracias a Dios, historiadores buenos los hay, siendo este tema más trabajado en Hispanoamérica que en España. Véanse el colombiano Pablo Victoria, el ecuatoriano Francisco Núñez del Arco, el peruano Heraclio Bonilla; y que en paz descansen, de Colombia Luis Corsi Otálora, de Perú José Antonio Pancorvo o de Argentina José Manuel González. En otros planos, se están haciendo muy buenos trabajos en formato cómic o vídeo, pero quizá el tema de los realistas americanos queda en un segundo plano. Para mí es algo de importancia capital, no sólo por una cuestión meramente académica, sino por cómo todo un imaginario que afecta a millones de personas a ambos lados del charco ha sido deformado en pro de una idolatría absolutamente injusta que, además, ha despojado de toda comprensión y legitimidad a buena parte de lo que fue la América Española; encasillando muchas mentes en un relato propagandístico que se ha impuesto como ciencia incuestionable.  

Se reitera que los protagonistas de Conspiración y jarana en Lima son los realistas americanos, los grandes olvidados y silenciados de nuestra historia. Y como no es algo definitivo, deja la puerta abierta a la continuidad literaria a través de sus muchos y variopintos personajes.

Ya que desde la historiografía salieron muchas cosas a la luz, sea Conspiración y jarana en Lima un grano de arena en esta batalla cultural y quiera Dios que pueda ser continuada a través de futuras novelas y cuentos. Todo es ponerse. 

Antonio Moreno Ruiz: Conspiración y jarana en Lima. Ultima Libris (Julio de 2021)

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