La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

(Imagen: TonyHall CC BY 2.0)

Crecimientos malignos

Más pronto o más tarde tendremos que adaptarnos a un mundo en el que el crecimiento económico llegue a ser cero, un mundo autosuficiente.

Joseph Pearce es autor del libro Small is still beautiful, cuyo título indica claramente la influencia de la obra más conocida de Ernest Schumacher, Small is beautiful (Lo pequeño es hermoso) en la que este economista defiende la idea de que las grandes empresas y organizaciones no son la forma más eficiente de lograr la felicidad de los seres humanos, que debería ser el objetivo de toda actividad económica, en lugar del aumento de los ingresos.

Pearce aborda la cuestión del Producto Nacional Bruto (PNB), que usualmente se utiliza para medir el crecimiento. El PNB suele tomarse como medida de éxito: cuanto mayor sea su crecimiento, mejor se supone que va la economía. En opinión de Pearce, este modo de medir el éxito económico no responde a las necesidades de la sociedad, porque presenta los siguientes problemas:

  • Sólo considera las actividades humanas que suponen intercambio de dinero. Como consecuencia, algunas actividades ficticias pueden tener un peso importante en el PNB. Veamos un ejemplo: si cada individuo se comprometiese a pagar cierta cantidad a otro individuo por un trabajo ficticio, mientras el segundo se compromete a pagarle a él la misma cantidad por otro trabajo ficticio, al tratarse de actividades económicas, esas cantidades se suman al PNB, pero en realidad no corresponden a nada. Esto ya lo señaló el sociólogo estadounidense Alvin Toffler en su libro La tercera ola (1979). 
  • Considera las actividades económicas como si fueran neutras, sin tener en cuenta si son buenas o malas. Por ejemplo: si aumentase el consumo de drogas, habría que dedicar más fondos al tratamiento y la rehabilitación de los drogadictos, lo que supone más actividad económica, y por tanto un aumento del PNB. ¿Debemos deducir que el aumento del consumo de drogas es favorable para la economía? Si aumenta el número de asesinatos, habrá que invertir más en cárceles y contratar funcionarios, lo que también contabilizará como un aumento del PNB. ¿Debemos deducir que el aumento del número de asesinatos es favorable para la economía?
  • La obsolescencia planificada consiste en fabricar bienes de consumo de tal manera que al cabo de cierto tiempo dichos bienes se estropeen sin posibilidad de arreglo, de modo que el consumidor se vea obligado a sustituirlos por otros. En consecuencia, cuanto menos duren dichos bienes, más crecerá el PNB. No importa que estemos convirtiendo el mundo en un basurero y que agotemos los bienes primarios no renovables. Pearce lo expresa así:

El mundo de la economía se parece al té del sombrerero loco, en el que al final de las festividades se rompe toda la vajilla para que la economía sea estimulada por la necesidad de comprar una vajilla nueva.

Es curioso, señala Pearce, que nuestro sistema económico considere que una persona que economiza (o sea, que ahorra) se comporta de forma antieconómica, puesto que el dinero ahorrado deja de participar en el PNB, al no corresponder a ninguna actividad económica mensurable en intercambio de dinero.

Supongamos que fuese posible alcanzar un crecimiento anual acumulativo del 3% del PNB, y que fuese posible prolongar indefinidamente ese crecimiento, como pretenden casi todos los economistas. ¿Habríamos alcanzado la utopía, viviríamos en el mejor de los mundos?

Tal vez, pero no por mucho tiempo.

Un cálculo sencillo demuestra que, con una tasa de crecimiento del 3%, el PNB se duplicaría en 23 años; se multiplicaría por 10 en 78 años; por 20 en un siglo; por 100 en siglo y medio; por 400 en dos siglos; y por 7100 en tres siglos. No hay recursos naturales ni sistema social que aguanten ese ritmo de crecimiento.

Como todo matemático sabe, un crecimiento acumulativo de tasa constante da lugar a una curva exponencial, pero las curvas exponenciales son insostenibles. Gordon Moore, célebre por su ley sobre la evolución de las componentes de los ordenadores, lo expresó así en 2005: Ninguna exponencial dura para siempre. Todo crecimiento exponencial acaba deteniéndose más pronto o más tarde, por la acción de causas naturales. Las curvas que al principio parecen crecer exponencialmente, al final se convierten en curvas logísticas, en las que el crecimiento alcanza un máximo, a partir del cual se reduce poco a poco hasta desaparecer.

Ante esta situación hacen falta ideas revolucionarias: más pronto o más tarde tendremos que adaptarnos a un mundo en el que el crecimiento económico llegue a ser cero, un mundo autosuficiente. Quizá todos los economistas deberían estar obligados a leer el libro de Schumacher.