La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

Cuento de Terror: las finanzas del FC Barcelona

Siempre que Messi recibía un aumento, sus compañeros también querían uno. El salario de Messi finalmente hizo imposible que el Barcelona comprara a un nuevo Messi.

Los muchos aficionados al fútbol sospechan desde hace años que las finanzas del FC Barcelona son particularmente endebles, incluso para la media de un mundillo en general endeble y corrupto como el del fútbol. Gracias a este artículo de Simon Kuiper en el Financial Times, ahora sabemos que los aficionados al fútbol hacían bien en sospechar.

Kuiper echa un vistazo profundo a la situación financiera del Barca, y lo que ve no puede dejar tranquilo a nadie. Para empezar, a la directiva del equipo: apenas horas después de que se publicara este artículo, la directiva anunció que no renovaría el contrato a Lionel Messi, la mayor estrella de la historia de la entidad.

Entre las revelaciones principales, está que el Barcelona – que fue el primer equipo de cualquier deporte en superar los US$1.000 millones de ingresos anuales, en gran medida gracias a Messi – ahora mismo tiene una deuda de unos US$1.400 millones, y mucha de esta deuda es de corto plazo. Ésta es una situación compleja, aunque no irresoluble, que se ha complicado aún más porque la Liga de Fútbol Profesional, que tiene más bolas en el aire que un equilibrista borracho, ha impuesto estrictos límites de gasto al club.  

Kuiper destaca que la pandemia ha sido dolorosa para el Barcelona, pero fue sólo el golpe de gracia. En realidad, el club ha estado en caída libre desde la noche en Berlín en junio de 2015 en que ganó su cuarta final de la Liga de Campeones en 10 años. El club había logrado tal nivel de dominio a bajo coste, gracias a una generación única de brillantes futbolistas de su propia academia juvenil (Messi, Xavi, Iniesta, Piqué…) Fue cuando se puso a fichar jugadores de fuera que el club se metió en berenjenales.

El caótico organigrama del Barca y la influencia de Messi, a quien hay que consultar frecuentemente, sólo complicaron las cosas. El pobre hombre que supervisó la desastrosa política de fichajes del Barcelona entre 2014 y 2020 fue Josep Maria Bartomeu, quien dirige una empresa familiar que fabrica puentes para embarcar a aviones comerciales en aeropuertos.

En enero de 2014, Bartomeu pasó de un oscuro vicepresidente del Barça a presidente accidental cuando el titular, Sandro Rosell, dimitió. En julio de 2015, un mes después de la victoria en Berlín, los miembros del club, agradecidos, le dieron una victoria aplastante en las elecciones presidenciales del Barça.

El problema era que Bartomeu sabía poco sobre el fútbol o sobre el negocio del fútbol. Su director deportivo, el mítico portero español Andoni “Zubi” Zubizarreta, había fichado a jugadores como Neymar y Luis Suárez, que combinó con Messi en el ataque de la “MSN”, un tridente legendario en el mundo del fútbol. Pero Bartomeu despidió a Zubi, que fue el primero de cinco directores deportivos en seis años. Él quería ser más como Florentino Pérez, un déspota al mando.

El viacrucis del Barcelona empezó con la pérdida de Neymar. Neymar quería ser Messi, el líder del equipo, y en 2017 se escapó al Paris Saint-Germain (PSG) por EUR220 millones, un récord mundial. El Barcelona nunca logró reemplazarlo. Explica Kuiper (las traducciones son mías):

Cuando un club vende un jugador por 220 millones, en realidad no dispone de 220 millones. Hay impuestos, comisiones de agentes y pagos a plazos. Aún así, todos los demás clubes de fútbol en 2017 sabían que Bartomeu tenía un fajo de dinero en el bolsillo trasero y la necesidad de un trofeo humano para agitar frente a los 150.000 socios del Barça privados de Neymar.

En 2017, el agente español Junior Minguella ofreció a la pizarra del Barcelona el sensacional delantero francés de 18 años Kylian Mbappé. Pero Minguella ni siquiera recibió noticias del Barça hasta que le llegó un mensaje de WhatsApp de un miembro de la junta, Javier Bordas: “Ni los entrenadores ni Presi [el presidente] lo querían”.

Bordas declaró años después que el cuerpo técnico del Barça también había rechazado al joven noruego Erling Braut Haaland, porque no era considerado «un jugador del modelo del Barça». Hoy, Mbappé y Haaland son los dos jóvenes más codiciados del fútbol.

En cambio, el Barça apuntó a otro joven francés, Ousmane Dembélé del Borussia Dortmund. Tres semanas después de la partida de Neymar, Bartomeu y otro directivo del Barcelona volaron para negociar: la transferencia de Dembélé con sus homólogos alemanes en Montecarlo, un centro favorito del negocio del fútbol.

El dúo azulgrana aterrizó con una firme resolución, informó The New York Times: pagarían una tasa de transferencia de como máximo 80 millones de euros. Cualquier cosa más y se irían. Antes de entrar a la habitación asignada, los dos hombres se abrazaron.

Pero, en la habitación, se llevaron una sorpresa. Los alemanes dijeron que no tenían tiempo para charlar, tenían que tomar un avión, no negociarían y querían aproximadamente el doble de la suma presupuestada de Barcelona para Dembélé. Bartomeu cedió. Después de todo, era presidente del club más rico del mundo y todavía era una especie de virgen del fútbol. Se comprometió a pagar 105 millones de euros por adelantado, más 42 millones de euros en bonificaciones de rendimiento fácilmente obtenidas, más de lo que habría costado Mbappé.

Apenas seis meses después, el Barça pagó al Liverpool 160 millones de euros por el centrocampista brasileño Philippe Coutinho. Los ingresos por Neymar se habían evaporado, y aún faltaba. Un fichaje de más de 100 millones de euros debería ser una garantía contra el fracaso, pero ni Dembélé ni Coutinho triunfaron en el Barça.

Para ilustrar las dificultades inherentes de un club así, Kuiper cita al delantero inglés Gary Lineker, quien fracasó estrepitosamente en el Barcelona después de ser un gran fichaje desde el Everton, en 1986. Lineker le comentó que él esperaba ver a 30 o 40 personas en el estado para su presentación, pero había 60.000 sólo para aplaudirle y verle hacer cabriolas con la pelota. La presión es significativa.

Kuiper continúa con otra operación financiera desastrosa, el fichaje de Frenkie de Jong. Como en el Barcelona sabían que era culé desde la infancia, y el Manchester City y el PSG le rondaban, aceptó ficharle en 2019 por 75 millones, el doble de lo que esperaba el Ajax. Kuiper cita al agente Hasan Cetinkaya, que representó al Ajax en la operación:

“Había una tremenda presión sobre la dirección deportiva del Barcelona para que se hiciera el trato, y realmente querían protegerse. Los dirigentes deportivos del Barcelona se sintieron tan aliviados que el entonces director deportivo Pep Segura se echó a llorar en cuanto se redactaron los papeles”.

Sigue Kuiper:

El Barça estaba acostumbrado a pagar de más. Mientras que la mayoría de los clubes apuntan a un tipo, digamos, un joven creador de juego que cuesta menos de 30 millones de euros, el Barcelona hasta 2020 compraba en la cima del mercado y podía permitirse apuntar a un ideal. En este caso, el Barça no quería un «tipo De Jong». Quería al propio De Jong. Como ocurre a menudo al pujar por un jugador, no tenía otra alternativa en mente, y el club vendedor lo entendía. “Sabes que pagarás más que otro club”, confesó Rosell.

A principios del verano de 2019, Neymar le envió un mensaje a Messi para decirle que quería dejar el PSG. («MSN» tenía su propio grupo de WhatsApp.) Messi vio la oportunidad de reparar el error del Barcelona de 2017 y respondió: «Te necesitamos para ganar la Champions League». Llamó a Bartomeu y se lo hizo saber. Messi hizo lo mismo en los medios, presionando al club.

Pero el Barça echó un vistazo al Neymar de 27 años, propenso a las lesiones y amante de la diversión, y decidió que no iba a pagar al PSG aproximadamente 200 millones de euros. A estas alturas, el Barcelona se estaba quedando sin dinero, en parte por su racha de malas compras y en parte porque los aumentos salariales que el padre de Messi, Jorge, seguía extrayendo para que su hijo continuara desangrando al club.

Entre 2017 y 2021, Messi ganó un total de más de EUR555 millones, según extractos de su contrato de 30 páginas publicados en el diario El Mundo (y filtrados por la directiva del Barcelona, para que los socios del club no les guillotinaran). Ni Messi ni la directiva del Barcelona contradijeron las cifras.

Un directivo del Barça le contó a Kuiper que el salario de Messi se había triplicado entre 2014 y 2020. Pero agregó: “Messi no es el problema. El problema es el contagio del resto del equipo”. Siempre que Messi recibía un aumento, sus compañeros también querían uno. El salario de Messi finalmente hizo imposible que el Barcelona comprara a un nuevo Messi.

El Barça pasó el verano de 2019 más o menos fingiendo públicamente que fichaba a Neymar, para que eventualmente pudiera volver atrás y decirle a Messi: «Lo siento, lo intentamos todo pero no pudimos atraparlo». En cambio, el Barcelona pagó al Atlético de Madrid EUR120 millones por Antoine Griezmann, el francés de 28 años que había rechazado al club un año antes. Fue el fichaje récord de todos los tiempos para un futbolista mayor de 25 años. También enriqueció al Atlético, rival del Barcelona, al incluir una cláusula para que el Barça pagara millones al año a los madrileños por un derecho de tanteo sobre sus jugadores.

La ostentosa persecución de Neymar por parte del Barça no parece haber engañado a Messi. La tensión se ha podido cortar con un cuchillo desde entonces. El poder de Messi era absoluto, como demostró en 2017 cuando Gerard Piqué propuso no jugar un partido durante la accidentada celebración de un referéndum ilegal de independencia en Cataluña, y Messi se plantó y prefirió jugar sin consultar a nadie.

Ya sin dinero y con cierto virus circulando por China, en enero de 2020, cuando el Barça necesitaba un delantero para sustituir al lesionado Suárez, al club no le quedaba otra cosa que los saldos. Estuvo a punto de traerse a Cédric Bakambu, delantero franco-congoleño en el Beijing Guoan y ex de estrella del Villarreal, al que hicieron volar desde China sólo para decirle que no, que el Barca prefería fichar al danés Martin Braithwaite, que había fracasado en Middlesbrough de la Premier League.

Sin embargo, la compra más extraña de la era Bartomeu fue Matheus Fernandes. En enero de 2020, el Barça fichó al desconocido centrocampista suplente de 21 años del club brasileño Palmeiras por más de 7 millones de euros, además de 3 millones de euros en posibles complementos. Fernandes fue casi un fichaje secreto. El Barça nunca le hizo una presentación oficial. Tras una temporada cedido en el Real Valladolid, donde jugó apenas tres partidos, volvió al Camp Nou y le entregaron la camiseta del “Covid” número 19, que nadie más quiso. La temporada pasada, “el fantasma brasileño” jugó 17 minutos para el primer equipo.

Nadie supo por qué lo había comprado el Barça. El director deportivo del Palmeiras, Alexandre Mattos, explicó más tarde que de alguna manera había atraído a Eric Abidal, el misterioso director deportivo del Barca, para que fuera a ver entrenar a las reservas del club. Todo esto, implica Kuiper, apesta. Uno se acuerda de las operaciones de Jesús Gil para comprar a jugadores desconocidos, que sólo servían para que dinero del Atlético de Madrid acabara en cuentas de otras personas. Y aquí llega uno de los grandes momentos del artículo de Kuiper:

Para el verano de 2020, el déficit de fichajes del Barça atormentaba a Bartomeu y a los miembros de su junta directiva. Según las reglas que rigen a los clubes de propiedad de socios españoles, como el Barça, los directores tenían que pagar las pérdidas de sus propios bolsillos. La junta necesitaba registrar las ganancias con urgencia antes de que terminara el año financiero el 1 de julio. Y así se inventó una extraña transferencia de intercambio. La contraparte fue la Juventus, también ansiosa por mejorar sus libros. La Juve «vendió» al centrocampista bosnio Miralem Pjanic al Barça por una tarifa básica de 60 millones de euros, mientras que el Barça vendió al centrocampista brasileño Arthur Melo a la Juve por 72 millones de euros.

Estas sumas nunca se pagarían realmente. Fueron inventados con fines contables. Según las reglas de contabilidad, cada club podía registrar su atractivo precio de venta como ingresos inmediatos. Los pagos teóricos se distribuirían a lo largo de los años de los contratos de los jugadores. Sólo 12 millones de euros de dinero en efectivo acabarían cambiando de manos, la diferencia entre los precios ficticios de los dos jugadores, pagados por la Juve al Barça. Lo que importaba era que el intercambio ayudó a ambos gigantes a limpiar sus libros.

Fue un buen negocio para la directiva de Bartomeu, pero no para el Barça: la envejecida escuadra adquirió a otro jugador de 30 años, y Pjanic pronto fue un fijo en el banquillo de suplentes. En agosto pasado, tras una goleada 8-2 del Bayern de Múnich en la Champions League, la crisis financiera del Barça se agudizó. El club necesitaba deshacerse de los jugadores mayores pagados en exceso para los que había poca demanda. Suárez, de 33 años, fue informado en una llamada telefónica de un minuto que sus servicios ya no eran necesarios. Fichó por el Atlético. El Barcelona siguió pagando una parte de su salario.

Kuiper reconoce que Bartomeu merece crédito por fichar a Pedri de Las Palmas, de 17 años, ese verano, por una tarifa inicial de solo EUR5 millones. El chico se convirtió en una sensación. Brilló con España en la Eurocopa de este verano; pero este éxito no puede compensar todos los fracasos de Bartomeu.

Esta temporada podría ser agónica para el Barça. La Liga ha estado indicando que solo permitirá que el club gaste alrededor de EUR160 millones-EUR200 millones en costes de jugadores este año, menos de un tercio de la cantidad de hace tres años. El Barcelona no se limita a pagar salarios inasequibles. También sigue amortizando transferencias fallidas. El club ha pasado de comprar con descuento a fichar únicamente a jugadores sin contrato que no tienen ningún tipo de comisión por traspaso. Aún así, La Liga solo registrará su ficha si el Barça puede reducir primero su gasto salarial.

El Barça ha descargado poca masa salarial. Los inútiles de Dembelé y Griezmann siguen cobrando una millonada, y lo único que hacen es crear controversias raciales con los espónsores del equipo y su masa de fans en Asia. El pobre Fernandes recibió un correo electrónico informándole de que se rescindía su contrato, y está emprendiendo acciones legales por despido improcedente, lo que suena como primer paso de una prometedora carrera como cantante de bossa nova en bares de carretera en el Brasil provincial.

La psicopatía en la banca de inversión

Este perfil publicado por mi ex empleador Bloomberg News sobre Ted Pick, banquero de inversión en el (más o menos) prestigioso banco estadounidense Morgan Stanley, y posible próximo consejero delegado, es muy revelador sobre las realidades de ese mundillo tan importante en las finanzas.

Los reporteros de Bloomberg nos explican, sin poder ocultar entusiasmo y admiración, que Pick odia a Goldman Sachs (archirrival de Morgan Stanley en la mente de éstos, aunque Goldman los mira por encima del hombro), habla muy deprisa como corresponde a alguien malhumorado que no acepta interrupciones, amenaza a sus subordinados a veces poniéndose delante de su cara, y es brusco. ¡Dice muchos tacos, nos explican los reporteros! Uy qué susto. Igual no debería seguir leyendo, porque en cualquier momento tomará el nombre del Señor en vano.

En su oficina, Pick tiene una frase enmarcada que una vez pronunció su mentor, otro banquero podrido de dinero, llamado John Havens: “si hay riesgo involucrado, elimínalo”. ¿Debemos estar impresionados con esta obviedad para niños de tres años? También tiene novelas de espías y una copia de un libro que describe la corrupta involucración de banqueros de Goldman para robar miles de millones de dólares al gobierno de Malasia. ¿Se supone que tengo que admirar a un millonario soez y maleducado con gustos de clase media? ¿Es esto lo que quiero que sean mis hijos un día? Sigue Bloomberg:

Un subordinado recordó haber considerado brevemente una oferta de trabajo de una empresa rival, después de no haber recibido un ascenso. Pick se acercó a escondidas a su cubículo y susurró: «Si te escucho hablar con ellos de nuevo, te voy a romper la cabeza».

Cuando el asustado empleado se dio la vuelta, Pick ya se estaba alejando, sonriendo. El mensaje, según nos dijo el empleado, era que el jefe sabía que había rechazado más dinero para quedarse en Morgan Stanley. Lo tomó como un mensaje motivacional.

Si el jefe te da una leche es porque te quiere, eso deberíamos tenerlo todos muy claro. He conocido a muchos banqueros de inversión, y entiendo que éste es su ideal. También entiendo que estamos en 2021, y es poco probable que mis hijos salgan de la escuela sin haber recibido un cursillo sobre “masculinidad tóxica” en el que igual les acusan de machistas por pensar que Venus Williams no le ganaría un partido de tenis, o lo que quiera, a Roger Federer con una mano atada a la espalda. Pero que Pick vaya por ahí con la picha fuera es entrañable.

La banca de inversión es el último refugio de esta banda de machitos que trabajan 60 horas a la semana (y luego dicen que fueron 80) y que consideran un viaje en primera clase a Brasil para pescar como una prueba de fuego (lo relatan en el perfil de Pick). Estos machitos luego pierden miles de millones en alguna crisis y entonces se acuerdan de que su sector es sistémico y debería ser rescatado antes de enviarnos a la recesión a todos los demás.

No creo que dure mucho este refugio, y la verdad no lloraré cuando a Pick le arrastren a una sesión de reeducación, le aten a una silla y le obliguen a escuchar una conferencia de una hora sobre privilegio y los privilegiados de la sociedad. La única pena será que este mundillo que exhibe de forma tan extravagante todos los peores defectos del capitalismo globalizado dejará de exhibirse abiertamente y perderemos estos perfiles tan reveladores sobre la gente en la cúspide que no produce nada y que gana más que nadie.

Mucha gente muy lista lleva un tiempo dándole vueltas a la posibilidad de que la sociedad moderna sea más proclive que ninguna otra en la historia a favorecer la psicopatía, al ofrecer poder y riqueza a la gente con perfiles psicopáticos que acaba en la banca de inversión: un negocio de mover papeles, hacer presentaciones y hojas de Excel para que tanto dinero entre por aquí y tanto dinero salga por allá, menos una comisión millonaria que me quedo yo, thank you very much; un negocio de muy dudoso valor para la sociedad, y al que lo dude que lea cualquier estudio sobre la eficiencia productiva de las fusiones de empresas, la mayor fuente de ingresos en la banca de inversión.

Hace décadas que la banca de inversión y/o el negocio de hacer algoritmos para optimizar los ingresos publicitarios en Internet se lleva a las mentes más brillantes de las mejores universidades, y luego las encierra durante años con gente como Pick. Igual habría que incentivar que eso cambie.

Viva quien me forre de pasta

España va a recibir EUR69.500 millones en ayudas a fondo perdido del plan Next Generation EU. ¿Y saben quién se va a llevar el 75% de todos esos millones? La gran empresa que cotiza en el IBEX-35 de las compañías de mayor capitalización de España. ¿Y saben quién ha aplaudido con las orejas los planes del gobierno para repartir las ayudas? La respuesta para la próxima semana. Sé que es una pregunta muy difícil.  

(David Román es excorresponsal en Madrid del Wall Street Journal, y autor del libro “Podemos en Venezuela: cómo se financió la infiltración chavista en España”, publicado este año por la editorial Homo Legens. Su columna Finanzas Políticas, sobre la interacción entre sus dos mayores pasiones, se publica de forma semanal, y también se puede recibir en forma de newsletter aquí.)