La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

(Imagen: Avodrocc CC BY 2.0)

El chamán de la Montaña Mágica


Cuando Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial (FEM), fue aceptado en el Salón de la Fama de la revista alemana “Manager Magazin”, el escritor Paulo Coelho lo declaró un verdadero alquimista. En 2007, la altamente simbólica Haus der Geschichte der Bundesrepublik Deutschland/Casa de la Historia de la República Federal Alemana reconoció a Schwab como un destacado directivo. ¡Cuán halagado debió de sentirse Klaus Schwab, de que, además de sus dos doctorados y dieciséis títulos de doctor honoris causa, su amigo brasileño lo nombrara Alquimista a pesar de despreciar las costumbres académicas! Es probable que la novela El Alquimista de Paulo Coelho haya acercado la filosofía especulativa y la magia blanca a un público más amplio, pero que diera la bienvenida al fundador de la FEM a las filas de la charlatanería requiere una reflexión más profunda.

La inclinación de Schwab a manipular el mundo supera ampliamente la impronta esotérica de Tomas Mann, en una Montaña Mágica con el telón de fondo de Davos. La investigación literaria alemana ha agotado hace tiempo lo que el ex aprendiz de ingeniero mecánico llama El espíritu de Davos. ¿Puede el aislamiento involuntario del protagonista Castorp – en un sanatorio durante siete años, en lugar de dos, con una enfermedad pulmonar inventada- puede la toma constante de temperatura, ritualizada como símbolo del desorden interno del mundo europeo-, pueden experiencias límite que generan refinamiento y espiritualidad por medio de la falta de aire, puede todo esto extrapolarse para abarcar el mundo? Sí, si se posee la omnisciencia de Klaus Schwab. Hasta Paracelso se pondría verde de envidia.

Sería imposible ilustrar el concepto ‘sanar el mundo’ de Schwab sin una profunda examinación de la enfermedad pulmonar imaginaria de Thomas Mann y su esposa, como la que hizo el Prof. Dr. Christian Virchow, ex director de la Montaña Mágica. «Nunca he conocido una mezcla más intensa en la que se conjugara la voz del poeta, la neumología y la literatura», escribió el renombrado neumólogo en un discurso que conmemora el historial médico y los hallazgos de estos dos esotéricos pacientes. Yo tampoco he conocido una mezcla más intensa de ingeniería mecánica, convalecencia e intriga. 

¿Y qué tal si la enfermedad que Schwab supone responsable de asolar el mundo fuera tan imaginaria como la de Mann? ¿Una obsesión que supone un tratamiento mítico? Sería mucho más peligroso para nuestro bienestar si ese espíritu pionero de Schwab se enamorara de las oscuras profundidades del novelista y se propusiera curar a la humanidad con una buena dosis de aislamiento y una angustia que corta el aliento. Al honorable y verdadero alquimista no le faltan expresiones referidas a La Montaña Mágica. 

Por encima de la literatura de Thomas Mann, al chamán de Davos no se le escapa que su municipio vecino, Cologny (en el cantón de Ginebra), fue alguna vez el hogar de otro amante de la literatura y traficante de misterios que buscaba ávidamente cambiar el mundo: El Dr. Martin Bodmer, misántropo, además de haber sido vicepresidente de la Cruz Roja Internacional, fundador de la biblioteca y editor de la revista literaria Corona Nova, murió allí mismo, en Cologny en 1971. Precisamente en el mismo año, Klaus Schwab fundó la FEM en Cologny. La revista “Corona Nova” (1930-1942) tenía fama de ser elitista e invitaba regularmente a Thomas Mann a publicar sus escritos. Su coeditor, Herbert Steiner, afirmó que Corona Nova fue diseñada para tender puentes internacionales. La misma máxima se aplicaba a la FEM. Según Steiner, la publicación era necesaria para hacer frente a los oscuros nubarrones que se cernían sobre el horizonte mundial. Empero, expresamente no se refería al régimen nazi. Corona Nova fue la noble e internacional plataforma suiza de debate que publicaba sólo a escritores invitados, de forma similar al credo del FEM y a la exclusividad de sus participantes. ¿Qué podría ser mejor para la vecindad de Cologny que liderar un cambio de paradigma? La que fuera sede de la elitista revista Corona, que publicaba las obras de los cerebros iluminados, nutre ahora al igualmente exclusivo FEM de Davos, una plataforma para salvar al mundo del Corona

Ahora, echemos un vistazo a un género literario singular. Las dos obras más destacadas de nuestro terapeuta mundial de la nueva era, Shaping the Future of the Fourth Industrial Revolution (2016) y The Great Reset (2020) que han provocado intensas discusiones acusando al autor, injustamente en mi opinión, de cultivar una ideología fascista.  En vez de interpretar las palabras de Schwab, considero mucho más práctico ver estos temas desde un contexto global, aplicando la vara que incorpora la doctora Bernice Glatzer Rosenthal. En su célebre texto histórico, The Occult in Modern Russian and Soviet Culture, ella define los atributos de la literatura mística y ocultista. Un análisis de la literatura que, según Schwab, reformaría el mundo,  sería suficiente para expandir la obra de 450 páginas, “The New Age of Russia Occult and Esoteric Dimensions” (Birgit Menzel, Michael Hagemeister y Bernice Glatzer Rosenthal), en varios cientos de páginas más. Sin duda, surgiría un amplio tratado que yuxtapondría la literatura ocultista bolchevique, prolífica durante la tiranía de Stalin,  con el chamanismo ruso y con las propuestas de Schwab para un mundo mejor -un excelente tema de disertación, por cierto-. Pero centrémonos aquí en las idiosincrasias más destacadas.

Un motivo imperante es el de crear un nuevo orden que sustituya al antiguo. Como regla general, una utopía se fundaba en un razonamiento que deriva de los sutiles defectos o desgarraduras en el interior del viejo mundo. Tanto la lucha de clases bolchevique como la conmoción ecológica que recorre la crítica al neoliberalismo y al capitalismo del “susurrador de la Montaña Mágica”, daban por sentado el espíritu colectivo de unidad con la naturaleza o con el universo. También señalaban las repercusiones apocalípticas de la catástrofe que se avecinaba, en caso de que la gente no adhiriera a las reglas básicas de toda utopía. Las visiones de Schwab sobre la fatalidad residen en la catástrofe climática y la revuelta social en ciernes. La antropotecnia bolchevique esperaba fabricar nuevos seres humanos. Schwab apuesta por la generación de órganos artificiales, mientras que Ziolkowski pretende lanzar un monstruoso proyecto mundial de desinfección de las selvas tropicales porque lo aterrorizan las bacterias y los terapeutas de la Montaña Mágica del FEM están deseosos de luchar contra futuras pandemias: ambos autores tienen la temeridad de corregir el destino de la imperfección.

Uno de ellos fue un héroe de la propaganda soviética, el otro coopera con gobiernos democráticamente legitimados. Un enorme abanico de fantasías técnicas desempeña un papel importante: especulación sobre el espacio exterior, inteligencia artificial, medidas para prolongar la vida, ingeniería genética, desarrollo de un nuevo lenguaje, por no hablar de la comunicación por ondas cerebrales, además de una política de salud pública aparentemente mística y el “Reino de lo Sublime”. El panorama general se asemeja al de la literatura ocultista y esotérica. La humanidad no sólo remodelará la Tierra para adaptarla a sus gustos, sino que también se armonizará a sí misma, torcerá el rumbo de los procesos subconscientes de su propio organismo según su mente y voluntad, volviéndose así incomparablemente más inteligente, más fuerte y más sensible. El hombre medio… se elevará a las alturas de Aristóteles. No es La cuarta revolución industrial, sino mero Pravda soviético de 1923. 

Refiriéndose al bolchevismo, Karl Popper habla de la tecnología social utópica, que pretende renovar la sociedad en el menor tiempo posible. Un ritmo ambicioso que Schwab pretende acelerar aún más, insistiendo en que ha llegado el momento de la reforma. No, no sólo reforma: salvación rápida y absoluta. No sólo la corrección de errores, sino la ratificación infalible de la utopía, marcando el rumbo de un régimen autoritario y totalitario. Tal como fue el cambio de Lenin del comunismo de guerra a la Nueva Política Económica, así es el eje actual del encierro de la pandemia a la crisis climática. Ambos motivos apuntan a la fase decisiva de consolidación de las estructuras de poder para engendrar la utopía. La utopía en sí misma no implica necesariamente el totalitarismo. Es el sueño entusiasta de forjar una existencia libre de conflictos con fondos del gobierno. 

Dado que la compulsión por recrear la humanidad y remodelar el mundo está integrada en el pensamiento gnóstico, tiendo a estar de acuerdo con la opinión de Bernice Rosenthal sobre que los sistemas de ocultismo modernos recurren a la terminología científica para demostrar que sus declaraciones son científicamente sólidas. Sin embargo, su búsqueda de la suprema sabiduría es tan trascendental como siempre.  En este sentido, la Sra. Rosenthal también señaló que aún queda por ver si los rusos aprenden de sus experiencias históricas o si otras naciones aprenden de sus experiencias con Rusia. 

A diferencia de Paulo Coelho, no reclamo ninguna amistad con Schwab. Sin embargo, cuando el apelativo de Alquimista se considera un honor público, lo mismo debería ocurrir con el  título de Chamán.  Lo justo es justo.