La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

(Imagen: Kwh1050 CC BY-SA 4.0)

El coste de los encierros por coronavirus


Siguen apareciendo nuevos estudios y estimaciones comparativas sobre el coste para la economía de los encierros por el coronavirus, y su impacto sobre la mortalidad (o no) causada por el virus, dependiendo de múltiples factores.

La politización de este tema es inevitable porque hubo mucha gente, como yo, que avisó desde el primer momento que había que tomarse el peligro muy en serio, y algunos eran incluso políticos. Pero justamente los políticos que gobernaban en España (y otros países, porque los gobiernos conservadores de Donald Trump y Boris Johnson, y sus organismos de salud no politizados, pueden ponerse muy poquitas medallas respecto al coronavirus) prefirieron pensar que es como la gripe, antes de tomar medidas de excepción extraordinariamente radicales cuando ya era probablemente tarde.

Esto es un tema de enorme controversia no ya en España, sino en todo el mundo. Aquí hay una entrevista (en inglés) del popular economista español Luis Garicano al Economista Gruñón estadounidense John Cochrane, en la que Cochrane se sube por los paredes hablando del efecto tremendamente dañino de los encierros masivos indefinidos.

En Powerline, un blog político estadounidense, tienen un buen análisis de los impactos comparativos del coronavirus en diferentes estados, separándolos en función de si son demócratas o republicanos los que gobiernan allí. Hay que tener cuenta que, en líneas generales y con pocas excepciones, los gobernadores republicanos se han caracterizado por imponer cierres menos estrictos que los demócratas; una excepción notable es Wisconsin, donde el tribunal supremo del estado frenó los planes de cierre estricto del gobernador local, demócrata.

Este análisis tiene límites evidentes (es obvio que el impacto del coronavirus es mayor en estados más fríos y particularmente en zonas metropolitanas con mucha concentración de población, donde tienden a tener más éxito los demócratas, que en estados cálidos como Florida y Texas o zonas rurales donde gobiernan los republicanos) pero es igualmente valioso, porque hay también notables excepciones; por ejemplo, estados con importantes concentraciones de población y clima más frío, como Utah e Indiana. Powerline escribe (las traducciones son mías):

Por supuesto, los gobernadores de estados demócratas que impusieron cierres prolongados y estrictos dirían que lo hicieron por razones de salud pública. Pueden argumentar que estos cierres duros fueron necesarios para frenar la propagación del virus de Wuhan.

Pero no hay evidencia de tal efecto positivo. Esto se ha mostrado una y otra vez de varias formas, pero agreguemos otra. Sumé las muertes por coronavirus por cada 100.000 habitantes, según las autoridades sanitarias, para los diez estados… con las tasas de desempleo más altas, y las promedié. Encontré que los diez estados con mayor desempleo tenían un promedio de 202,6 muertes por cada 100.000. Luego hice lo mismo para los diez estados con el desempleo más bajo (todos con gobernadores republicanos, menos Wisconsin). Su promedio de muertes por cada 100.000 fue mucho menor, 134,5.

Los gobernadores progresistas quizás argumentarían que, por cualquier razón, afrontaron peores epidemias que la mayoría de los estados; que sus largos cierres fueron, por tanto, necesarios, y que si no hubieran sido tan draconianos habría habido aún más muertes. Pueden decir eso, pero no hay ninguna evidencia de que sea cierto. Los datos básicos indican que los cierres estrictos causaron un daño enorme a millones y no ganaron nada en términos de salud pública.

Hace dos meses, escribí ya sobre esto y, con más y datos en mano, mantengo la misma conclusión: en general, la respuesta apropiada era cierres radicales de fronteras (aquí Nada es Gratis analiza el exitoso caso de Canadá, que lleva más de un año de cierre fronterizo total) e incluso cuarentenas estrictas en el primer momento, que tumbaran rápidamente la curva de contagios, y luego paulatina reapertura con vigilancia. Lo que se hizo en muchos países fue más o menos lo contrario:

Análisis detallados y comparaciones de estrategias contra el coronavirus habrá muchos en la próxima década, con datos mejores de los que disponemos ahora mismo. Lo que queda claro de todo esto es que una estrategia de cierre temprano de fronteras habría evitado encierros continuados y dañinos de los negocios y la población. Aunque, como en el caso de Hungría, igual no habría evitado tantas muertes como debería en ausencia de medidas similares en países vecinos.

La estrategia española, de mal y tarde primero y luego radicalidad en los cierres y actitud absurdamente laxa en las fronteras, ha sido probablemente una de las peores. Esto, junto con la exposición de la economía española al turismo y las dificultades inherentes de taifismo autonómico, nos ha dejado en la cola tanto en mortalidad como en impacto económico.

Justamente el mes pasado salió un estudio sobre mortalidad excedente por el coronavirus en 22 países. El estudio del Consorcio de Mortalidad covid-19 (C-MOR), que representa a 33 instituciones y del que la Universidad de Oviedo es la única representante de nuestro país, muestra que España se situó en 2020 a la cabeza entre los países con un mayor exceso de mortalidad asociada a la pandemia.

Es importante entender que, casi dos años después del comienzo de la epidemia, la información que tenemos sobre el coronavirus, su impacto, su transmisión y los modos en que esto afecta a la actividad económica es bastante extensa. Tanto, que en la República Checa alguien ha hecho un videojuego online (en inglés aquí) en el que uno puede tomar el papel de gobierno checo cuando se detectó el primer caso local (1 de Marzo de 2020) o al comienzo de la era post-vacunación (2 de Enero de 2021) y ver cómo le va, y si el pueblo checo le echa. Yo he jugado y no me fue mal: a Junio de 2020, bastante mejor que al auténtico gobierno checo:

Permítanme que concluya con una cita no financiera, de un reciente comentario sobre la relación entre la matanza de Katyn de 1940, el desastre de Chernobyl y el coronavirus; estos tres eventos históricos se caracterizan por ocultaciones oficiales a gran escala sostenidas por conspiraciones dirigidas por expertos que contribuyeron a crear el problema y luego a esconderlo, mientras pedían medallas por solucionarlo.

Los crecientes indicios de que el coronavirus fue un experimento conducido en China con capital estadounidense para mayor gloria de una élite de científicos estilo jet-set, que se escapó del laboratorio y causó millones de muertes, sólo respaldan esta opinión:

La ciencia disfuncional no es pseudociencia. La pseudociencia es objetiva y puede ser lógicamente incorrecta. La ciencia disfuncional es simplemente inútil y ocasionalmente, como vemos, peligrosa. ¿Por qué poner a los científicos a cargo de la ciencia, y específicamente, a cargo de financiar la ciencia, crea una ciencia disfuncional? La empresa autofinanciada, autogestionada y descentralizada que es la ciencia del siglo XXI cae presa de tres patrones oscuros (entre otros): el coleccionismo de sellos, los conos de helado que se lamen a sí mismos y una afición a jugar con fuego.

Coleccionar sellos significa hacer ciencia por el simple hecho de hacer ciencia, o más bien, por acumular puntos de publicación genuinos, novedosos pero sin sentido. Los conos de helado que se chupan a sí mismos son problemas provocados por los propios intentos de solucionarlos. Jugar con fuego se explica por sí mismo. El Covid es una especie de trifecta perfecta de estos tres problemas.

Más funcionarios

En medio de una enorme crisis económica (paro al 16%, deuda al máximo nivel en un siglo, déficit presupuestario totalmente fuera de control) lo de lanzar la mayor oferta de empleo público en la historia, con más de 30.000 nuevas plazas para personas a las que mantendremos empleados el resto de su vida laboral con nuestros impuestos es evidentemente una medida electoralista, antes de las próximas elecciones generales en España.

La medida tendrá un grave impacto sobre el futuro crecimiento económico, y las finanzas. Los datos muestran que España no es de los países de la Unión Europea, o del mundo desarrollado, con mayor número de funcionarios, y ése será el clavo ardiendo al que se agarrarán los defensores del gobierno: que igual lo que quiere Pedro Sánchez es convertir en España en Noruega poco a poco, y el primer paso es doblar el número de funcionarios (la gráfica de arriba muestra el porcentaje de funcionarios sobre el total de empleados, con datos de la OCDE).

Los elevados niveles de interinidad en la función pública española son inaceptables, y cambiar eso sería positivo; pero pasar de ser un tipo que vive de contrato a contrato a recibir la mayor protección laboral creada en la historia de la humanidad es excesivo. ¿Es tan difícil encontrar un punto medio? Como explica aquí Juan Ramón Rallo, en toda Escandinavia no existe el concepto hispano-francés de funcionario al que sólo se le puede despedir por gravísimos motivos disciplinarios y, por ejemplo, menos del 1% del personal público son funcionarios de carrera en Suecia y poco más del 4% en Dinamarca.

En todo caso, esta gráfica muestra el porcentaje de PIB que cuesta mantener a todo este personal, y aquí la diferencia ya no es tanta, el margen para hacer una política electoralista con los funcionarios (que en realidad era inexistente) mucho menor:

Lo de descubrir grandes cantidades de petróleo como hizo Noruega, liberalizar el mercado laboral como hicieron todos estos países nórdicos, sacar a España de la Unión Europea (o del euro, ya que Dinamarca y Suecia mantienen su propia moneda), etc, todo eso vendrá después. Tengan confianza.

Pharmamar sigue en busca de incautos

He escrito más de lo que debería sobre Pharmamar, pero el que avisa no es traidor, y en España hay demasiado aficionado a los chicharros. Esta acción ha sido una fábrica de pobreza y frustración para inversores durante dos décadas. ¿Va eso a cambiar próximamente? Veremos. Lo que de momento sabemos es que Pharmamar ha caído en el punto de mira de fondos bajistas, que suelen tener un olfato finísimo para:

a) Encontrar las acciones que están a punto de estrellarse

b) Darles un empujoncito para que se estrellen mejor

Si, a estas alturas, alguien se sorprende todavía porque no funcionen los medicamentos de esta empresa que jamás creó un medicamento que funcione, tal vez sería mejor que estuviera jugando a la Playstation, en lugar de la bolsa. Pharmamar ya ha bajado en los últimos seis meses del entorno de EUR100 por acción al de EUR70 por acción.

(David Román es excorresponsal en Madrid del Wall Street Journal, y autor del libro “Podemos en Venezuela: cómo se financió la infiltración chavista en España”, publicado este año por la editorial Homo Legens. Su columna Finanzas Políticas, sobre la interacción entre sus dos mayores pasiones, se publica de forma semanal, y también se puede recibir en forma de newsletter aquí.)