La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

(Imagen: tetegil CC BY-NC-SA 2.0)

El desangre de Cataluña

Hace décadas que los gobiernos catalanes les cobran lo que es en efecto un impuesto revolucionario a sus ciudadanos.

Uno de los temas estrella de la campaña antes de las elecciones autonómicas de principios de Mayo en Madrid fue el presunto “dumping” fiscal de la capital, que atraería a negocios y residentes adinerados a base de rebajar los impuestos respecto de otras comunidades autónomas.

El estimable Rupert Cocke llamó la atención a este informe del Instituto de Estudios Económicos que viene a desmentir ese punto de vista. Para empezar, el IEE se fija en el índice de Competitividad Regional elaborado por la Comisión Europea, en el que se recoge la capacidad de cada región para ofrecer un entorno atractivo a las empresas y ciudadanos.

Con este informe en la mano, España presenta unos niveles de competitividad inferiores a la media de la UE-28, y las comunidades autónomas no obtienen buenos resultados: de las 268 regiones europeas que se analizan, la comunidad autónoma española mejor valorada es Madrid, que se sitúa en el puesto 98, seguida del País Vasco, que ocupa la posición 125, y estas dos son las únicas comunidades por encima de la media comunitaria.

Lo curioso es que la tercera posición corresponde a Cataluña, que ya desciende hasta el puesto 161, bien por debajo de la media. Y eso es porque las demás comunidades mantienen su tradición anti-negocios desde hace décadas: otorgando a España un valor 100 como referencia, el promedio de la UE-28 se situaría en 138,3, es decir, un 38% mayor que la media española. Nadie se puede sorprender de que las regiones españolas menos competitivas sean agujeros negros laborales y de la innovación como Extremadura (43,6), Canarias (61,6) y Andalucía (62,3).

Cataluña tiene muchos atractivos para las empresas e inversores. Aún no he conocido a nadie en el mundo corporativo que no adore Barcelona y no mudaría su compañía allí, si pudiera. Cada vez que hay un evento internacional en Barcelona, los extranjeros se apuñalan por la espalda para poder asistir.

Sin embargo, todas esas ventajas son cada vez menos importantes, en comparación con los inconvenientes creados por el procés. Desde la obsesión por que los niños hablen en catalán en el recreo hasta su cerril obcecación anti-española, esta gente echa para atrás a cualquiera. A mí – que soy hijo de catalán, que crecí en Barcelona – me echó para atrás hace pocos años y no acepté un puesto de trabajo en Barcelona por su culpa. Que Cataluña lleva años con gobiernos de extraordinaria incompetencia no es sólo mi opinión: es también la de este estudio de gobernanza de la Universidad de Gotemburgo que sitúa al gobierno catalán como el peor de cualquier autonomía española.

El problema fundamental de Cataluña, de todos modos, viene por la presión fiscal. Hace décadas que los gobiernos catalanes les cobran lo que es en efecto un impuesto revolucionario a sus ciudadanos (y muchos catalanes, como muchos vascos lo hacían, lo pagan felices): en Cataluña no es novedad que las tasas por agua o recogida de basuras sean muy superiores a los de otras comunidades, o que se pague por peajes constantemente.

Pero, oiga, el procés no sale gratis: yo he estado en la oficina de representación catalana en Singapur, en uno de los rascacielos más caros y chulos de la carísima ciudad-estado; y ni Dios entraba jamás allí: lo único que se representa es el trasvase de fondos del bolsillo de un payés engañado a un listillo enchufado. Lo que viene a ser el modelo de negocio del separatismo, en líneas generales; porque si el payés cree que de todo esto, en el mejor de los casos, va a salir un etno-estado catalán, en lugar de una sucursalilla medio cutre de Bruselas, va listo.

La TV3 tiene un presupuesto equivalente al de una televisión comercial a nivel nacional, y muchas más pérdidas que cualquiera de éstas, como corresponde a su condición de oficina propagandística del procés. ¿Sabían ustedes que la Generalidad ha llegado a subvencionar el doblaje de películas porno al catalán? ¿Que tienen un Tinder en catalán, a coste del contribuyente, para que los separatistas encuentren follamigos que no se pongan a hablar en idiomas enemigos en momentos íntimos?

Cuando vengan con las quejas de dumping fiscal, que vengan llorados de casa; y del saqueo de cientos o miles de millones de euros (presuntamente) robados y enviados a Andorra o Suiza o Dios sabe dónde por la élite separatista y sus familias numerosas, o de los esfuerzos que llevan haciendo sucesivos gobiernos centrales para evitar la bancarrota de una comunidad que emite deuda autonómica que nadie quiere tocar ni con un palo, ni hablamos. Todos estos chiringuitos los paga Cataluña, como indica esta gráfica de IEE, indicando la presión fiscal en la UE, por regiones:

Bidenexageraciones

Entre las grandes curiosidades de nuestros tiempos está observar el forzado entusiasmo de muchos comentaristas que se ven incentivados a alabar la grandeza, finura y talento de Joe Biden, un tipo que nunca fue un genio y que ha llegado a presidente estadounidense precisamente porque está un poco mayor y olvidadizo, no a pesar de ello.

Que Biden es el típico senador avejentado al que la élite imperial coloca en el trono como candidato de consenso, a preferencia de alguien joven y vigoroso que se puede volver contra dicha élite, es obvio y lo ha sido desde hace mucho tiempo. Pero es imposible convencer a alguien de algo si sueldo depende de que no sea convencido, y el sueldo de mucha gente depende de disimular y proclamar que la ropa del Emperador Biden es la mejor.

La presentación de un plan de gasto para estimular a la economía estadounidense tras la pandemia ha sido la última ocasión para que las alabanzas se disparen; ya hemos hablado sobre el peligro de las excesivas expectativas respecto a esta presidencia estadounidense (o cualquier otra) pero estos comentarios del analista político Mickey Kaus son muy apropiados porque además la crítica llega no, como cabría esperar, del ángulo de sus enemigos, sino desde lo que podríamos llamar su propio bando (la traducción es mía):

El patrón se repite a lo largo de los US$4 billones de nuevos gastos que propone Biden (además de los US$1.9 billones en el proyecto de ley de ayuda de COVID-19 que ya se aprobó). La impresión general es que tomó programas demócratas existentes y los expandió. Así tenemos escuelas de preescolar totalmente subvencionadas y universidades públicas gratuitas (durante dos años). Recibimos más comidas escolares y de verano y mayores subsidios para el cuidado de niños, además de más «empleos verdes», una característica importante del estímulo del presidente Obama en 2009, que también se suponía que iba a ser transformador.

Los programas que cuentan con un gran número de votantes que los respaldan – educación temprana (sindicatos de maestros) y universidades públicas – obtienen financiación. Los nuevos programas, que casi por definición aún no tienen un lobby que los defienda, tienen menos posibilidades en la «asombrosa» reorientación de Biden. Un plan nacional de “trabajo garantizado” para desempleados sería un ejemplo de tal programa. Es parte téorica del «New Deal verde» pero sus beneficiarios aún no existen y los sindicatos lo odian. No tiene ninguna posibilidad.

No hay una gran novedad a la que puedas señalar y decir «Biden hizo esto». Por US$6 billones, querría una gran novedad, como un programa de atención médica universal para reemplazar el actual trabajo estratificado de Medicaid / Obamacare / seguros privados / Medicare. En cambio, ahora existe el peligro de que Biden esté desperdiciando los fondos que un futuro presidente demócrata, con una mayoría mayor en el Congreso, podría usar para establecer tal sistema.

La moneda de los perros

Si la parte estrambótica de los mercados financieros estuvo dominada en el primer trimestre por GameStop (una rebelión de los accionistas minoritarios estadounidenses que todavía continúa, hasta cierto punto) el segundo trimestre ha sido hasta ahora todo para Dogecoin, una criptomoneda que es literalmente una parodia de Bitcoin. Pero una parodia que le cae en gracia a Elon Musk quien, después de haber lanzado GameStop a las alturas, ha lanzado también a La Moneda de los Perros. Se podría escribir largo y tendido sobre este fenómeno (Dogecoin se ha sixtuplicado en precio desde Abril) pero es mejor ver este videoclip-parodia, que lo explica a la perfección, lamentablemente en inglés pero con la opción de poner subtítulos.

(David Román es excorresponsal en Madrid del Wall Street Journal, y autor del libro “Podemos en Venezuela: cómo se financió la infiltración chavista en España”, publicado este año por la editorial Homo Legens. Su columna Finanzas Políticas, sobre la interacción entre sus dos mayores pasiones, se publica de forma semanal, y también se puede recibir en forma de newsletter aquí.)