La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

Elentir: “Me apasiona la lucha de los polacos por su libertad”

El enigmático Elentir es uno de los blogueros conservadores más influyentes de España. Pocos conocen su identidad, pero muchos leen sus artículos, entre los cuales se destacan las entradas dedicadas a la historia y cultura polaca.

Usted acaba de recibir la Medalla Conmemorativa del Centenario de la Independencia de Polonia. ¿Qué es esa condecoración y por qué la recibió?

Es una condecoración que concede el primer ministro de Polonia a polacos y extranjeros por su labor difundiendo la cultura polaca. Yo la he recibido junto con otros miembros de la Asociación Histórico-Cultural Poland First to Fight, una asociación de recreadores a la que pertenezco. En mi caso ha pesado más la labor que hago de difusión de la historia de Polonia con mi blog, Contando Estrelas.

¿De dónde viene su interés por ese país lejano que suele quedar fuera del horizonte de los españoles?

Polonia es un país que me ha atraído desde hace muchos años por ser la patria de mi papa favorito, San Juan Pablo II, y también por su singularidad de ser una nación católica en el extremo de Europa. A medida que he ido conociendo su historia me ha ido apasionando más y más, sobre todo la lucha de los polacos por su libertad frente a los dos grandes totalitarismos del siglo XX, el comunismo y el nacional-socialismo.

¿Habla usted polaco?

Pues no, ya me gustaría… Es una lengua complicada para un español. Sí que voy aprendiendo algunas cosas poco a poco, y ya me sé un par de estrofas de una canción muy famosa en Polonia, “My, Pierwsza Brygada”, que fue el himno de las Legiones Polacas al final de la Segunda Guerra Mundial y hoy es el himno del Ejército Polaco.

¿Por qué considera tan importantes las relaciones hispano-polacas? 

Creo que somos dos países con una cultura común, marcada por el catolicismo, y además de eso, nuestra situación geográfica nos ha convertido en los muros fronterizos de Europa, en el caso de España frente al islam procedente del Norte de África, y en el caso de Polonia frente al Imperio Otomano. Pero en lo que respecta a la actualidad, tras la salida del Reino Unido de la Unión Europea, España y Polonia son dos de los países más grandes y con más población de la UE que podrían servir de contrapeso al excesivo poder que ejercen Alemania y Francia en la Unión. Polonia tiene ya su propio club interno en la UE, el Grupo de Visegrado, en el que también figuran Hungría, Eslovaquia y Chequia. La influencia de esas naciones puede ser determinante para frenar la actual deriva de la élite de Bruselas, empeñada en convertir a la UE en un megaestado dedicado a imponer la agenda ideológica progresista.

Sin embargo, el actual gobierno español se dedica precisamente a imponer esa agenda. ¿Cómo afecta eso a las relaciones con el Grupo de Visegrado en general y Polonia en particular?

Precisamente, el problema del actual gobierno de España es su alineamiento con la élite progresista de Bruselas, e incluso con cosas peores, como la dictadura comunista de Cuba y con el régimen chavista de Venezuela. Esto, obviamente, no nos acerca políticamente al Grupo de Visegrado, por mucho que se sigan llevando a cabo las reuniones bilaterales entre ambos países, como la celebrada hace poco en Madrid. 

En España Vox es el único partido que pretende implementar algunos elementos del modelo polaco. ¿Cree usted que se puede importar a España soluciones de los países excomunistas?

Creo que es posible, pero no será fácil. Los países excomunistas están vacunados contra esa ideología totalitaria porque la han sufrido durante décadas en sus propias carnes, pero en España no sólo no ocurre eso, sino que incluso tenemos el único gobierno de la UE con ministros comunistas. Hay que tener en cuenta, además, que la agenda progresista lleva años poniendo enormes esfuerzos para implantarse en España, y lo ha hecho con éxito. El auge de Vox es una buena señal, un signo de que muchos españoles han empezado a hartarse de las consecuencias de esa agenda progresista, pero aún queda mucho por hacer.

Más allá de la importancia de la actitud antitotalitaria de los polacos y demás naciones de la región, ¿cuáles son las medidas concretas cuya implementación, o adaptación a la realidad española, Vox debería estudiar?

Pues se me ocurre una de la que hablé en mi blog en 2018: «Polska Pomoc» (Ayuda Polaca). Se trata de una iniciativa del Ministerio de Asuntos Exteriores de Polonia para proporcionar ayuda humanitaria en los países de origen de muchos refugiados. Polonia envía su ayuda directamente a países como Etiopía, Kenia, Siria o Senegal, para ayudar a su desarrollo sin que sus nacionales tengan que hacer un largo y peligroso viaje para emigrar a Europa. En 2017 también publiqué un artículo de Marcin M. Rzegocki en el que explicaba este concepto de la ayuda humanitaria y recordando unas declaraciones del patriarca Juan X, del Patriarcado Cristiano Ortodoxo de Antioquía: «Tanto los musulmanes como los cristianos en Siria desean permanecer en sus hogares y en su patria». Caritas Polska tiene un programa denominado Rodzina Rodzinie (Familia para la Familia) cuyo fin es ayudar a los refugiados en sus países de origen. Creo que es muy necesario proponer en España un cambio de la concepción de la ayuda humanitaria en este sentido.

Ya que menciona el tema de los refugiados, hace un mes el ministro de Interior de Polonia barajó la posibilidad de enviar la Guardia Fronteriza polaca a Ceuta y Melilla para ayudar a defender las fronteras externas de la UE. ¿Qué opina de ese ofrecimiento?

Me pareció un buen detalle por parte del gobierno polaco, y una demostración de su amistad con España, casi nunca correspondida por el gobierno socialista-comunista de Sánchez, y ya no digamos por sus medios afines. Lo pasmoso es la casi nula atención mediática que se le dio en España a ese ofrecimiento. Parece que algunos medios españoles sólo hablan de Polonia para hablar mal. 

Ha mencionado también su admiración por el papa Juan Pablo II. Sin embargo, el actual pontífice parece andar por otros derroteros. ¿Se trata de diferencias de carácter personal y nacional, o hay un conflicto más profundo entre el enfoque del legendario papa polaco y su sucesor argentino? 

San Juan Pablo II y Francisco son ciertamente dos papas muy distintos. El papa polaco sufrió los dos totalitarismos, y fue un pontífice que hizo muchísimo por la causa de la libertad y por defender la cultura de la vida. Lamentablemente, el Papa Francisco parece muy dispuesto a contemporizar con la izquierda progresista, poniendo en sordina el tema del aborto y fijándose más en temas que le pueden generar más simpatías entre la izquierda, como el ecologismo. Personalmente creo que es un error, y lo que me temo es que ese error tenga consecuencias duraderas en el seno de la Iglesia Católica.

También se pueden observar marcadas diferencias entre la actitud de la Iglesia española y la polaca ante varias cuestiones sociales y morales. ¿A qué se debe eso?

He pensado muchas veces en ello, y mi conclusión es que la Iglesia polaca y la española han tenido papeles muy distintos durante las últimas décadas. En España la Iglesia no tuvo que enfrentarse a una situación de persecución como la que sufrió la Iglesia polaca durante el nazismo y el comunismo, a excepción de los años de la Guerra Civil Española, claro está. En los años posteriores a la contienda, la Iglesia española tuvo una gran vinculación con el régimen de Franco. La izquierda española lleva décadas utilizando esa vinculación para atacar a la Iglesia, y a menudo ésta ni siquiera se defiende recordando que si se dio ese vínculo fue porque la propia izquierda empujó a la Iglesia a unirse al régimen para poder sobrevivir a una brutal persecución religiosa durante la guerra. Una parte del clero ha asumido el mismo complejo de la derecha política con ese pasado franquista, intentando hacerse perdonar por la izquierda, sin entender que la única forma de «perdón» que entiende la izquierda consiste en someterse obedientemente a sus dogmas. Por el contrario, la Iglesia polaca fue la guardiana de la propia esencia de Polonia como nación. Haber resistido admirablemente a los dos totalitarismos la fortaleció mucho para los años posteriores. Tal vez por eso en Polonia tienen una Iglesia más firme y activa a la hora de proclamar sus convicciones, mientras en España tenemos una Iglesia cada vez más apocada y empeñada en no molestar al gobierno.