La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

(Imagen: bryanwright5@gmail.com CC BY-ND 2.0)

Evolución al azar o de diseño

La ciencia no puede distinguir entre azar y pseudo-azar, entre azar y diseño. Quienes sostienen una cosa o la otra están haciendo filosofía, no ciencia.

La teoría científica de la evolución está fuertemente contrastada con datos de otras ciencias, como la embriología, la anatomía comparada, la paleontología, la biogeografía, o la biología molecular (el análisis del ADN).

Algunos afirman que la evolución es consecuencia del azar, y sostienen que eso es lo que dice la ciencia. Pero para que eso sea así, debería ser posible demostrar científicamente dos cosas: 

  1. Que el azar existe, y es posible decidir que algo depende del azar.
  2. Que la evolución es consecuencia del azar y no del diseño.

Si no se consiguen estas dos cosas, la afirmación de que la evolución es consecuencia del azar no se puede considerar como teoría científica, sino filosófica. 

Por el contrario, los partidarios del diseño inteligente sostienen que la evolución es un ejemplo de diseño, y que es posible demostrarlo científicamente. Para ello aducen diversas pruebas, ninguna de las cuales ha demostrado tener peso suficiente. Por ello yo sostengo que esta teoría tampoco es científica, sino filosófica. 

La teoría de la evolución, en su forma actual, afirma que la evolución de la vida depende de cuatro factores:

  1. Variaciones espontáneas del genoma (mutaciones, recombinación genética y otros sucesos biológicos que modifican el genoma).
  2. Variaciones espontáneas del medio ambiente.
  3. La selección natural, que no es más que la constatación de que los individuos cuyo genoma los adapta mejor al medio ambiente dejarán más descendencia (al menos de forma estadística).
  4. Las leyes básicas del universo, actualmente representadas por la teoría cuántica y la teoría de la relatividad general.

Los dos primeros factores son los que Jacques Monod llamó azar en su libro El azar y la necesidad. El tercero (la selección natural) corresponde a la necesidad. El cuarto factor no se suele mencionar, pero últimamente se le ha dado importancia al descubrirse que las leyes del universo parecen estar ajustadas finamente para que sea posible la vida y su evolución.

Uno de los campos de investigación de la informática, en el que yo he trabajado personalmente, se llama vida artificial, y consiste en diseñar programas de ordenador que simulan organismos vivos. Estos programas utilizan algoritmos evolutivos, que son herramientas informáticas inspiradas en la evolución biológica: estos algoritmos realizan mutaciones y recombinaciones utilizando algoritmos pseudoaleatorios, que generan números que parecen aleatorios, pero no lo son; una función de fitness, que permite seleccionar a los individuos; y unas reglas básicas del sistema, que dependen de la aplicación concreta de que se trate.

Propongo un experimento mental: supongamos que, en un futuro lejano, después de miles de millones de generaciones, surgieran seres inteligentes en los programas de este tipo. Si estos seres analizaran su mundo, descubrirían que su existencia fue resultado de una evolución. Quizá pensarían que esa evolución fue consecuencia del azar, y no del diseño. Sin embargo, se equivocarían, porque todo programa de vida artificial es un ejemplo claro de diseño. En el caso de mis propios programas de este tipo, el diseñador soy yo. ¿O acaso serían capaces de detectar que el supuesto azar que los originó no era realmente azar, sino pseudo-azar? Entonces podrían demostrar que habían surgido como resultado de un diseño inteligente.

En 1975 el matemático Gregory Chaitin demostró un teorema matemático del mismo tipo que los de Gödel y de Turing, que dice en esencia lo siguiente:

La aleatoriedad de los números enteros es indecidible. Aunque la aleatoriedad se puede definir con precisión e incluso se puede medir, en general no se puede demostrar que un conjunto de números sea aleatorio. (Randomness and Mathematical Proof, Scientific American 232, No. 5, mayo 1975, pp. 47-52).

El teorema de Chaitin demuestra que ninguna de las dos posibilidades (afirmar que la evolución es consecuencia del azar o de un diseño inteligente) se puede demostrar por medio de la ciencia.

En conclusión:

La ciencia no puede distinguir entre azar y pseudo-azar, entre azar y diseño. Quienes sostienen una cosa o la otra están haciendo filosofía, no ciencia.