La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

Forjado a fuego

Que un programa de forjar cuchillos, a brazo y fuego, en competencia, belleza, humildad y compañerismo, con respeto por la historia y los valores, esté en televisión es sorprendente.

Poco se habla de él. Creo que somos legión sus espectadores, pero como sucede con muchas masculinidades, lo reconocemos en privado, a escondidas, con miedo a que confesando tal pecado de ocio, nos asalten por todos los frentes con susodicho adjetivo de facha.

Pero es que si lo voceáramos, como inconsciente me atrevo aquí, nos veríamos arrostrados por la condena biempensante de nuestro mundo. Decir que uno ve y le gusta Forjado a Fuego, es casi que uno de esos pecados inconfesables por imperdonables para nuestro mundo y nuestra visión europea, aséptica, del 2030, la sociedad abierta, progresista, deconstruida, de los chiques y el capital.

Por si no lo han visto nunca, Forjado a Fuego es un programa televisivo americano –en España se encuentra en la plataforma de Movistar que yo sepa- en el que cuatro forjadores, en tres rondas de concurso, en el que se van eliminando con distintas pruebas hasta quedar solos dos, han de forjar un cuchillo plenamente funcional desde cero, con distintas técnicas y habilidades, a los que ponen a prueba con ejercicios y esfuerzos para las hojas ciertamente exigentes sobre su creación, y después un arma blanca emblemática de la historia -espadas, machetes, hachas, lanzas, cuchillos-, de todas las culturas del mundo. 

Las acusaciones, y más contra un fraile, sobre esta inconfesable afición televisiva serían por parte del prototípico intelectualoide, del lobotomizado españolito votante y demócrata de toda la vida o del progresista elitista malaseñero, del cariz siguiente: 

Pero cómo va a ser eso. La televisión. Para un dominico que se supone sois todos inteligentísimos, investigadores y profundísimos. Y un programa americano además, que exalta sin pudor ni rubor alguno los valores más rancios y americanoides del self-made-man y la vida rural de los más profundos condados de los Estados Unidos. Por no hablar que se dedican a forjar cuchillos y espadas, como en un alegato a la violencia, las armas y la agresión, a un cura que se os supone pacifistas. Y eso de la artesanía y el trabajo con las manos, entre fuegos y martillazos, bañados en esfuerzo y sudor, por favor, que poco estético y qué poco ético. ¿Qué promueven ahí sino a esos wasp -o White trash a veces- que no hacen sino perpetuar estereotipos patriarcales, que llevaron a Trump al poder? ¿Cómo te puede gustar ese patrioterío de banderas, militares y exaltación de lo antiguo? 

Pues sí, ciertamente. Me gusta Forjado a Fuego. Me gusta porque es un espacio contracultural en el discurso monocorde dominante de los programas de entretenimiento de la televisión pues, no se sí han dado cuenta, en cada serie, película, concurso y programa televisivo, el modelo de valores y de sociedad que apuntalan es este del progresismo dominante asfixiante, no binario, vegano, cibernético y feo. 

Me gusta porque Forjado a Fuego es un programa que en medio del fanatismo tecnológico se construye sobre fuego y fuerza mecánica, sobre sabiduría y conocimiento práctico y ancestral, sobre la conexión con lo natural. Me gusta porque exalta el afán de mejora, de perfección, en plena humildad y compañerismo, pero también en la sana competencia que espolea a los hombres. Me gusta porque enlaza con claves de las más heredadas y profundas del ser humano: su relación con el instinto, la supervivencia, el acero, la naturaleza. 

Me gusta porque exalta una consideración estética e “inútil” de la acción humana –no todo se mide por la utilidad, y ciertamente hoy día una espada para poco práctico sirve, aunque para mucho “inútil”-. Me gusta porque nos habla de que hay otras gentes en otros lugares y otras sociedades que viven aún con otros esquemas, valores, relaciones e intereses, más tradicionales, más de siempre. Me gusta porque el elemento religioso –cuando aparece- no es banalizado ni humillado, como tampoco el sentimiento patriótico, o el agradecimiento a quienes sirvieron en fuerzas armadas y servicios públicos. Me gusta porque mira a la historia con respeto, con atención, recogiendo claves de ella para el hoy. Me gusta porque reconoce en todas las culturas, en su diversidad y diferencia, belleza, gracia, calidad, riqueza, no en un turbomix, si no en sí mismas y en sus identidades.

Que un programa de forjar cuchillos, a brazo y fuego, en competencia, belleza, humildad y compañerismo, con respeto por la historia y los valores, esté en televisión es sorprendente. Si sigue y no lo retiran es de suponer que es porque tiene buena audiencia, lo cual también nos habla de que somos muchos los deseosos de otro tipo de entretenimiento. Ahora que se anuncian nuevos medios y nuevas televisiones, estaría más que muy bien que tomaran nota de que una herramienta poderosísima para la transformación de la sociedad –eso lo saben bien los malos- es el entretenimiento, la ficción y el ocio.

Si no conocen Forjado a Fuego, no dejen de verlo, y si lo conocen, sigan viéndolo porque es una imagen de esperanza en que el mundo puede ser de otro modo.

(Imagen: Ennor CC BY-NC-SA 2.0)