La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

Francisco José Contreras: «Europa no se entiende sin España»

Francisco José Contreras es catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de Sevilla y autor de varios libros bien recibidos por la opinión conservadora española e internacional, entre ellos Liberalismo, catolicismo y ley natural y La fragilidad de la libertad. El profesor Contreras ocupa el puesto número 5 en la lista de VOX al Parlamento europeo.

Francisco José Contreras es catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de Sevilla y autor de varios libros bien recibidos por la opinión conservadora española e internacional, entre ellos Liberalismo, catolicismo y ley natural y La fragilidad de la libertad. El profesor Contreras ocupa el puesto número 5 en la lista de VOX al Parlamento europeo.

La prensa internacional a menudo enumera a VOX entre los partidos euroescépticos. ¿Está de acuerdo con el calificativo?

Por supuesto que no. Si por euroescéptico se entiende “contrario a Europa”, ¿cómo vamos a serlo en España, la nación más europea, como explicó Julián Marías, porque lo fue por elección, con una lucha de ocho siglos contra un islam que parecía invencible, mientras enormes territorios de África del Norte y Oriente Medio se resignaban definitivamente a la arabización? Volvimos a salvar a Europa del peligro islámico en Lepanto. Y llevamos la cultura europea -o sea, la cristiana- al continente americano. España es una de las grandes naciones occidentales, y Europa no se entiende sin España.

Y si por “euroescéptico” se entiende “contrario a la Unión Europea”, VOX tampoco lo es. Reconocemos los méritos históricos de la UE: haberle garantizado al continente 62 años de paz (74, si contamos desde 1945); haber construido un mercado único que, según ciertas estimaciones, le brinda al continente 500.000 millones adicionales de PIB cada año. Valoramos la libre circulación de bienes, servicios, personas y capitales. Celebramos que nuestros hijos puedan estudiar o trabajar sin engorros burocráticos en Finlandia, Irlanda o Polonia.

VOX sí es contrario a la visión euro-federalista que aspira a convertir a la UE en un verdadero superestado en el que se disuelvan las soberanías nacionales. Los euro-federalistas -en España, posiblemente todos los demás partidos, y claramente Ciudadanos- creen en una interminable “construcción europea” que no puede culminar sino en la utopía del superestado. Hizo mucho daño aquella frase de Delors sobre Europa como una bicicleta con la que “siempre hay que avanzar, porque si no, te caes”.

¿No es posible que Jacques Delors tuviera razón y para evitar el colapso de la UE sea necesario ese ímpetu integracionista?

Alguien tan poco sospechoso de “ultra” o “euroescéptico” como Timothy Garton Ash escribía hace dos días en The Guardian que “la Unión Europea es hoy una entidad política madura que no necesita derivar su legitimidad de algún futuro utópico: hay ahora un argumento realista, incluso conservador, para mantener lo que ya se ha construido; lo cual, por supuesto, también significa reformarlo”.

¿Le convierte a uno en euroescéptico la denuncia de los defectos de la UE actualmente existente: opacidad, burocratización, hipertrofia regulatoria, déficit democrático? En ese caso, compartiríamos la condición de “euroescépticos” con el muy ilustrado y progresista Garton Ash.

¿En qué consiste el peligro del proyecto federalista?

La UE está jugando ya al superestado cuando intenta incursionar en materias que deberían ser de exclusiva competencia de los Estados miembros, y que no afectan para nada al funcionamiento del mercado único. Nos preocupa que la Comisión y el Parlamento europeos presionen a países como Polonia o Hungría por sus políticas sociales conservadoras de fomento de la natalidad, restricción del aborto o definición del matrimonio como la unión de hombre y mujer. Creemos que ese es el verdadero sentido, por ejemplo, del Informe Sargentini contra Hungría -aprobado en septiembre por el Parlamento europeo- aunque se invoque como excusa un supuesto deterioro del Estado de Derecho que es desmentido por observadores imparciales (por ejemplo, el European Union Justice Scoreboard concede a Hungría mejores puntuaciones en materia de independencia del poder judicial que a España o Italia).

¿Cuál es entonces su visión sobre el futuro de Europa?

Querríamos replantear la UE desde un espíritu más fiel a los tratados fundacionales, que proyectaban una zona de libre comercio (mercado único), y no un superestado. No nos oponemos  a la profundización en el mercado único y la consolidación de las “cuatro libertades” (libre circulación de bienes, servicios, personas y capitales dentro de la UE). Tampoco a la moneda única, que ha jugado un papel muy positivo en la última crisis financiera, evitando que los gobiernos usasen la solución tramposa de la devaluación, en lugar de abordar las necesarias reformas estructurales de desregulación, flexibilización de precios y mercados y reducción del gasto público.

Pero la UE no debe interferir en competencias soberanas de los Estados como el control de la inmigración extracomunitaria, la educación, las políticas sobre familia y natalidad, la política exterior, la defensa, etc. Tampoco debe sancionar –con el pretexto de la “armonización fiscal”- a los Estados que bajan resueltamente sus impuestos. Ni asfixiar a las empresas con una  maraña de normativas que regulan hasta el tamaño de las jaulas de las gallinas. Creemos que un redimensionamiento de la UE en torno a sus funciones propiamente económicas contribuiría a su fortalecimiento y relegitimación.

Estas ideas “euroescépticas” se corresponden con uno de los escenarios sugeridos por el Libro Blanco sobre el porvenir de la UE presentado en 2017 por la Comisión Europea (el número 2: “Solo el mercado único”). Incluso estaríamos abiertos en principio a algunos aspectos del escenario 3: “Los que desean hacer más, hacen más”; es decir, abrir la puerta a eventuales ámbitos de cooperación reforzada entre varios Estados afines, sin necesidad de esperar a los 27. La necesidad de un consenso a 27 ha bloqueado a la UE. Con una geometría variable de acuerdos bi- o multilaterales se puede ser más eficaz. De hecho, varias de las iniciativas más importantes de las últimas décadas (el grupo Schengen o el euro) responden precisamente a este principio de cooperación restringida.

¿A qué grupo parlamentario van a unirse los eurodiputados de VOX?

No hemos tomado aún esa decisión. Posiblemente se produzca una reconfiguración del paisaje parlamentario, con aparición de nuevos grupos o fusiones de los ya existentes. En todo caso, solo nos integraríamos en un grupo que nos garantice apoyo sin fisuras en la cuestión clave del desafío separatista y la defensa de la unidad de España.

La prensa se apresura a asociarnos con partidos euroescépticos como la Agrupación Nacional (antiguo Frente Nacional) francesa, y a pronosticar que nos integraremos en el grupo “Europa de las naciones”. Es cierto que VOX ha tenido contactos en el pasado con el partido de Marine Le Pen, pero también los ha tenido con muchas otras formaciones, como el partido polaco Ley y Justicia, con cuyo presidente, Jarosław Kaczyński, se reunió Santiago Abascal en marzo. Hemos tenido contactos con el euro-grupo ACRE (Alianza de Conservadores y Reformistas Europeos), al que pertenecen los eurodiputados del Partido Conservador británico. Su presidente, Jan Zahradil, visitó Madrid hace una semana y comió con algunos de nosotros, además de encontrarse con Santiago Abascal. En diciembre, celebramos en Madrid un seminario titulado “Combatiendo la inmigración ilegal” con eurodiputados polacos, holandeses y búlgaros del grupo ACRE. En América, Iván Espinosa de los Monteros ha tenido numerosos contactos con responsables del Partido Republicano (EE.UU.) y con líderes de la oposición cubana y venezolana.

Tanto las elecciones generales como las autonómicas en Andalucía y Valencia indican que VOX cuenta con el apoyo del 10-11% del electorado. ¿Cree que el hundimiento del PP y el inescrutable rumbo de Ciudadanos le permitirán a VOX mejorar sus resultados en la europeas?

Creo que el PP es una marca vieja, desgastada, deslegitimada por su historial de corrupción, los bandazos de Casado (que, de copiar el programa de VOX, ha pasado en unos días a reclamarse de centro y encomendarse a Feijóo) y las traiciones ideológicas de los años de Rajoy. Confiamos en que los españoles sabrán premiar la claridad y la valentía de VOX. El PP es ya poco más que una agencia de colocación; Ciudadanos, un partido oportunista, de ideología confusa, dispuesto a bascular a derecha o izquierda según exija la coyuntura. VOX está formado por profesionales de la sociedad civil que nos hemos metido en política porque veíamos al país en peligro, y a nuestros principios huérfanos. Hemos sobrevivido a una tremenda travesía del desierto, con resultados electorales desoladores y un muro de ninguneo mediático sistemático. Hemos sobrevivido a la campaña de demonización, mentiras descaradas, distorsión maliciosa de nuestras ideas. Los españoles sabrán reconocer esto y dar a VOX la oportunidad de defender a España en Europa, y a Europa de los peligrosos delirios progres.