La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

János Bencsik: “Representamos el conservadurismo cívico que Viktor Orbán ha traicionado”

János Bencsik es historiador, docente y periodista, padre de tres hijos, así como miembro no adscrito de la Asamblea Nacional de Hungría y presidente de un nuevo partido conservador: la Respuesta Cívica.

Usted fundó la Respuesta Cívica (Polgári Válasz) como un movimiento civil en diciembre de 2020, y en marzo de este año la organización fue registrada como partido político. Según su manifiesto, la Respuesta Cívica es una fuerza política conservadora y cívica, cuya brújula es la ética cristiana, y que considera a la nación como una comunidad indisoluble y a la familia como el pilar fundamental de la sociedad. También quieren fortalecer a la clase media y servir a la comunidad. ¿No es eso lo que dice Viktor Orbán también? 

El problema es que hay un abismo entre la realidad y la retórica oficialista. El Gobierno de Viktor Orbán quiere proyectar una imagen de sí mismo que no es más que un producto de márketing político. Gábor G. Fodor, uno de los asesores principales del primer ministro, hace unos meses reconoció en un programa de televisión que los valores conservadores cívicos ya no formaban parte del ideario de Fidesz y que se los podía tirar a la basura. De hecho, durante la entrevista, de manera simbólica, echaron al basurero esos principios. 

Hasta su anticomunismo es una farsa. El Gobierno ha ofrecido puestos importantes a exfuncionarios comunistas, entre ellos a colaboradores de la policía secreta de la dictadura comunista. 

Por lo tanto, Fidesz no es un partido con una visión política bien definida, sino que un grupo motivado por intereses que se adapta ideológicamente a las circunstancias. El partido nació durante la transición democrática como una organización liberal-progresista, luego se redefinió como fuerza conservadora cívica, y después poco a poco ha sacrificado el civismo en aras de la demagogia barata e intereses político-económicos. 

El Gobierno no apoya a las familias, las empresas nacionales, las comunidades religiosas, o a la minoría húngara en los países vecinos por compromiso valórico, sino con el objetivo de crear un estado de dependencia y así fomentar el clientelismo político. 

Sin embargo, la economía muestra un robusto crecimiento, la tasa de desempleo es excepcionalmente baja, y otros indicadores sociales también muestran un panorama positivo: el número de matrimonios y nacimientos ha aumentado, mientras que el número de divorcios y abortos ha caído significativamente.

Hay que reconocer que las políticas pro familia del Gobierno han dado ciertos resultados positivos. Nosotros no cuestionamos esto, es más, estaríamos dispuestos a mantener y ampliar la mayoría de esos beneficios y ventajas fiscales. Sin embargo, también hay que ver que precisamente la intervención estatal, a través de los préstamos subvencionados que el Gobierno ofrece a las familias numerosas para comprar viviendas, ha contribuido al endeudamiento de los sectores más vulnerables y, sobre todo, a la subida de los precios de los pisos. Hungría es el tercer país de la UE donde más han aumentado los alquileres y los precios de los inmuebles.  

Por otro lado, hay muchas parejas que no es que no puedan tener tres o cuatro hijos, sino que no llegan ni siquiera al primero debido a la precariedad juvenil, lo cual afecta tanto a los jóvenes trabajadores como a los estudiantes universitarios. Ya he mencionado el encarecimiento de los alquileres, que es aun más notable en Budapest y las capitales de los condados. Mientras tanto, el Gobierno actual gasta menos en becas y otras medidas a favor de los estudiantes necesitados que el Ejecutivo anterior. Muchos jóvenes se ven obligados a seguir viviendo con sus padres -lo que a su vez retrasa la llegada de su primer hijo-, así como a aceptar cualquier tipo de trabajo para poder sobrevivir y cubrir los gastos de sus estudios.

¿Pero no dicen ustedes que cada uno es responsable de su vida? 

Desde luego, la Respuesta Cívica considera muy importante la responsabilidad individual, al mismo tiempo también creemos que la función de las becas (en húngaro “ösztöndíj”, o sea, literalmente “premio para incentivar”) es fomentar la excelencia académica. 

El Estado no tiene ninguna obligación de mantener a las personas que no se esfuerzan, por eso rechazamos la política social de los anteriores Gobiernos socialistas, que se basaba en un sistema de paguitas. La creación de una sociedad basada en el trabajo ha sido un gran acierto del actual Gobierno de Fidesz, y por eso han mejorado los datos económicos del país, entre ellos el crecimiento del PBI y la tasa de desempleo. Sin embargo, hay ciertos segmentos de la sociedad que, debido a sus características particulares, o quedan excluidos de la movilidad social o, por su edad, ya no pueden trabajar. El Gobierno de Orbán se aprovecha de su vulnerabilidad para fortalecer su propia clientela política, y lo que hace es prácticamente una compra de votos, especialmente entre los jubilados. 

Es usted el único diputado que votó en contra del premio extraordinario de los jubilados, en cambio, propuso que el Gobierno ofreciera ese dinero a los jóvenes y los estudiantes universitarios. ¿No cree que semejante actitud pueda causar un conflicto intergeneracional? 

La Respuesta Cívica quiere construir una sociedad en la cual los ciudadanos puedan realizarse y ganarse la vida a base de su talento y esfuerzo. Al mismo tiempo, la responsabilidad social requiere que las personas que han alcanzado cierto éxito ayuden a los miembros menos afortunados de la sociedad, y que los trabajadores al llegar a cierta edad tengan una jubilación digna. Por desgracia, en Hungría esto no es así. El Gobierno de Orbán sigue la misma estrategia que ya utilizaban los Gobiernos de izquierda, que consiste en ofrecer a los jubilados óbolos puntuales antes de las elecciones, efectivamente comprando su voto. Este sistema humilla a las personas de la tercera edad y las convierte en rehenes de la voluntad política del Gobierno de turno. 

Por otro lado, los efectos económicos del coronavirus han afectado más a la generación activa que a los pensionistas, ya que estos últimos no han perdido ingresos por las restricciones impuestas. Desde luego, somos conscientes de que hay jubilados que viven en condiciones difíciles, sin embargo, por lo general, son los jóvenes que han perdido su empleo o no han podido seguir con sus estudios por la pandemia. Por lo tanto, nos parece justo que esta vez, excepcionalmente, sean ellos quienes reciban ayuda.

También cabe señalar que si los jóvenes no encuentran condiciones dignas en Hungría, entonces no habrá quien pague las pensiones. Es inadmisible, por ejemplo, que un empleado de un restaurante de comida rápida gane el doble que un profesor adjunto de la universidad. No estoy menospreciando el trabajo de los que se dedican a vender hamburguesas, en absoluto, sólo quiero resaltar el papel que el capital humano y las actividades de investigación y desarrollo juegan en el éxito de un país. Las claves de un sistema de pensiones digno, por lo tanto, deben ser la responsabilidad individual y la solidaridad intergeneracional.

El Gobierno de Fidesz prácticamente ha nacionalizado los fondos de pensión privados. ¿Ustedes restablecerían los dos pilares, o sea, el estatal y el privado, o mantendrían el actual sistema de reparto público? 

Los húngaros, sobre todo los jubilados, necesitan un sistema de pensiones mucho más sofisticado, justo y sostenible que el actual método de reparto público. Los expertos de la Respuesta Cívica ahora están ultimando los detalles de nuestra propuesta, sobre la cual informaremos a la prensa durante las próximas semanas.

Es usted uno de los miembros más activos del parlamento húngaro, tanto así que sus intervenciones irritaban al Gobierno de tal manera que decidieron recurrir a la legislación ad hominem e introdujeron una norma popularmente conocida como “Ley Bencsik”, que limita los derechos de los diputados no adscritos. ¿Cuál es el trasfondo del asunto y cómo afecta a su labor parlamentaria? 

El año pasado la Asamblea Nacional otorgó al Gobierno poderes extraordinarios, en teoría, para facilitar la lucha contra la pandemia. Paralelamente, también se modificó el reglamento parlamentario, introduciendo un párrafo que limita los derechos de los diputados que no pertenecen a ningún grupo parlamentario. Luego salió a la luz, a través de canales informales, que el Gobierno hizo eso porque ya estaban hartos de las preguntas y propuestas que yo presenté en el parlamento durante la pandemia. En cierto modo, uno se siente halagado por el hecho de que sus actividades de control democrático hayan causado semejante molestia, sin embargo, el caso es también muy trágico y dice mucho del estado de la democracia húngara. 

Me parece muy desafortunado que en Hungría se esté formando un sistema político bipolar, muy similar al de los Estados Unidos, donde los que no pertenecen a ninguno de los dos bloques políticos quedan sin voz. Eso en parte se debe al hecho de que Viktor Orbán haya contratado a asesores norteamericanos para construir y consolidar su régimen. Es también por eso que los partidos de la oposición, desde la izquierda hasta la antigua derecha radical, se vieron obligados a forjar una alianza electoral, cuyas primarias justo ahora están teniendo lugar.

¿Ustedes por qué no participan en las primarias de la oposición? 

La Respuesta Cívica presentará candidatos en todos los distritos electorales, porque aunque somos un partido de oposición que critica sin cesar los errores y excesos del Gobierno, somos igualmente críticos con los partidos de la izquierda, sobre todo con la Coalición Democrática (DK) del ex primer ministro Ferenc Gyurcsány. Cabe recordar que fue precisamente el Gobierno de Gyurcsány que llevó al país a la quiebra y luego falsificó las cuentas del Estado para poder ganar las elecciones de 2006. En cierto modo, las subsiguientes victorias de Viktor Orbán no se deben tanto a sus propios méritos, sino a la repulsión que la mayoría de los húngaros siente hacia el legado y persona de Ferenc Gyurcsány. Para que haya una renovación política y moral, es necesario que los personajes como Gyurcsány y Orbán se retiren y entreguen las riendas a una nueva generación que no estuvo involucrada en los cambalaches de los últimos 30 años. 

Sin embargo, dentro de la oposición unida también hay partidos y personajes de derechas, como Jobbik, que ahora, bajo el liderazgo de Péter Jakab, se define como un partido socialcristiano, o el Partido Popular Nuevo Mundo, una formación liberal-conservadora dirigida por József Pálinkás, o la nueva estrella de la política húngara y precandidato a primer ministro, Péter Márki-Zay. Con la única excepción de Pálinkás, que ha sido ministro de Educación en el primer Gobierno de Viktor Orbán, ninguno de ellos ha ostentado cargos gubernamentales. 

Esas organizaciones pretenden representar los valores conservadores y cristianos dentro de una coalición de izquierdas, lo cual, según nuestro criterio, es una misión imposible. 

Puede ser que Jobbik se presente como un partido socialcristiano, pero en realidad se ha disuelto casi completamente en la alianza de los partidos izquierdistas y progresistas, los apoya en todos los campos: comunicación, legislación, etc., y es prácticamente imposible distinguirlo de los demás partidos de izquierdas.

El Partido Popular Nuevo Mundo del profesor Pálinkás efectivamente es una formación cívica, y hay cierta semejanza entre su visión política y la nuestra. Sin embargo, los candidatos del Partido Popular Nuevo Mundo no han ganado en ninguna de las 106 circunscripciones de las primarias de la oposición, lo cual significa que el partido no tendrá ninguna influencia en un putativo Gobierno formado por la actual oposición unida. 

Péter Márki-Zay es un personaje político peculiar: exvotante de Fidesz, socialmente conservador, cristiano practicante, padre de siete hijos, que, como alcalde, ya ha demostrado dos veces que puede vencer a Fidesz, incluso en un bastión pro-Orbán como Hódmezővásárhely. Sin embargo, nos preocupa mucho su actitud frente al Estado de derecho y el orden constitucional. Él quiere declarar inválida la Constitución y cambiar otras leyes cardinales sin tener la necesaria mayoría de los dos tercios. Eso es inadmisible para un partido conservador y democrático como la Respuesta Cívica.  

De todas formas, e independientemente de quién sea el candidato a primer ministro de la oposición unida, el verdadero poder lo tendrán los partidos poscomunistas que gobernaban antes de 2010, junto a las nuevas formaciones que aceptan sin crítica alguna las ideologías progresistas que están avanzando en el mundo occidental. La Respuesta Cívica no está dispuesta a apoyar a esas fuerzas, por eso, en vez de participar en las primarias de la oposición, nos dedicamos a construir nuestra red nacional de afiliados para que en 2022 podamos ofrecer una alternativa a los ciudadanos que no quieren votar ni por una alianza dominada por la izquierda progresista ni por un Gobierno corrupto y cada vez más autoritario. Nosotros representamos los valores conservadores y cívicos que el Fidesz de Viktor Orbán ha traicionado y la izquierda nunca ha representado. 

Supongamos que en 2022 la Respuesta Cívica supera el umbral electoral, mientras ni la oposición unida ni Fidesz logra una mayoría absoluta en el parlamento. ¿A quién apoyarían? 

Precisamente por eso es importante que haya en la Asamblea Nacional una tercera fuerza que no es rehén de ninguna coalición y que sólo responde ante la nación. La Respuesta Cívica va a apoyar todas las propuestas que sirvan los intereses de los húngaros. 

El Fidesz de Orbán puede contar con nosotros si hay que proteger a la institución de la familia, las fronteras o la soberanía nacional. A fuer de un partido conservador que representa a los jóvenes y los contribuyentes, queremos fortalecer a la clase media, por lo tanto, también estamos de acuerdo con el actual Gobierno en ciertas cuestiones económicas, como, por ejemplo, la tasa única del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF), ya que consideramos que un sistema de impuestos progresivos penaliza el esfuerzo individual y fomenta la evasión fiscal. 

Al mismo tiempo, estamos dispuestos a ayudar a la oposición unida si realmente quieren desmantelar el régimen autoritario que se ha construido en Hungría durante los últimos años, siempre y cuando se lo haga respetando la legalidad y el orden constitucional. También les ayudaremos a crear una ley electoral justa y equitativa. Del mismo modo, apoyaremos las medidas cuyo objetivo es lograr que no sean cuadros políticos los que ocupen los cargos públicos claves en instituciones como el Consejo Mediático o el Tribunal Constitucional. Sin embargo, si lo que la izquierda pretende es echar a la gente de Orbán para poder colocar a sus propios allegados, entonces no cuenten con nosotros. Nuestro objetivo es restablecer la separación de los poderes y la independencia de las instituciones públicas, y no queremos regresar a las malas prácticas anteriores a 2010 tampoco. 

¿Considera que Hungría es un Estado de derecho?

Yo no estoy de acuerdo con los que dicen que Hungría es una dictadura. Nuestro país no es una dictadura, las instituciones democráticas siguen funcionando, aunque sea de una manera defectuosa. Sin embargo, el Gobierno de Viktor Orbán ha debilitado el Estado de derecho, y sigue socavando la autonomía de las instituciones y poderes públicos. La Respuesta Cívica critica al Gobierno no solamente por la corrupción sistémica y el nepotismo institucionalizado, sino también por sus intentos de crear un sistema político, económico y social dominado por un solo partido. Es un sistema en el cual la suerte de los ciudadanos no depende de sus méritos y esfuerzos sino de su lealtad política. 

Entonces, ¿está de acuerdo con las críticas formuladas por las diferentes instituciones de la Unión Europea? 

Las críticas provenientes de los organismos europeos están, al menos parcialmente, justificadas. Al mismo tiempo, debo señalar que esas mismas instituciones no mostraban la misma preocupación cuando los anteriores gobiernos de izquierdas daban pasos contrarios a los valores democráticos, por lo tanto, hay un innegable doble rasero ideológico. Y precisamente ese doble rasero juega a favor de Fidesz. La Unión Europea y los medios extranjeros tienen que comprender que cualquier cambio político en Hungría debe ser el resultado de la voluntad de los ciudadanos húngaros. La presión internacional, sobre todo si viene mezclada con soniquetes progresistas, no hace más que fortalecer a Viktor Orbán, permitiéndole que se yerga como el defensor de la patria y la soberanía nacional. Los partidos progresistas húngaros que buscan ayuda en el extranjero se engañan a sí mismos y a sus votantes, y su actuación es tan lamentable como contraproducente.

¿Es la Respuesta Cívica un partido euroescéptico?

La Respuesta Cívica aboga por un camino medio entre el euroescepticismo y el federalismo utópico. Reconocemos la importancia de la cooperación europea en amplios sectores, desde el mercado común hasta desafíos tan complejos como el terrorismo internacional o las guerras cibernéticas, que no se pueden solucionar a nivel nacional. Sin embargo, nuestra experiencia histórica nos ha enseñado a apreciar nuestra soberanía nacional y nuestra herencia cultural. Por lo tanto, consideramos que la idea de un Estados Unidos de Europa, con el cual sueña la izquierda progresista, es una quimera, y, al menos en Hungría, no tiene mucho apoyo social.

De los dos grupos políticos de centroderecha, o sea, el Partido Popular Europeo y los Conservadores y Reformistas Europeos, ¿con cuál tienen más afinidad política? ¿Se han planteado la posibilidad de establecer lazos oficiales con una de esas formaciones? 

Es una cuestión que cobrará mayor relevancia en el futuro. Ahora mismo nos centramos en los asuntos domésticos, sobre todo en las elecciones parlamentarias de 2022, ya que sus resultados van a determinar la suerte de nuestro proyecto político. Desde luego, seguimos con mucha atención las tendencias internacionales, sobre todo lo que sucede en la región de los países de Visegrado, y estamos abiertos ante la posibilidad de cooperar con movimientos afines, pero no tomaremos ninguna decisión al respecto hasta después de las elecciones.