La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

(Imagen: www.freepik.es)

La ayuda compartida en la Era Digital

Aunque no sustituye la valoración por un especialista, el solo hecho de generar interacción abastece nuestra capacidad de reflexión.

«La vida es una pared, tienes que escalarla empujando a otros para que suban y serás empujado también. Ayuda hoy.» Bernard Kelvin Clive

En algún punto de nuestras vidas hemos requerido un consejo, las palabras de alguien cercano para afrontar mejor una situación que nos vulnera o simplemente la cercanía de un amigo que nos manifieste esa empatía al «ponerse en nuestros zapatos» y nos escuche. ¡Qué bien nos hace sentirnos escuchados y por ende comprendidos!

Desde antaño, los grupos de autoayuda ya sea de Alcohólicos Anónimos, padecimientos crónicos y autoinmunes, trastornos psiquiátricos y muchos más enfocados al tema de la salud y el bienestar han fungido como ese espacio idóneo en donde todo miembro puede abrirse y compartir aquello que le afecta: situaciones que le aquejan e incluso logros, que por muy pequeños que éstos hayan sido durante su día a día, le procuraron satisfacción y felicidad, y que se ha convertido en un peldaño más que le ayudó a ser y sentirse libre sin ser juzgado, y sin barrera alguna de parte de quienes le escuchan y miran.

En la actualidad y los tiempos que cursan en completa anormalidad, en la que todos sin excepción, nos encontramos inmersos en momentos sin precedente alguno, las tecnologías de la información y las redes sociales han ayudado como herramienta firme y complementaria a la sucesión de esa red de apoyo y acompañamiento mutuos.

En el mundo digital, dentro de esta esfera que es la salud, los usuarios se congregan en grupos privados, sin horario fijo, y pese a la separación física, hablan acerca de situaciones que de algún modo les unen, esto les hace formar una nueva familia, un vínculo emocional que se va fortaleciendo cada día con el intercambio de experiencias de parte de quienes transitan por ese camino, y también de quienes ya han pasado por el mismo. La gran mayoría son pacientes que viven y conviven con un padecimiento en concreto, familiares que buscan respuestas a sus dudas, y por supuesto, el efecto tranquilizador de conocer de primera mano la experiencia de vida que muchos han enfrentado y manejado de la mejor forma posible.

Aunque este tipo de práctica no sustituye la valoración y por tanto el tratamiento dirigido por un especialista, el solo hecho de generar interacción cálida y humana abastece nuestra capacidad de reflexión, nos lleva a mirar en perspectiva aquello que antes solo nos ataba y ofrecía sufrimiento innecesario en solitario.

La sólida verdad es que nadie se encuentra solo, siempre habrá alguien dispuesto en corazón, alma y conocimiento en querer compartir, escuchar y ayudar de tal modo que la pena y la tristeza llevada entre dos o más personas sea más ligera, menos difícil de sobrellevar e inclusive mucho más esperanzadora y significativa en equipo.