La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

La Comisión Europea contra Google

La Comisión Europea puede ponerse muy farruca, pero hay límites políticos que no podrán pasar en su investigación de Google.

Cuenta la leyenda que, cuando a Henry Kissinger le preguntaron su opinión respecto a la guerra Irán-Irak que enfrentó a Sadam Hussein contra el Ayatollah Khomeini en los años 1980, respondió: “la pena es que no puedan perder los dos”.

La buena noticia para Kissinger es que al final, más o menos, perdieron los dos. Irak, un país más rico pero con menos población, quedó desangrado, mientras que la Revolución Islámica se dejó a lo mejor de su juventud en el campo de batalla, sólo para que las tropas iraquíes se retiraran de su territorio. Algo parecido puede acabar ocurriendo con la investigación que ha abierto la Comisión Europea, el brazo entrometido, redicho y méteme-en-todo de la Unión Europea, sobre el casi-duopolio del mercado publicitario en Internet que poseen Google y Facebook.

Para empezar, Bloomberg News examina las posibles implicaciones, y encuentra muchos peligros para Google: el gigante estadounidense ya ha pagado $9.000 millones en multas a la Comisión, por múltiples violaciones de la competencia en Europa, pero esto en realidad fue casi nada para Google, sobre todo teniendo en cuenta que todas estas multas fueron dilatadas en el tiempo, repartidas entre dos décadas durante las que sólo ha ido asegurando su control del único mercado publicitario que importa en el siglo XXI; y no son los carteles de anuncios junto a las gasolineras (las traducciones son mías):

Después de años de investigaciones antimonopolio, ésta es con mucho la más importante, porque se enfoca en cómo Google realmente gana la mayor parte de su dinero.

La empresa matriz de Google, Alphabet Inc. obtiene el 81% de sus ingresos de la publicidad en línea. Eso ascendió a $147.000 millones el año pasado.

¿No les dije que $9.000 millones en dos décadas son un chiste, en este contexto? Los ingresos de Google deben equivaler más o menos a los de todo el IBEX-35 español, combinado.

En comparación, las investigaciones anteriores sobre la empresa con sede en California analizaron prácticas que, si bien eran importantes, eran simplemente adyacentes o ayudaban a consolidar el dominio de ese negocio principal. La comisaria antimonopolio de la Unión Europea, Margrethe Vestager, ahora está apuntando a lo que viene a ser la máquina de hacer dinero.

Eso significa que hay más en juego. Si se descubre que ha abusado de su posición dominante, los cambios que Google podría verse obligado a realizar tendrían un impacto más profundo. Cuando fue castigado por la UE en 2018, por la forma en que obligó a los fabricantes de teléfonos inteligentes a instalar su motor de búsqueda y su navegador web como aplicaciones predeterminadas en sus teléfonos, la medida tuvo un impacto poco perceptible en las operaciones en curso de Google. Después de todo, ya había superado a la mayor parte de la competencia en sistemas operativos móviles, con la notable excepción de Apple Inc.

La publicidad en línea es diferente porque Google juega un papel extremadamente dominante en la web. El hecho de que posea el motor de búsqueda, el sitio web de transmisión de video y el cliente de correo electrónico más grandes no es el principal motivo de preocupación; es que las finanzas de los tres están unidas a través de los anunciantes que atraen.

Los anuncios en línea son un panorama complejo, donde los sitios web venden a los anunciantes acceso a sus visitantes en tiempo real. La mejor forma de entenderlo es pensar en una casa de subastas donde las marcas constantemente pujan entre sí para mostrar sus anuncios a los usuarios de la web. Y Google es la casa de subastas más grande. Si estoy en el negocio de la venta de cachirulos amarillos, por ejemplo, le digo a Google cuánto estoy dispuesto a pagar para que mi anuncio se muestre a alguien que busca en Google o YouTube cachirulos amarillos o aterriza en un sitio web que muestra anuncios de la red publicitaria de Google. La próxima vez que aparece un visitante, mi oferta se compara en una fracción de segundo con lo que otros con un producto similar están dispuestos a pagar, y luego Google publica el anuncio del mejor postor.

El problema es que Google tiene todo el poder. En la analogía de la casa de subastas, la empresa es el agente del comprador, el agente del vendedor y, a menudo, también el vendedor. Tiene la oportunidad y el incentivo de

a) cobrar de más a los anunciantes que no tienen visibilidad, en comparación con el valor de las ofertas de la competencia; y

b) enviar más ingresos a sus propios sitios web. Puede decidir dirigir mi inversión publicitaria a YouTube, en lugar de a otro sitio de videos.

La cuestión es si aprovecha estas ventajas, y eso es lo que la UE está investigando ahora. El bloque se basa en investigaciones anteriores de la Autoridad de Competencia y Mercados (ACM) de Gran Bretaña y la Comisión de Competencia y Consumidores de Australia. La ACM del Reino Unido determinó en 2020 que «la sólida posición de Google en cada nivel de la cadena de valor de intermediación crea claros conflictos de intereses».

Por supuesto, también existe un riesgo para la UE. Es bueno que un regulador significativo finalmente aborde la cuestión más importante en lo que respecta al enorme papel de Google en la navegación y la economía de Internet. Pero existe la posibilidad de que la investigación termine dando a las prácticas publicitarias de Google un certificado de buena salud o recomendando soluciones que son inadecuadas o ineficaces.

Ahí es donde entro yo, gracias, Bloomberg News. El gobierno estadounidense ha demostrado ya, muy claramente, que Google es una empresa de interés estratégico. Hace unas semanas, el presidente estadounidense mostró su disponibilidad a retirar aranceles de muchos productos europeos – sólo si se retira antes la tasa Google por parte de todos ellos. ¿Y qué hizo la Comisión Europea la semana pasada? Retirar su plan de crear una tasa Google centralizada para la UE.

Hace no muchos años, el Wall Street Journal reportó que los ejecutivos de Google visitaron la Casa Blanca no menos de una vez por semana, de media, durante el mandato de Barack Obama. Que duró ocho años. ¿Ustedes se imaginan lo difícil que es siquiera pisar una vez la Casa Blanca, incluso para empresarios de éxito?

Es difícil explicar hasta qué punto Google está imbricado en la política, economía y defensa nacional de EEUU. Lo que es fácil es predecir que la Comisión Europea puede ponerse muy farruca, pero hay límites políticos que no podrán pasar en su investigación de Google; y, cuando se acerquen a ellos, se lo harán saber. Y Google seguirá haciendo lo que le salga de las narices.

Los chiringuitos estatales

Mola hacer bromas sobre Toni Cantó, el hombre que ha estado en más partidos en España que Eden Hazard. Pero recordemos que, en 2012, cuando el gobierno de Mariano Rajoy se encontró con el estado en práctica bancarrota, una de las medidas de ahorro que lanzó fue el cierre de empresas estatales innecesarias. Aquí hay un buen resumen de aquellas medidas, que obtuvieron un ahorro de unos 1.500 millones de euros entre 2011 (el último año del zapaterismo) y 2013.

Estuve en una rueda de prensa con Soraya Sáenz de Santamaría, entonces vicepresidente del gobierno, en la que explicó – con expresión de absoluta sorpresa – que, entre las empresas estatales en funcionamiento que se habían encontrado haciendo revisión, estaba una fundada a principios de los 1990 para organizar eventos relacionados con los Juegos Olímpicos de 1992; esta empresa, en 2012, seguía operando, y generando gastos para el Estado.

Volvemos a una situación parecida. En total, ahora mismo España tiene 422 empresas públicas que pierden EUR2.405 millones al año. Esto no tiene ningún sentido. España no tiene dinero que tirar, y los presupuestos del estado de 2021 incluyen una subida del 4% en la dotación de gasto para sueldos de funcionarios – aunque el aumento de sus sueldos es del 0,9% — porque busca aumentar su número. ¿Hay que explicar por qué, con la deuda en el 125% del producto interior bruto y el déficit presupuestario disparado habría que controlar los gastos innecesarios?

Todo esto pone un poco en contexto el problema de los chiringuitos en todos los niveles de la administración pública. Aunque los gobiernos de las autonomías son quizás los mayores culpables, con casos como el de Cataluña, esto es una podredumbre muy extendida. Este derroche no es, como le gustaba decir a Soraya con su particular dicción de brillante opositora algo redicha, “el chocolate del loro”.

Este ejemplo del ayuntamiento de Lepe es fantástico, sobre cómo tirar casi EUR200.000 para hacer una app que no descarga nadie y cambiar un logo y una página web. El problema no es tanto el coste, sino la actitud (y ojo, que el proyecto es de 2017, de la presidencia de Mariano Rajoy). Ahora mismo, domina en la administración una idea muy de keynesiano de andar por casa, de que el gasto público contribuye a sostener el empleo, la economía, etc, aunque acabe tirado a la basura o gastado en champán en un vuelo de primera clase, o financiando una oficina que examina la importancia de la bicicleta en el transporte futuro.

Esto es muy pernicioso. Este dinero, no les estoy dando ninguna exclusiva, habrá que devolverlo, tendrá un coste anual de decenas de miles de millones de euros sólo en intereses, durante generaciones.

Con Biden ha topado ACS, y le queda topar a Gamesa

El entusiasmo en torno a las grandes inversiones de infraestructuras prometidas por el nuevo gobierno de EEUU se ha enfriado mucho, y muy rápido, como ya predije. Las acciones de ACS andan de capa caída, y tendrán que buscar otro aliciente para subir. Las inversiones en renovables podrían serlo, pero habrá que hilar fino; Siemens Gamesa ya se pegó un topetazo la semana pasada, por un inesperado frenazo de su negocio en Brasil, y aún queda que nos cuente cómo va todo en el muy importante mercado de Joe Biden.  

(David Román es excorresponsal en Madrid del Wall Street Journal, y autor del libro “Podemos en Venezuela: cómo se financió la infiltración chavista en España”, publicado este año por la editorial Homo Legens. Su columna Finanzas Políticas, sobre la interacción entre sus dos mayores pasiones, se publica de forma semanal, y también se puede recibir en forma de newsletter aquí.)