La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

(Imagen: pikisuperstar - www.freepik.es)

La edad, ¿una limitante en las capacidades del adulto mayor?

Todos poseemos un sinfín de capacidades que se adaptan a nuestro entorno y conviven con la condición y potencialidad de cada persona.

“La habilidad es lo que eres capaz de hacer. La motivación determina lo que harás. La actitud determina lo bien que lo harás.” – Lou Holtz

Desde aprender un idioma, acercarse más al mundo tecnológico, estudiar una segunda carrera o convertirse en un ejemplo en el mundo del deporte, se cree que la edad condiciona e interfiere en llevar a cabo una o varias actividades en la vida diaria.

Bajo la visión de la psicología existe una interrelación en cuanto a las capacidades, y si es verdad que conforme uno se hace mayor, éstas pueden verse mermadas o incluso limitadas.

En muchas ocasiones es observable que se le evita de llevar a cabo una actividad o hobby a nuestro adulto mayor únicamente porque tiene cierta edad, e inesperadamente se le restringe y anula de todo aquello que le es importante.

Si bien, es cierto que al paso del tiempo, la rutina se vuelve más sedentaria, existen alteraciones, el aspecto corporal varía a como era antes, y la salud puede cambiar sustancialmente. A pesar de ello, la Organización Mundial de la Salud menciona que es importante comprender el envejecimiento desde una perspectiva biológica, y que los cambios que se esperan obtener no necesariamente deben ser lineales ni uniformes para todos.

Imaginemos que alguien debe reparar un vehículo, su vehículo personal para el cual tiene los conocimientos necesarios, y que para poder llevar a cabo ese cometido, necesita contar a su vez con herramientas específicas, de ese mismo modo el ser humano se vale de herramientas, aunque las nuestras son un tanto más complejas y de índole cognoscitivo, ya que vienen a ser nuestras capacidades conformadas por procesos mentales, aprendizaje previo, motivación y la propia experiencia e interés para tener el poder de hacer algo en específico.

De acuerdo a la ciencia, conforme nuestra edad avanza, la capacidad de adquisición de nuevos conocimientos y desarrollo de otras habilidades puede disminuir porque la manera en que absorbemos la información, cómo la aprendemos y ejecutamos es distinta a cómo las aprende y realiza  alguien en la etapa de la infancia. El Medical College de Georgia menciona que el cerebro pierde su capacidad de filtrar lo que le es relevante y eliminar la información que en definitiva no lo es, y esto parte de una explicación en la que somos conscientes del porqué a veces pareciera que nos cuesta un poco más hilar ideas, guardar en la memoria mayor información o tener destreza en acciones de pensamiento, reacción y habilidad física.

Sin embargo, contra todo pronóstico, una pieza clave que podría dictarnos lo contrario es la capacidad de adaptación, que al mismo tiempo conforma el nicho de capacidades del ser humano en todas sus etapas.

Decía Stephen Hawking:

“La inteligencia es la capacidad de adaptarse al cambio”. 

No hay ejemplo más conciso, dentro de las capacidades psicológicas, que el cambio que generó la pandemia en cuanto a la forma en que interactúan y se comunican los adultos mayores, una parte quizá ya estaba familiarizada, pero muchos más, tuvieron la necesidad de conectar con sus familiares, muchos de ellos jóvenes mediante dispositivos tecnológicos, y seguramente antes de ello, hubo todo un proceso de aprendizaje desde cero. ¿Resultó difícil? Muy probablemente sí, pero la predisposición, el entorno, la automotivación, querer mantener la vida social e integración, fueron fundamentales para que esta acción se convirtiera en una posibilidad. El núcleo principal fue su capacidad de adaptación.

Ahora, en cuanto a la capacidad física, puede llegar a tener un límite, dado que interfieren la fuerza, flexibilidad, velocidad y, por supuesto, la resistencia; a pesar de ello, hemos visto casos excepcionales en donde personas mayores dictan todo lo contrario y muestran que la edad es solo un número.

Por mencionar unos ejemplos de estos casos, en Rusia se encuentra Lyubov Morekhodova, es una mujer de casi 80 años de edad, vive en una de las regiones más frías del planeta, Siberia. Ella recorre a diario más de ocho kilómetros con patines que su padre fabricó en los años cuarenta, atravesando el lago Baikal ante la inclemencia del tiempo (-50 grados bajo cero), solamente para llegar a su granja y proveer de alimento a sus vacas. Allí no existe transporte público que dirija la ruta que ella misma y en solitario realiza todos los días, es la abuelita más famosa de dicho país.

Otro ejemplo, y quizá de los más conocidos porque se trata de una persona pública es el fisicoculturista Arnold Schwarzenegger, un hombre que a sus 73 años se mantiene en forma, con una rutina de ejercicio que exige tiempo, dedicación, esfuerzo y movimientos corporales en donde se trabajan diferentes áreas del cuerpo a la vez.

En esta etapa, las transiciones en varios aspectos y áreas permanecen, se les llama “pérdidas” al hecho de ya no frecuentar a los amigos con los que se contaba, la jubilación en el trabajo, y tener que vivir en un lugar tranquilo e idóneo para la seguridad del adulto mayor. Por lo mismo, es vital sustituir esta realidad con otras actividades que congenien, refuercen y adapten el ambiente psicosocial.

Con esto no se pretende decir que indiferentemente de los padecimientos que se pudieran tener en ciertas etapas de la edad resulte posible realizar los ejercicios y actividades más extenuantes, sino que las capacidades provienen de aptitudes mentales, las mismas que son parte de nuestros recursos internos para concretar y desarrollar habilidades. Todos poseemos un sinfín de capacidades que se adaptan a nuestro entorno y conviven a su vez con la condición y potencialidad de cada persona.