La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

(Imagen: Marcus Bleil CC BY 2.0)

La estética de Kant

«Dos cosas llenan mi ánimo de creciente admiración y respeto, a medida que pienso y profundizo en ellas: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí».

La filosofía de Kant forma un sistema, es decir, todas las divisiones de la filosofía se fundamentan en principios similares. Un principio tiene en Kant dos acepciones: 1) Es aquel juicio  a partir del cual se deducen otros, que tiene así una relación de dependencia lógica; este es un juicio en su uso constitutivo. 2) Es el hilo conductor para investigar o comprender un determinado campo; éste es su uso regulativo. La diferencia entre constitutivo y regulativo está presente en todo el sistema de Kant y hay que tenerla en cuenta para una comprensión cabal de su filosofía.

El problema de la filosofía anterior de corte racionalista y metafísico (Platón, Aristóteles, Tomás de Aquino, Descartes, etc) ha sido que no han distinguido entre estos dos tipos de principios, y han tratado como constitutivos, principios que sólo sirven para guiar el pensamiento, que el espíritu se da a sí mismo y no deben ser aplicados a la realidad. Si no se respeta esta distinción, se llega a una serie de contradicciones, tal como Kant ha puesto de manifiesto en sus tres Críticas.

Los principios, sean constitutivos o regulativos, tienen dos características que son las que permiten que podamos llamarlos principios: la universalidad y la necesidad. Todo juicio que sea universal y necesario es de suyo un principio. Toda la investigación filosófica de Kant es una búsqueda de estos tipos de juicios universales y necesarios, porque está convencido de que sólo ellos pueden dar validez a un ámbito determinado de la filosofía, es decir, del espíritu. Y dado que la experiencia sensible sólo me proporciona datos particulares contingentes, como mostró Hume, los buscará en la Razón humana.

Veamos:

Los tres grandes ámbitos son el 1) conocimiento-razón, 2) la ética-voluntad, y 3) la estética-sentimientos.

1) En la “Crítica de la Razón Pura” Kant no se preocupa tanto de la verdad, como de la validez del conocimiento. La verdad existe, ahí está el “faktum” de la ciencia para mostrarlo; Kant no es un escéptico. Lo que quiere ver es cómo es posible la ciencia. La ciencia explica la Naturaleza, pero para explicarla no se basa únicamente en la información que extrae de ella, dado que todo conocimiento empírico es particular y contingente como mostró Hume. La solución kantiana es postular la existencia en el sujeto de una serie de conceptos que aplicados a los datos de los sentidos dan lugar a juicios universales y necesarios, que son precisamente los que hacen que una ciencia sea tal. A este tipo de juicios los llama juicios sintéticos a priori, y son constitutivos de la ciencia. Los juicios sintéticos a priori posibilitan la ciencia (un conocimiento universal y necesario), pero se paga un precio, es fenoménica, no se puede conocer la realidad en sí. La razón en su uso teórico no es autónoma, depende de la sensibilidad. 

2) En el ámbito de la ética se pregunta cómo es ésta posible. Que existe tampoco lo pone en duda, la ética existe, es un “faktum” (Nietszche diría que Kant es un moralista). Decir que la ética existe es afirmar que la voluntad se puede guiar, no por los sentimientos y pasiones, sino por principios universales y necesarios. Y esto es lo que nuestro filósofo intenta mostrar en la “Crítica de la Razón Práctica”. Hay un principio universal y necesario práctico, la ley moral, que llama Imperativo Categórico. Este principio determina la voluntad, es decir, que la razón se determina a sí misma. La razón, en su uso práctico, sí es autónoma. El imperativo Categórico es todo lo más que la razón humana puede salir del mundo contingente de la Naturaleza, la única realidad en sí que puede conocer.

3) En la tercera, crítica, la Crítica del Juicio, también busca la universalidad y la necesidad, para elevar la estética más allá del mero parecer individual. La vamos a ver un poco más detallada.

La “Crítica del Juicio” es una obra fundamental y con una gran repercusión en la filosofía posterior. Es muy densa en ideas, casi tan inagotable como la “República” de Platón o la “Metafísica” de Aristóteles. No es sólo una obra de estética: trata de salvar el abismo o separación (jorismós) abierto entre lo fenoménico y lo nouménico (la realidad en sí). En esto recuerda a Platón que también intentó de diversos modos conectar el Mundo Sensible y el Mundo Inteligible, y, precisamente, uno de esos modos fue mediante la estética (la Dialéctica del Eros en el Banquete).

Kant piensa que el mundo fenoménico está regido por el paradigma mecanicista establecido por Galileo, Descartes y Newton, y piensa, en un “tour de force”, que los principios del mecanicismo son los principios de la razón. Aquí sólo hay objetos movidos por fuerzas, sin ningún tipo de finalidad o intencionalidad, sólo causas eficientes.

Por otro lado, la metafísica, para explicar la realidad, ha ido más allá de lo fenoménico para encontrar su fundamento y ha encontrado un Absoluto, que planifica la realidad según principios morales; esto es muy evidente en el Demiurgo de Platón o en Tomás de Aquino. Un plan regido por un principio o por una voluntad es un finalidad, así un objeto planificado queda explicado si se considera como fin y hay que recurrir a la razón que lo ha concebido como causa.

Vemos que hay dos modos de concebir la Naturaleza que son irreconciliables. ¿Cómo lo soluciona Kant? Piensa que el Finalismo adoptado por la metafísica como principio constitutivo de la Naturaleza, es en realidad un principio regulativo de la Razón humana que le  sirve de guía y faro, pero que debe ceder ante las explicaciones mecanicistas de la ciencia en su progreso. 

El Finalismo o Teleología es adecuado para describir sobre todo los cuerpos organizados de los seres vivos. En un cuerpo organizado cada parte tiene una finalidad, cumple una función respecto del todo. Allí donde hay una unidad organizada, allí hay finalidad que hay que buscar para hallar una explicación. Pero es una forma de entender el mundo subjetiva que entra en juego allí donde no se ha podido explicar aún con leyes científicas basadas en principios constitutivos.

La estética.

La “Crítica del Juicio” se publicó en 1790. La traducción que he seguido es la de García Morente.

Razón pura y Razón práctica son conceptos suficientemente claros para quien está familiarizado con la filosofía de Kant. Pero, ¿qué es el Juicio?, objeto de esta tercera crítica. Es la facultad que une los productos de las demás facultades espirituales humanas. Así puede unir una representación de los sentidos con un concepto puro del Entendimiento dando lugar a un juicio de conocimiento. O puede unir la representación con el sentimiento y dar lugar a un juicio estético. Es universal y necesario como la ley moral y los principios de la ciencia. No es de ningún modo un juicio particular que sólo me afecta a mí. Como cuando digo “Me gusta el vino de Canarias” (el ejemplo es de Kant).

La belleza.

El Principio de Finalidad es del que se sirve para explicar los juicios estéticos. Habiendo dicho que es un principio regulativo, queda establecido entonces que no se refiere a la realidad  en sí misma. Si decimos “La rosa es bella”, no estamos adjudicando a la rosa la propiedad de la belleza, no estoy diciendo nada de la rosa. En esto ya nos hemos separado de la estética objetivista de tipo platónico. En realidad lo que estoy haciendo al enunciar este juicio es manifestar un sentimiento de placer. La belleza es un sentimiento, algo del sujeto. En este juicio no se una el concepto rosa con el concepto belleza, sino que se une la representación de la rosa directamente con el sentimiento de placer.

Pero el juicio estético no es un juicio individual de gusto como cuando digo “La rosa me gusta” que sólo me afecta a mí. Tiene una necesidad y universalidad como un juicio matemático “Dos es uno más uno”. ¿Cómo es posible? Averiguando este problema, habremos alcanzado en la esfera de los sentimientos lo ya establecido en el conocimiento y en la ética: la validez universal.

Kant recurre al Principio de Finalidad. Veamos:

1) La representación del objeto bello que me proporcionan los sentidos me muestra una unidad en sus partes, cada parte es un medio para la unidad del objeto. Es como si hubiera una finalidad, pero no me represento el fin determinado que pueda cumplir este objeto (porque entonces sería un juicio de conocimiento y no uno estético).

2) La representación sensible del objeto muestra en esta finalidad una adecuación al Entendimiento, la facultad de la Razón que interviene en el conocimiento proporcionando los conceptos puros o categorías. Pero el Juicio no une la representación a un concepto determinado (que produciría conocimiento) si no al sentimiento de placer. Cuando hay adecuación entre la Imaginación y el Entendimiento se produce un LIBRE JUEGO ENTRE LAS DOS FACULTADES QUE ES PLACENTERO Y QUE LLAMAMOS BELLEZA. Este es el punto crucial que habría que investigar con más profundidad.

El placer de la belleza es tranquilo, sosegado. Lo que place es la mera representación, no el objeto. No hay ningún interés en la existencia del objeto como lo habría cuando vemos por ejemplo un helado, que despierta nuestro deseo. Esta tesis va contra la Dialéctica del Eros de Platón y será desarrollada por Schopenhauer.

Lo sublime.

Kant estudia otra categoría estética que será importante en la época inminente del Romanticismo. Se trata de lo sublime, y es muy diferente a la belleza. Sublime es un atardecer, unas montañas gigantes, el cielo estrellado, el mar embravecido.

Lo sublime tampoco es una propiedad objetiva de las cosas. Es un sentimiento, y el juicio que lo expresa es universal y necesario. Las representaciones de los objetos que llamamos sublimes no son puestas en relación con la facultad de las categorías, el Entendimiento, sino con las Ideas de la Razón. Una Idea de la Razón es un concepto que no es aplicable a la representación sensible, por lo que no entran nunca como constitutivo del conocimiento. Ejemplos son Dios, Libertad, Alma, Mundo como totalidad. ¿Cómo es esta relación entre la representación y la Razón? De inadecuación, la representación no es apta para ser determinada por la Idea. Aquí no hay libre juego entre facultades, sino una conmoción que produce una mezcla de dolor y placer (tesis, ésta, que sería muy fructífera si se estudiara desde el punto de vista del psicoanálisis) que podemos llamar admiración y respeto. El placer desinteresado es a la belleza lo que el respeto es a lo sublime.

La representación de algo sublime produce una suspensión, conmoción y elevación del espíritu hacia las Ideas de la Razón. Aquí sí hay una dialéctica que Hegel sabrá aprovechar. Porque lo sublime es, en definitiva, no el mundo, sino la Razón: Sublime no es el Cielo Estrellado, sino la Ley Moral.