La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

Firma de Acuerdo de Paz Colombia-FARC (Imagen: Presidencia de la República Mexicana CC BY 2.0)

La (falta de) paz en Colombia

Juan Manuel Santos fue excesivamente complaciente con las Farc al concederles todo lo que ellos le exigían, sin reciprocidad a cambio.

Al analizar la correlación existente de causa a efecto como resultante de lo que se llamó “acuerdo de paz” en Colombia entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las Farc, hay que decir que de principio a fin este proceso dejó diversas dudas en el sentir de los colombianos sobre el manejo dado por parte del gobierno. Primero, por el innecesario hermetismo por falta de comunicación a la opinión pública respecto a lo que estaba sucediendo en La Habana (Cuba), sitio de las conversaciones entre delegados del gobierno y representantes de las Farc. Los colombianos se enteraban por medios no oficiales de preocupantes concesiones que el presidente Santos, comprometiendo al Estado colombiano, le hacía a las Farc, y la única forma de pronunciamiento presidencial consistía en decir que el acuerdo iba a ser sometido a la aprobación de los colombianos a través de un plebiscito (pero sin antes hacer una pedagogía clara sobre el contenido del acuerdo, especialmente en lo concerniente a las concesiones). Plebiscito que luego perdió en las urnas porque el pueblo le dijo NO a ese acuerdo, y le dijo NO justamente por las graves preocupaciones sobre esas concesiones que el gobierno hacía ante las exigencias de las Farc; y, en segundo lugar, por lo que se conoció como insignificantes obligaciones que debían cumplir las Farc respecto a la verdad, justicia, reparación a las víctimas, y no repetición de la violencia. 

Significado de la la paz

Hablar de paz tiene una significación tan amplia y magna que con gran razón se le define en la naturaleza de su propia filosofía como “el bien supremo de la humanidad”. Dentro de este contexto, cuando por condiciones contradictorias y adversas entre seres humanos la paz no existe, generalmente por motivaciones sociopolíticas, entonces se hace imperativo encausar voluntades en su búsqueda, pero para que esa misión pueda ser eficaz en lograr su objetivo, esas voluntades tienen que estar provistas de valiosa inteligencia para poder encontrar el sendero apropiado, libre de egoísmos personalistas, donde se logre un balance conceptual que permita establecer un ambiente de equilibrio y entendimiento racionales en términos de diálogo para poder obtener el resultado final que es la verdadera paz. Lo anterior implica que, en materia de concesiones tiene que existir el equilibrio necesario como disposición de ambas partes para garantizar la solidez de lo actuado en el proceso, y para que lo construido parta de una fuerte estructura que garantice la fortaleza del resultado final cuando se firme un acuerdo de paz. Como “bien supremo de la humanidad”, es imperativo buscarla como reacción a una conducta consciente que obedece al instinto de conservación de la humanidad. 

Concesiones a las Farc

Juan Manuel Santos fue excesivamente complaciente con las Farc al concederles todo lo que ellos le exigían, sin reciprocidad a cambio, y así no se hace paz. Algunas de las concesiones fueron: una especie de reforma agraria de 10 millones de hectáreas, participación política de las Farc con ventajas y regalándoles 10 curules en el congreso de la república, el delito de narcotráfico les fue perdonado al convertirlo en “delito conexo al delito político”, perdón al secuestro y desaparición de colombianos, saneamiento judicial a las Farc hasta por delitos de lesa humanidad, y, para consolidarles la impunidad total, les concedió la creación de una jurisdicción de justicia, denominada Justicia Especial para la Paz (JEP), la cual se encarga de examinar sus expedientes con la advertencia que no pagarán un solo día de cárcel porque así quedó estipulado en el acuerdo, y serán sanciones simbólicas. Aun así, casi al cumplir 5 años de vigencia (2016-2021), la JEP no ha producido la primera sentencia. Lo que pareciera contradictorio en todo este escenario es que a las Farc no se les puede endilgar responsabilidad por las concesiones obtenidas, ellos estaban en su derecho de ir a las negociaciones en plan de exigir cuanta cosa fuera posible en favor de sus propios intereses, pero obviamente dependía de quien tenía la facultad de aprobarlas o negarlas, y efectivamente consiguieron más de lo que seguramente se imaginaban, con la autorización de Juan Manuel Santos. 

Desconocer el plebiscito

El entonces presidente Santos, consiguiendo a su manera la colaboración del Congreso y de la Corte Constitucional, cometió un atropello contra el mandato superior de la voluntad del pueblo, y contra la Constitución de la República, al desconocer lo ordenado en las urnas que le dijo NO al acuerdo firmado con las Farc, por las razones expresadas. Colombia en su historia republicana no había tenido un antecedente de esta naturaleza tan grave institucionalmente, ni lo volverá a tener.

Resultado

Al no haber justicia no puede haber paz. Lo que finalmente resultó fue que las Farc quedaron divididas en dos grupos: grupo político y grupo armado, a quienes les llaman “disidencias” y quienes confirmaron públicamente que siguen en su actividad subversiva. Estos últimos continúan delinquiendo con actos de violencia, y con el negocio del narcotráfico, comandados nada menos que por las personas que firmaron el “acuerdo” con Santos. La paz no se consigue buscando favorecimiento de intereses personales, y aquí lo que quedó como conclusión fue un inmerecido premio Nobel al señor Santos, conseguido a base de concesiones a las Farc y publicidad internacional.