La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

(Imagen: Will Folsom CC BY 2.0)

La Historia como arma: la Leyenda Negra y su uso político en Hispanoamérica


La “Leyenda Negra” antiespañola es una simple excusa, y siempre lo ha sido. En el tiempo presente es otra demostración de la utilización de la Historia como instrumento para esconder o justificar posiciones y actuaciones políticas del presente, distrayendo la atención de los problemas internos, o legitimando regímenes políticos rupturistas. Lo fue en su génesis propagandística contra la Monarquía hispánica por sus enemigos europeos allá por los siglos XVI y XVII, en busca de controlar sus territorios (y no “liberarlos”), y lo sigue siendo hoy como efectiva arma de movilización partidista contra la herencia ibérica (y por ende occidental en otro ámbitos) a la que se acusa, casi surrealistamente, de los problemas estructurales de una región. Al respecto, observamos como muchos países hispanoamericanos y muchos de sus líderes políticos la utilizan casi sistemáticamente, cuando se demuestra cada día el fracaso de su gestión, cuando quieren romper con el pasado para perpetuarse en el poder, cuando quieren legitimarse como fundadores de un nuevo sistema “originario” de tintes autoritarios, o cuando quieren echar la culpa de los problemas no a las élites actuales que gobiernan sino a supuestas herencias que no gobiernan.

Importa, demasiado, el pasado. Por ello es necesario recurrir a la Historia como arma, al servicio de una política que descontextualiza el devenir, que no estudia los hechos en sus luces y sombras sino solo aquello que interesa ideológicamente, que sacraliza unos acontecimientos y omite otros, que genera génesis legitimadoras e ideológicas, que borra símbolos pasados pero no problemas presentes, que rompe lazos evidentes para inventar sus propios lazos políticos, y que intenta rendir cuentas de un pretérito que ya no existe. Se sacan los errores de la la primera Globalización moderna, en el caso de la “Leyenda Negra”, aunque sobrevive la realidad cultural heredada; y se critica también la Globalización posmoderna, conectándola como es lógico con esa misma “Leyenda”, aunque se aceptan sus modas ideológicas y tecnológicas y se dejan a millones de sus ciudadanos sin derechos y oportunidades por instituciones vigentes parece que fallidas. El presente, parece, poco importa.

Necesidad, ya advertida por Orwell, para reinventar una y otra vez los motivos para llegar al poder o para conservarlo. Una Historia interminable de afrentas, y no de soluciones. En México, con tasas de violencia pocas veces conocidas, el gobierno del “criollo” AMLO primero busca, ni más ni menos, que España pida perdón quinientos años después por la Conquista (sin renunciar a la civilización que los pueblos hispánicos de la Edad Moderna, y no España, llevaron a esas tierras), y después festeja por todo lo alto al Imperio mexica olvidando la naturaleza teocrática del mismo, escondiendo la vulneración de los derechos humanos bajo el mismo, y sin atender a los verdaderos y presentes pueblos indígenas en su país sometidos a enormes tasas de marginación y desempleo. En ciudades hispanoamericanas fundadas por castellanos, donde se habla su idioma, sus apellidos predominan y se vive en edificios y no en cabañas, turbas lideradas por nietos de criollos derrumban estatuas de conquistadores hispanos pero dejan en pie de la conquistadores precolombinos (recordemos cómo los incas dominaron a sangre y fuego a sus vecinos acllahuiza, condesuyo, huancas, tarmas, cajamarcas, cañaris, collas y lupacas; o como los mexicas sometieron con dureza a chalcas, colhuas, tepanecas, tlahuicas, tlaxcaltecas, xochimilcas). Y, asimismo, líderes de Argentina, Perú o Venezuela, en países con brutales niveles de pobreza que alcanzan a la mitad del país, sacan sistemáticamente la “Leyenda” para atraer a esas masas de descartados por su propia nación, prometiéndoles ucronías indigenistas o utopías neo-indigenistas (más como banderas o etiquetas urbanas) que siguen dejando a los verdaderos indígenas en la sombra o en la pobreza (cuando las naciones hispanoamericanas nacieron bajo el poder de “libertadores” criollos y sobre las fronteras de virreinatos y audiencias del viejo Imperio hispánico).

Desde la propia Hispanoamérica, el analista y profesor argentino Marcelo Gulló demostraba la naturaleza instrumental, sin complejos y con fuentes solventes, de esta “Leyenda Negra”; y lo hacía en su obra Madre Patria. Desmontando la Leyenda negra desde Bartolomé de las Casas hasta el separatismo catalán (2021), donde analizaba detalladamente la construcción política de la misma y sus usos políticos e ideológicos que buscaban la división y el enfrentamiento al servicio de caudillos que solo pensaban en sus proyectos oligárquicos.

La Historia, repetimos, no es “memoria histórica”. Una busca reinterpretar el pasado para sacar lecciones que enseñar, y otra busca encontrar en el pasado la clave de la legitimación del poder presente. Una quiere establecer puentes entre generaciones, y la otra enfrentarlas. Así de claro. Porque la Conquista y evangelización de América por los pueblos hispánicos, como todas en nuestro recorrido civilizatorio (incluida la reciente neocolonización globalista, totalmente ajena a la supuesta mentalidad cultural indígena pero asumida sin rechistar en muchos aspectos por dichos gobiernos, como la llamada “ideología de género”) es un hecho del pasado del que aprender, en sus excesos y en sus aportaciones, y no un medio para enemistar a pueblos y ciudadanos hermanados por lazos culturales y sociales muy profundos a uno y otro lado del Atlántico.

Emigrantes que fueron y que llegan, historias compartidas de éxitos y fracasos, familias que se crean entre unos y otras, singulares mestizajes propiamente hispanoamericanos, lengua que se comparte con acentos y hablas diversas. Un pasado presente entre España y América,  que debiera fundarse en la verdad de una Historia real, siempre compleja, de ciudadanos que buscan la fraternidad, y no de una reinventada por poderes que buscan, simplemente, enemigos. Magistra vitae.