La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

La necesidad de sentirse útil

Sentirse útil es un motor que impulsa la vida de las personas, ya sea aportando puntos de vista o ayudando al prójimo.

“La obra humana más bella es la de ser útil al prójimo.” (Sófocles)

Día a día, realizamos muchas tareas y actividades en nuestro plano personal y también profesional pero, ¿qué es realmente sentirse útil?

Hace unos años era muy común encontrarse con el término workaholic, que se utiliza concretamente para hacer referencia a las personas que son adictas al trabajo, lo cual ya tiene ciertas implicaciones negativas debido a que dicha fascinación, por llamarlo de alguna manera, no da espacio para otra serie de actividades enriquecedoras y de disfrute general como lo son, practicar un hobby durante el tiempo libre, nutrir la vida social, participar en la convivencia familiar o desarrollar una nueva habilidad.

Somos seres humanos, no máquinas programables para llevar a cabo una serie de encomiendas de manera predeterminada.

Antes que todo, somos seres humanos, no máquinas programables para llevar a cabo una serie de encomiendas de manera predeterminada. Trabajar bajo el modelo multitarea, multitasking, no es sentirse útil, aunque así lo parezca y busquemos llegar a serlo mediante el trabajo, es simple y llanamente, en todo caso querer ser productivo (con ciertos matices).

Sentirse útil es un motor que impulsa la vida de las personas, ya sea aportando puntos de vista o incluso ayudando al de al lado en una situación pertinente, esto nos alimenta, y por paradójico que pueda parecer, la recompensa que se recibe en la gran mayoría de los casos no es monetaria, sino personal, de manera intrínseca, por el bienestar que causa dentro de cada uno.

En otras palabras, es una sensación que genera satisfacción, sin presión y estrés. Saber que podemos crear algo que beneficie al resto, y que a su vez nos conecta de modo profundo con la sociedad a la que sentimos que pertenecemos, nos hace sentir valiosos, importantes, estrechamente vinculados y reconocidos.

En los grupos de voluntariado, en escuadrones de ayuda humanitaria y en los servicios a la comunidad existe un digno y admirable ejemplo de logro.

No es difícil observar que en los grupos de voluntariado, en escuadrones de ayuda humanitaria y en los servicios a la comunidad existe un digno y admirable ejemplo de logro, prestigio y reconocimiento, pero también se encuentra la necesidad de sentirse útil, de ser de ayuda y beneficio para quienes requieran de una mano amiga, conocimientos, esfuerzo y bondad.

Pirámide de Maslow

La psicología humanista tuvo un fundador y precursor con grandes aportes en este tema que tiene mucho que ver con la motivación desde diferentes aspectos de la vida, él es Abraham Maslow, psicólogo que postuló, entre las investigaciones que ganaron mayor notoriedad, dos teorías: la autorrealización y la pirámide de necesidades humanas.

Maslow dimensionó esta escala en base a una serie de necesidades básicas y prioritarias en la naturaleza humana, y la satisfacción que éstas generan en cada ser humano al ser cubiertas.

Por otra parte, si de lo contrario, alguna de estas necesidades eran insatisfechas, ocasionarían una inminente alteración en la conducta y desarrollo emocional de la persona.

Al igual que las necesidades más primarias y fisiológicas son importantes, del mismo modo aquellas que guardan relación con el nivel de afiliación y reconocimiento son fundamentales.

Entonces, al igual que las necesidades más primarias y fisiológicas, como lo son respirar, descansar o alimentarse, son importantes, del mismo modo aquellas que guardan relación con el nivel de afiliación y reconocimiento son fundamentales ya que edifican el potencial individual y de grupo, la armonía interna y posteriormente la autorrealización. La necesidad de sentirse útil forma, inherentemente, parte de estos dos niveles y de nuestros propósitos personales.

Si retrocediéramos un par de años, podremos darnos cuenta, desde que éramos pequeños, en una etapa temprana cuando asistíamos al kindergarten o preescolar, buscábamos estrechar lazos, crear vínculos, o como comúnmente se le dice, hacer amigos. 

Inclusive se nos inculcaba la importancia de formar parte, mediante actividades grupales, la cooperación con los demás, ya sea por medio de juegos, participación en clase o actividades artísticas y deportivas debido a que éstas, han sido las bases determinantes de la transición que viven los pequeños desde su hogar a una nueva cotidianidad y realidad que es la vida escolar, y por ende, la integración social que es prioridad en todo sano y buen desarrollo de la personalidad y conducta humana.

De manera contraria, ¿qué haría un niño cuando no ha llegado a formar parte de un círculo de amigos? Se siente solo, nada le motiva, asistir a la escuela le dirige a la tristeza, el sentimiento de desarraigo se hace presente. Esto sucede porque va en contra de sus raíces sociales el hecho de no sentirse valorado, respetado y útil en el sentido de que se reconozcan sus habilidades y fortalezas.

Mantener el sentido de pertenencia, reconocer de primera mano que podemos hacer algo, encontrar nuestra motivación y qué es lo que queremos, contribuye a sentirnos útiles, y al mismo tiempo siempre nos retribuye. 

Repercutir, es influir, y si es de manera significativa y positiva, posibilita ser nosotros mismos, nos mantiene en un mundo lleno de retos, pero también de ilusión y progreso frente a los desafíos en cada etapa de nuestro desarrollo.