La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

Liberalismo y moral: una relación compleja

Si en las cruzadas los templarios hubieran tenido fusiles de asalto automáticos, vehículos blindados, gas mostaza o armas nucleares, lo más probable es que hubiese habido un gran aumento en el número de víctimas, y no por ser religiosos, claro, sino por esos avances tecnológicos y armamentísticos. 

Mientras leía el artículo de Sergio Velasco de “El problema de algunos liberales y libertarios”, estuve pensando y reflexionando sobre él, y decidí escribir una respuesta, dando mi opinión sincera sobre los temas que toca. 

En la mayoría de cosas creo que tiene bastante razón, los liberales y libertarios que hacen activismo de una u otra forma, por lo general, pecan de ser muy “economicistas”, dejando temas sociales y culturales de lado, así como otros asuntos, como el lugar que debe ocupar la moral dentro del liberalismo y libertarismo. 

También es verdad que defender ciertos valores conservadores a día de hoy parece estar demonizado por algunos sectores de la sociedad, y no necesariamente de personas de ideologías opuestas. Sergio Velasco denomina a las personas liberales y libertarias que hacen esto “liberprogres”. 

Personalmente también pienso que cierto es que muchos sectores creen que querer una familia tradicional con un estilo de vida tradicional es una vuelta a los comportamientos de los años 1950 para tener el mismo trato que se tenía en la época hacia a las mujeres, y otras actitudes cuestionables del momento. 

Obviamente están muy equivocados. Velasco afirma que éstos suelen ser relativistas morales, para quienes “no existe el bien y el mal, todo es subjetivo y dependiendo de donde se mire puede ser una cosa u otra, siempre que el Estado no intervenga”. Aquí es donde empiezo a disentir. 

La mayoría de los “liberprogres” con los que he tenido la oportunidad de conversar, no dicen que el bien y el mal no existan, sino que el bien y el mal son valores no absolutos; es decir, dependen del punto de vista, pero existen. Un posible ejemplo podría ser una simple guerra. Los soldados de ambos bandos creen ser los “buenos” y estar luchando por “el bien”, ninguno piensa que son los malos (por lo general al menos). Entonces, ¿no hay “malos”? ¿son todos “malos”? ¿son todos “buenos”? 

Algunos como solución al ejemplo que he puesto podrían alegar la opinión de una tercera y cuarta parte que no estén metidas en el conflicto, el problema viene cuando vemos que esas dos partes (por sus respectivas culturas) no se ponen de acuerdo en quién es el “bueno” y quién es el “malo”. 

Otro ejemplo sería el aborto, los provida damos prioridad a la vida del nasciturus, porque consideramos que la vida es el derecho más importante y que debe prevalecer ante el resto, siendo el aborto una respuesta no equivalente a la intromisión en tu cuerpo (por parte del nasciturus), el cual es tu propiedad por el principio de autopropiedad, argumento que suelen utilizar los proaborto. ¿Acaso los proaborto creen que están haciendo “el mal”? Todo lo contrario, creen estar haciendo un bien, a pesar de que desde la perspectiva de los provida, están haciendo un mal irreparable. 

En su artículo, Velasco comenta que las personas que dicen que “la moral no da de comer” resaltan la parte más progresista del liberalismo. Estoy de acuerdo en que esta tendencia de restar importancia a la moral es un verdadero problema, pero al menos en mi caso, creo que el problema radica en que en vez de debatir, hablar y dialogar sobre estos temas tranquilamente, ciertas personas en muchas ocasiones prefieren tachar a los que le damos una mayor importancia a la moral de “pseudo liberal/libertario”, de “falso liberal/libertario”, o incluso en ocasiones “conservador de closet” (aunque recalco que esto no lo hacen todos los liberales/libertarios “progresistas”). 

Son temas que podrían hablarse y debatirse de una forma tranquila y ordenada, pero nos vamos dejando llevar por lo fácil y rápido. Descalificaciones personales, ad hominems, insultos… sin tocar el problema real en ningún momento. 

También concuerdo con el autor en que una sociedad puramente progresista puede que no funcione del todo bien a largo plazo, aunque la razón que da la veo insuficiente para hacer dicha afirmación, ya que da el argumento de que en una sociedad progresista se obstruiría un gran principio del capitalismo; en este caso, el ahorro. Aquí creo que erra por una sencilla razón, y es que, en mi opinión, puede pecar de lo que comentamos al principio, lo economicistas que podemos llegar a ser los liberales y libertarios. 

Debo aclarar que no tengo estudios en economía y mis conocimientos son escasos en esta materia (tanto en la parte práctica como en la teórica). Sin embargo, creo que una sociedad que se base en un sistema económico de libre mercado y que base su sociedad en unos principios “progresistas” que tiendan al hedonismo, no necesariamente significa que no respeten esos principios económicos del capitalismo. 

Por ejemplo, una persona progresista en un sistema de libre mercado, podría ahorrar una parte de su salario al mes, pagar los gastos “obligatorios” que tenga (comida, agua, alquiler, imprevistos, etc.) y después de haber ahorrado una cantidad que él mismo haya determinado (por ejemplo, un 20% de su salario), el resto del dinero que no vaya destinado ni al ahorro ni a esos gastos obligatorios pueda ser utilizado para la compra de productos o servicios que podrían ser reprobables moralmente por parte de una sección de la sociedad que tenga una moral más conservadora, estando entre estas actividades el consumo de drogas o estupefacientes y la contratación de servicios como la prostitución. 

Por lo tanto, creo que mezclar la economía y los posibles valores morales de una sociedad progresista no es razón suficiente para que a pesar de que exista una sociedad de valores progresistas, esto impida y obstruya un pilar fundamental del capitalismo, como puede ser el ahorro, a pesar de que economía y valores sociales puedan tocarse y relacionarse en muchas ocasiones. 

En mi caso, prefiero usar el conocido argumento que dió Miguel Anxo Bastos sobre una sociedad de “drogados y borrachos”, solo que adaptándolo al tema que estamos tratando: 

El libertarismo es una ideología de proceso. Me dice que yo no lo puedo agredir a usted y que usted no me puede agredir a mí. Es una ideología con respecto a los demás. 

Pero no nos dice cómo llevar la propia vida ni nos informa de cuál es la forma de vida que puede generar una sociedad más o menos estable o generar una sociedad más o menos próspera. 

Obviamente, por ejemplo, el libertarianismo no prohíbe a nadie que se drogue ni que se emborrache. Pero yo si tengo una sociedad de borrachos y de drogados pues no creo que sea muy próspera.” 

Si sustituimos ciertas partes con elementos del tema que estamos hablando aquí, podríamos tener un argumento para poder afirmar que unos valores progresistas en una sociedad podría hacer que ésta decaiga por sí sola. 

Luego vemos que Velasco en su artículo comenta que ciertas acciones y estilos de vida (como tener una familia tradicional, o tener un estilo de vida acorde a una religión) están demonizados por buena parte de los liberales y libertarios (punto en el cual estoy muy de acuerdo), como si esto implicase la imposición de dichos estilos de vida, nada más lejos de la realidad. 

También está la moda de “realizarse”, que como tal no es algo negativo ni perjudicial, pero el problema radica en cómo se enfoca dicha realización, en ocasiones llegando a una pérdida del control de uno mismo y una pérdida del control de la responsabilidad, llegando así a una forma de hedonismo extremo que inhibe la capacidad de saber cuándo parar, así dejando todo raciocinio de lado. Visiblemente, tanto el autor como yo coincidimos en gran medida en este aspecto. 

A continuación nos comenta al extremo que llevan ciertas personas el individualismo, llegando incluso al atomismo social, el cuál es un grandísimo problema, algo que ya nos menciona Juan Ramón Rallo en su libro “Liberalismo: Los 10 principios básicos del orden político liberal”, y nos advierte de no confundir ambos conceptos: 

“El individualismo no equivale al atomismo social porque es perfectamente compatible considerar al individuo como el centro del análisis moral y, a la vez, reconocer que los grupos existen […], el individualismo político solo sostiene que aun existiendo grupos, el orden político debe evaluarse según sus repercusiones sobre el individuo y no sobre el grupo.” 

Justo a continuación, el mismo Rallo menciona una cita de Ludwig von Mises de “El socialismo. Análisis económico y sociológico”: 

“El hombre es inconcebible como ser aislado, porque la humanidad no existe sino en cuanto es un fenómeno social, y el hombre ha pasado la etapa de la animalidad en la medida en que la acción en común ha estrechado lazos sociales entre los individuos. El paso del animal humano a la persona humana sólo ha podido efectuarse mediante la formación de grupos sociales y en el seno de ellos. El hombre se eleva por encima del animal en la proporción en que se hace social.” 

Finalmente, Velasco nos habla de la religión, contándonos que muchos liberales y libertarios dicen que la religión debería ser algo ya superado. El problema de esos liberales y libertarios es que ven la religión como algo negativo, como una amenaza a la libertad del individuo como si esto fuese a usarse como excusa para transgredir la libertad del prójimo, cuando la mayoría de personas creyentes solo quieren poder profesar su fe, sin buscar una imposición forzosa de dicha religión. 

En mi opinión, ese punto de vista es completamente errado, ya que no es cuestión de superar o no, sino una cuestión de creencia y fe, no hay nada que superar, y mucho menos es esto una amenaza contra la libertad de nadie. Pero aquí la respuesta que le da el autor a esta problemática me parece sumamente equivocada. Su respuesta es “que los movimientos más sanguinarios han sido aquellos que eran ateos, tanto el nacionalsocialismo alemán como el socialismo soviético”. 

Al afirmar esto, Velasco hace un uso algo falaz de la historia, ya que hay que tener en cuenta que tanto las dos Guerras Mundiales como cualquier tipo de represión sistemática ocurrida en cualquier país existente en el siglo XX tiene una mayor cantidad de víctimas y perjuicios no por el hecho de ser ateos, sino por los avances tecnológicos y armamentísticos de la época. Si en las cruzadas los templarios hubieran tenido fusiles de asalto automáticos, vehículos blindados, gas mostaza o armas nucleares, lo más probable es que hubiese habido un gran aumento en el número de víctimas, y no por ser religiosos, claro, sino por esos avances tecnológicos y armamentísticos. 

En resumen, creo que Sergio Velasco ha hecho un muy buen artículo, y ha sido muy acertado en la mayoría de su redacción, pero hay ciertos puntos donde disiento, ya sea en la afirmación que hace o en los argumentos que usa para sustentar sus puntos.