La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

(Imagen: @vox_es)

Líderes y pálpitos

Que la delegación de Vox haya empezado su gira europea en la capital húngara (antes de visitar la polaca) transmite un mensaje claro y alto.

Apenas hace tres años que un servidor hizo la primera entrevista internacional con Santiago Abascal, entonces líder de un grupúsculo político que no tenía representación en ninguno de los órganos de la democracia española. Sin duda, Vox contaba con el apoyo de destacados intelectuales, así como de sus numerosos afiliados, pero nada señalaba que el partido fuese a superar el umbral parlamentario en un futuro no muy lejano. 

En aquel tumultuoso hotel de Sevilla, entre el vaivén de toreros y aficionados, Abascal expresaba sus ideas con gran elocuencia y profunda convicción. Dado que la entrevista era para un periódico húngaro, también le pregunté sobre temas relacionados con Hungría, pero, en realidad, casi no hacía falta: él no sólo hablaba con mucha simpatía de Viktor Orbán, sino que también le preocupaban los mismos problemas que al primer ministro húngaro. 

A pesar de la gran sintonía entre el político español y el líder húngaro, una reunión entre ellos hubiera parecido fuera de lugar. Simplemente, no jugaban en la misma liga. Tras la reunión con Abascal, mi mujer, que suele mostrar poco interés por la política, me dijo: “Este hombre llegará lejos. Tengo un pálpito.” Una observación a la que yo, experto analista de la política internacional, contesté con una benévola mueca condescendiente. 

La derecha española, en busca de modelos y soluciones a la crisis de Ceuta, no mira hacia París, Berlín o Bruselas, sino hacia Budapest (y Varsovia).

Esta mañana, al cabo de menos de tres años, Santiago Abascal, presidente de la tercera fuerza política de España, fue recibido por Viktor Orbán en Budapest en el Palacio Real. Un encuentro tan simbólico como práctico, cuya agenda incluía los desafíos más urgentes de nuestro continente, entre ellos la inmigración ilegal. Que la delegación de Vox haya empezado su gira europea en la capital húngara (antes de visitar la polaca) transmite un mensaje claro y alto: la derecha española, en busca de modelos y soluciones a la crisis de Ceuta, no mira hacia París, Berlín o Bruselas, sino hacia Budapest (y Varsovia). 

Magyar Nemzet, que podría considerarse como el diario semioficial del Gobierno, presenta a Abascal como el “líder de la derecha española”.

Sin embargo, esta vez, no sólo Vox observa con simpatía las políticas del Gobierno húngaro, sino que la afinidad parece ser mutua. Para detectarla, más allá del boato del protocolo, uno debe fijarse en lo que dice la prensa húngara. Con la excepción de unos medios progresistas que se refieren a Vox como “derecha radical”, la mayoría de los periódicos resalta los valores “democratacristianos” del partido, mientras Magyar Nemzet, que podría considerarse como el diario semioficial del Gobierno, presenta a Abascal como el “líder de la derecha española”. Todo indica que, tras abandonar el Partido Popular Europeo, Viktor Orbán tampoco tiene dudas al respecto. 

Quién lo hubiera dicho, tres años atrás en aquel hotel sevillano. Santiago Abascal ha llegado lejos, hasta las orillas del Danubio. ¿Quieren saber si un día también llegará a Moncloa? Pues olvídense de Tezanos, y consulten el oráculo de mi señora esposa.