La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

La ciudadela de Visegrado, Hungría (Civertan CC BY-SA 4.0)

“Los chicos malos” de Europa

No deja de ser paradójico que “los chicos malos” sean precisamente los que tratan de defender la tradición y el legado de Europa.

Así los definió la BBC en 2018. El titular añadía un dato inquietante: “desafían a Francia y Alemania en la Unión Europea”. Alguien que desafía a los más poderosos merece siempre algo de atención. Conozcamos, pues, a los países del Grupo de Visegrado.

Todo empezó con un encuentro.

En 1335, Carlos Roberto, rey de Hungría, invitó a los demás reyes de Europa Central a un encuentro en el palacio de Visegrád (o Visegrado). Acudieron el rey Casimiro III Piast de Polonia y Juan I de Bohemia. De allí salió un pacto de no agresión y un compromiso de colaboración mutua. Fue una etapa nueva de unas relaciones muy antiguas. Toda la cuenca del Danubio se benefició de aquel pacto. Pocos años después, Segismundo unificaría en su persona las coronas de Hungría y Croacia, Bohemia, Italia y el Sacro Imperio Romano Germánico. Con una lucidez admirable, trató de conjurar la amenaza otomana y de organizar a las potencias de Europa para hacerle frente. Los pueblos de este espacio que va del Báltico a la cuenca del Danubio, defendieron Europa en Belgrado (1456), en Mohács (1526), en Eger (1552) y así durante más de dos siglos hasta las victorias decisivas a las puertas de Viena (1683) y frente a los muros de Buda (1686), donde -por cierto- combatieron 300 españoles, que fueron los primeros en asaltar las fortificaciones otomanas. No los arredraron las derrotas ni los cegaron las victorias. Ellos ya estaban en el corazón de Europa antes de que la Unión Europea fuese siquiera un sueño.

Los tres países salían de la larga noche del comunismo: las cárceles, las policías secretas, la propaganda y el adoctrinamiento, los juicios farsa, el imperio de la mentira…

Más de seis siglos después de aquel encuentro, en 1991, los jefes de estado y de gobierno de la República de Hungría, la República de Polonia y Checoslovaquia rememoraron aquella cita en Visegrado. Los tres países salían de la larga noche del comunismo: las cárceles, las policías, secretas la propaganda y el adoctrinamiento, los juicios farsa, el imperio de la mentira… En fin, como decía, el comunismo. Otro imperio había caído y ahí seguían los pueblos de Europa Central. Los comunistas tampoco habían podido con ellos. Así nació el Grupo de Visegrado, “los chicos malos” que tanto inquietaban a la BBC.

Inquietan porque desafían las convenciones y porque, al final, resultan ser europeístas a carta cabal.

Los países de este grupo siguen defendiendo la soberanía de los Estados nacionales, la independencia de sus parlamentos, la necesidad de tener Estados fuertes para que la Unión sea fuerte y la importancia de la seguridad para que la libre circulación funcione. Inquietan porque desafían las convenciones y porque, al final, resultan ser europeístas a carta cabal. Sin ellos, queda amputada la historia de Europa. Desde Gdansk hasta Debrecen, en este espacio cultural se han escrito algunas de las páginas más luminosas de la historia de Occidente. No deja de ser paradójico que “los chicos malos” sean precisamente los que tratan de defender la tradición y el legado de Europa. Naturalmente que estos países tienen entre sí notables diferencias, pero simbolizan el fondo común de la cultura de un continente.

En esta columna semanal hablaremos de la política, la cultura y la historia de este espacio donde late el corazón de Europa. A veces, caminaremos más allá de sus confines. Nos dejaremos caer por el mundo germánico o dirigiremos nuestros pasos hacia los Balcanes. Otearemos, desde la distancia, la otra orilla del Rin y giraremos la vista para divisar el Big Ben, las cúpulas doradas de las catedrales del Kremlin o los alminares de Estambul.

Eugenio Montes escribió que “hay países, como Portugal, que han nacido para ir por esos mundos de Dios. Otros, como Bélgica, parecen haber nacido para que esos mundos de Dios pasen por ellos”. Nosotros, aquí en Visegrado, estamos en la encrucijada de todas las rutas.

Los espero la semana que viene.