La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

(Imagen: United Nations Photo CC BY-NC-ND 2.0)

Los derechos (in)humanos

Los derechos humanos, al ser de carácter eurocéntrico, no terminan de encajar con la concepción de derechos fundamentales de otras culturas.

Desde hace no poco tiempo, se ha estado utilizando en política y especialmente la izquierda el concepto «Derechos Humanos´´ para justificar medidas que en mayor o menor medida pueden agradarnos, pero para lograr entender a lo que posteriormente me referiré, necesitamos una definición.

Según la propia página web de Naciones Unidas, los DDHH son derechos inherentes a todos los seres humanos, sin distinción alguna de raza, sexo, nacionalidad, origen étnico, lengua, religión o cualquier otra condición y establece la obligación de los Gobiernos (apoyados por los Pactos Internacionales) a actuar de una manera determinada o abstenerse de emprender ciertas acciones, para promover y proteger los derechos humanos y las libertades fundamentales de los individuos o de los grupos. 

El origen de estos derechos se halla en el final de la Segunda Guerra Mundial y en la necesidad de lograr una serie de derechos que garanticen la paz, la seguridad y libertad para todas las personas del mundo, siendo su aprobación en 1948. La lista es corta, consta de 30 derechos y en teoría todos los estados miembros deben adaptar su legislación para asegurar que se cumplan, pero ¿realmente han cumplido su objetivo?

Fue Occidente quien impulsó esta idea y se basó, principalmente en la idea de la Libertad, pero en una libertad vista en el propio concepto occidental de libertad.

En primer lugar, hay que destacar que la Declaración tiene, según los musulmanes y los socialistas de la época un fuerte carácter eurocéntrico debido a que fue Occidente quien impulsó esta idea y se basó, principalmente en la idea de la Libertad, pero en una libertad vista en el propio concepto occidental de libertad (democracia, derechos fundamentales, propiedad privada, libertad de mercado, etc.), lo que excluía a todo aquel sistema político que no fuera democrático. De hecho, la URSS y todos los estados del este pertenecientes al bloque soviético se abstuvieron, pues esta declaración podía afectar negativamente a las concepciones sumamente materialistas de los sistemas socialistas. El principal motivo por el que no votaron en contra fue el hundimiento del prestigio nacional. 

Por otro lado tenemos el llamado choque de civilizaciones. Los DDHH, al ser de carácter eurocéntrico, no terminan de encajar con la concepción de derechos fundamentales de otras culturas, y es aquí donde, a mi juicio, está el problema más grave. En Naciones Unidas encontramos 193 estados miembros (El Vaticano no porque es un observador). En estos estados miembros encontramos diversos grupos de afinidad. Por un lado encontramos el bloque occidental, que sí garantiza todos los derechos y que juega con la ventaja de que son ellos en mayor medida los creadores de la declaración. El segundo grupo sería el del bloque socialista y cercanos. En este grupo encontramos algo que me parece cuanto menos curioso, pues se fomenta la «concepción propia sobre los DDHH´´ esto permite a estados como China ser firmante y miembro de NNUU pero para entendernos, ser más flexible a la hora de garantizar los derechos que, en teoría deben estar obligados a proporcionar. Por último encontramos el grupo el grupo musulmán, pero estos fueron a más. Ya después de haber firmado su adhesión a la declaración, en 1990 se sacaron de la manga la llamada «Declaración de Derechos del Islam´´ en El Cairo (Egipto). En ella, se reconoce teóricamente la libertad de matrimonio (aunque no se cumpla en todos los casos) pero no existe el derecho a la libertad religiosa, ya que según su artículo 10, el Islam es la «religión natural´´ y permite la aplicación de la Sharía, incluyendo los castigos físicos. La libertad de expresión tampoco se salva, pues solo se puede permitir lo que coincida con la ley musulmana (art. 22)

Van introduciendo derechos que no tienen nada que ver con los establecidos, para así desvirtuar la propia Declaración y crear un nuevo catálogo afín a su ideología.

Visto esto, pongamos los ojos en nuestra política. Los socialistas y comunistas se dedican a importar población que es tendente a seguir los derechos humanos establecidos en la Declaración del Cairo por lo que a largo plazo, la inmigración masiva procedente del mundo islámico podría dar lugar al rechazo de todos estos derechos. Además, en su propio discurso, van introduciendo derechos que no tienen nada que ver con los establecidos, para así desvirtuar la propia Declaración y crear un nuevo catálogo afín a su ideología. Los ejemplos más conocidos son los relacionados con el cambio climático, la subida de impuestos «para que otros también tengan´´ y todos aquellos «derechos´´ derivados de la mal llamada salud reproductiva e ideología de género.

Todo esto no es más que la exposición de la situación actual de los DDHH y a menos que cambie la situación, el fin del estado de derecho está cada vez más cerca.