La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

Placa conmemorativa en su casa natal en Huesca. (Ecelan CC BY-SA 4.0)

Los males de la patria II: ¿Quién fue Lucas Mallada?

Insistía en la necesidad de reconducir el vetusto enfrentamiento ideológico que había dividido a España desde el reinado de Fernando VII.

“Si en este humilde escrito alguna frase resulta dura, y sobre todo, no es justa, considérese retirada, ya que sólo el amor á la patria y los vivos deseos de verla feliz nos mueven á publicar nuestras ideas.”

En la columna anterior presenté la obra por la que Lucas Mallada y Pueyo es recordado en la filosofía política española, Los males de la patria y la futura revolución española, haciendo hincapié en el conjunto de causas que empujaron a aquél a escribir su obra, siendo considerado, por ello, la avanzadilla regeneracionista junto al también aragonés Joaquín Costa.

Cinco años de distancia separan el nacimiento de Lucas Mallada del gran referente intelectual de la corriente regeneracionista. Nacido en Huesca en octubre de 1841, siendo niño la  familia se trasladó a Zaragoza donde estudió bachillerato. En 1860 se asentaron en Madrid, donde Lucas Mallada empezó la carrera de ingeniero de Minas. Siendo un estudiante del montón, logró hacer prácticas en las minas de Almadén para obtener plaza en Oviedo, donde instruyó en la Escuela de capataces de Langreo, y conoció la minería carbonífera de la zona. En esos años se trasladó a la provincia de Teruel para actualizar su catálogo de minas. Fruto de esa experiencia, participó en la elaboración del Mapa Geológico de España, lo que le permitió tener una visión global de los tipos de suelos del país, así como de su calidad; aspecto este último sobre el que incidió en su obra política.

El impacto de ambas publicaciones en la intelectualidad liberal española elevó su reconocido prestigio; motivo por el que fue propuesto para ocupar un ministerio e, incluso, la alcaldía de Madrid.

En 1879 tomó posesión de la cátedra de Paleontología de la Escuela de Minas, ya que su labor por toda España le había llevado a un notable conocimiento de fósiles y restos prehistóricos. Entonces comenzó su gran labor intelectual, publicando no sólo una síntesis de sus conocimientos técnicos sino reflexiones políticas que desembocaron en 1890 en su obra cumbre. Entre 1897 y 1898 publicó en la Revista Contemporánea la segunda parte con el título La futura revolución española; también conocida como La revolución pendiente. El impacto de ambas publicaciones en la intelectualidad liberal española elevó su reconocido prestigio; motivo por el que fue propuesto para ocupar un ministerio e, incluso, la alcaldía de Madrid. Declinadas ambas ofertas, publicó Cartas Aragonesas dedicadas a S.M. el Rey Alfonso XIII (Est. Tip. de la Viuda e Hijos de M. Tello, Madrid, 1905) en donde incidía nuevamente en las necesidades de acometer las reformas pendientes. Se jubiló en 1910, muriendo once años después.

La figura de Lucas Mallada ha recibido un discreto espaldarazo desde los años ochenta, si bien previamente, en los años cincuenta y sesenta, fue objeto de análisis y reediciones. Desde los años noventa, su constante figura, asociada al regeneracionismo sensato y útil, ha permitido volverlo a situar una vez más entre sus voces más preclaras. Se añade a ello su obra técnica en Minas y Paleontología,  también objeto de homenajes y reconocimientos centenarios.

Lucas Mallada desarrolló su conciencia crítica sobre los problemas que fue encontrándose en comisiones, procedimientos anticuados, la desidia de las administraciones, corrupción o falta de presupuesto.

Precisamente a través de su obra técnica se puede apreciar la vía por la que Lucas Mallada desarrolló su conciencia crítica sobre los problemas que fue encontrándose en comisiones, procedimientos anticuados, la desidia de las administraciones, corrupción o falta de presupuesto. Partidario de una cierta descentralización, algunas de sus propuestas recogidas en Los males de la patria –como la revitalización del medio natural- entonces ya estaban asumidas por otros visionarios cuya trayectoria profesional les empujó a promover la modernización de sus respectivos ámbitos de actuación.

No cabe duda alguna que los artículos de la Revista Contemporánea (1897-1898) fueron los más vehementes en cuanto a la necesidad de acometer reformas sociales, económicas y políticas. Imbuido por el cariz que estaban tomando los acontecimientos respecto a Cuba y Filipinas, Lucas Mallada, reclamó una sensata y objetiva reforma nacional, advirtiendo nuevamente de que ignorarlos conduciría a una crisis tal que abocaría al país al abismo. Como se ha apuntado en alguna ocasión, en ellos insistía en la necesidad de reconducir el vetusto enfrentamiento ideológico que había dividido a España desde el reinado de Fernando VII hacía una especie de tecnocracia radical democrática.

La dureza de algunos artículos –entre los que destaca el último correspondiente a 1898, cuando ya habían llegado a España las terribles noticias de la derrota naval de Cavite- puede apreciarse hoy día, mediante consulta, en la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España. Son las palabras que dedica en el número 111 de aquella revista, en donde criticaba duramente a quienes daban por ganada la guerra contra los Estados Unidos, las que, con la perspectiva histórica actual, nos permite reconocer –amargamente y no sin cierto rubor contemporáneo- lo acertado de las peticiones regeneradoras de Lucas Mallada.