La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

La casa natal de Lucas Mallada en Huesca (Ecelan CC BY-SA 4.0)

Los males de la patria III: Lucas Mallada y los regeneracionistas

El regeneracionismo abarcó el amplio espectro político español, atrayendo tanto a monárquicos como a republicanos; a conservadores como a liberales.

“En medio de nuestro pesimismo, queremos alejarnos de toda exageración, de toda intransigencia de escuela y de todo espíritu de partido. Queremos juzgar á la patria de hoy puestos los ojos en la patria de mañana (…) como nos juzgará la historia dentro de medio siglo.”

Como indicaba en la pasada columna publicada, los artículos de la Revista Contemporánea (1897-1898) dedicados a la revolución pendiente fueron los más vehementes en cuanto a la necesidad de acometer las reformas que necesitaba España. El desastre de las graves derrotas navales sufridas, y la fútil –aunque heroica- resistencia del Ejército en la defensa de los territorios de Ultramar, conllevaron su pérdida y una conmoción en la sociedad española rápidamente transformada en catarsis por la intelectualidad más crítica, que vio en los escritos de Lucas Mallada a uno de sus más iluminados apóstoles regeneracionistas.

Frente al pesimismo de la generación literaria, los filósofos políticos promovieron y defendieron alternativas y soluciones, algunas de las cuales fueron adoptadas años –e incluso decenios- después con bastante éxito.

Conviene recordar que el movimiento regeneracionista fue una corriente filosófica heterogénea y transversal, hoy fácilmente trasuntada en su proyección literaria conocida como en la Generación del 98. Y aunque se identifica con la renovación propuesta como consecuencia del desastre de 1898, lo cierto es que personalidades como Joaquín Costa, Ricardo Macías Picavea y el propio Lucas Mallada habían establecido previamente los patrones de reflexión sobre los problemas de España. También hay que considerar que frente al pesimismo de la generación literaria, los filósofos políticos promovieron y defendieron alternativas y soluciones, algunas de las cuales fueron adoptadas años –e incluso decenios- después con bastante éxito. Igualmente, frente a lo que se podría considerar como un movimiento antisistema, la realidad es que el regeneracionismo abarcó el amplio espectro político español, atrayendo tanto a monárquicos como a republicanos; a conservadores como a liberales, etc. 

La lista de males denunciados por los regeneracionistas fue amplia y variada, y se situó en la línea explicada con respecto a Lucas Mallada. Algunos de sus precedentes se situaban en el siglo XVIII y también en la torpe transformación de España al liberalismo estatal que arrastró corrupción política y caciquismo. También, las desamortizaciones, muy criticadas por Joaquín Costa, por menguar la propiedad comunal y generar más latifundismo y miseria campesina, fueron objeto de denuncia. A ello se unía la desatención educativa y científica; las tensiones regionalistas y la excesiva influencia de la Iglesia católica.

Naturalmente, además de la crítica, el regeneracionismo propuso alternativas y soluciones. Dado que en las siguientes entregas voy a analizar los planteamientos de Lucas Mallada, quiero hacer hincapié en las de sus otros circunstanciales compañeros de viaje, Joaquín Costa y Ricardo Macías. De este último hay que destacar sus propuestas de implementación educativa, sin dejar de lado su crítica al caciquismo y la democracia imperfecta instaurada por Antonio Cánovas del Castillo. Pero fue Joaquín Costa quien se convirtió en el referente del movimiento, merced a su incansable actividad desplegada a lo largo de su vida. Más radical que los dos anteriores, sus propuestas fueron tan amplias –y algunas tan escandalosamente actuales- como la reforma educativa en la línea de Francisco Giner de los Ríos; una mejora de la productividad del campo a través de una reforma agraria y su financiación; el desarrollo de la red de comunicaciones que contribuyera al despegue económico; una legislación social pendiente; la independencia judicial; un municipalismo eficientemente administrador; y, finalmente, una total renovación ética y sistémica de su egoísta y torpe clase dirigente. Joaquín Costa murió en 1911.

Si la obra intelectual de Lucas Mallada le situó involuntariamente en un pre-regeneracionismo a la misma altura que Joaquín Costa, este último gozó de una mayor popularidad y fuerza moral gracias a su capacidad de trabajo que abarcaba un amplio abanico de las ciencias jurídicas y sociales, y a su más activa proyección política. Incluso cabe señalar que aunque los dos se situaban en el republicanismo, fueron capaces de acomodarse al régimen de la Restauración siempre con la esperanza de transformarlo desde dentro y convertirlo en un sistema totalmente democrático. Esto último los hizo figuras muy atractivas que inspiraron a ideologías y políticos del siglo XX con desigual éxito. Contemporáneo a ellos, quizá deba destacarse la figura del conservador Antonio Maura, quien intentó conducir la célebre “revolución desde arriba” de un sistema en el que sus beneficiados se resistían a cualquier cambio. Su fracaso, y el acoso al que se le sometió –conviene también indicarlo-, condenó al régimen constitucional liberal de 1876.