La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

Lucas Mallada y Pueyo

Los males de la patria

Lucas Mallada acometió un análisis realista de los problemas sociales e institucionales que afectaban al exitoso progreso restaurador.

“Cada cual entiende el patriotismo á su manera. Unos, que todo o ven de color de rosa, cantan las excelencias del país en que nacieron (…) Otros, en cambio, que sólo podemos mirar á través de vidrios ahumados, vemos todas las cosas con tintes sombríos (…) España es uno de los países donde más rige la pasión que el raciocinio”.

El último cuarto del siglo XIX fue un momento realmente extraordinario de la Historia de Occidente. El frenético desarrollo material resultado de la Revolución Industrial se tradujo en una expansión de la mano de una rica variedad de sistemas políticos competentes entre sí, no para imponer su modo de vida, sino su hegemonía nacional. Monarquías y repúblicas, democracias y autocracias se lanzaron a una expansión colonial/imperial que abarcó innumerables aspectos: territorial, social, económico y comercial, militar, diplomático, etc. cuyos equilibrios se dilucidaban en congresos y conferencias.

España, que a principios de siglo había perdido la mayor parte de sus territorios de Ultramar y había sufrido en su suelo los estragos de la invasión napoleónica, se incorporó tarde, a trompicones, y de forma muy desigual al sistema capitalista, resultando una dependencia del exterior, en su condición de potencia marginal, que la tambaleante arquitectura política del Estado fue incapaz de contrarrestar con eficacia.

Para el final del reinado de Fernando VII, en España el puente entre las luces del siglo XVIII y el desarrollismo capitalista del siglo XIX estaba prácticamente destruido.

El hábil mimetismo de la aristocracia con la burguesía emergente, así como el pobre panorama científico y académico resultado de la vinculación de esta última con el liberalismo radical, trajo como consecuencia ya no sólo la persistencia estructural de vestigios veteroregimentales, sino una notable carencia de las nuevas clases dirigentes emergentes de la pátina intelectual que había caracterizado a sus predecesoras dieciochescas. Para el final del reinado de Fernando VII, al contrario que en otros países europeos, en España el puente entre las luces del siglo XVIII y el desarrollismo capitalista del siglo XIX estaba prácticamente destruido. Sólo el giro liberal isabelino permitió recomponer el panorama académico e intelectual español con notables carencias que influirían en el conjunto de España al menos hasta el final del siglo. 

Tras la Restauración de 1874, existía un espíritu de progreso que trataba de luchar contra los atavismos que lastraban el desarrollo y dejaban tan honda huella en la sociedad del momento.

Con la Restauración de 1874 el país tuvo la oportunidad de retomar una senda de estabilidad iniciada desde mitad del siglo en el marco de una monarquía constitucional liberal. Parecía, pues, que España podría situarse en el concierto del resto de naciones europeas. Existía un espíritu de progreso que trataba de luchar contra los atavismos que lastraban el desarrollo y dejaban tan honda huella en la sociedad del momento. Fruto de esa corriente, en 1890 el ingeniero de minas y geólogo oscense Lucas Mallada y Pueyo publicó un libro titulado Los males de la patria y la futura revolución española (Tipografía de Manuel Ginés Hernández, Madrid). El libro era una compilación de artículos escritos en “La Revista Contemporánea” o “El Progreso”; revistas de tendencia liberal-republicana nacidas pocos años antes.

Con un valiente carácter premonitorio, Lucas Mallada acometió un análisis realista de los problemas sociales e institucionales que afectaban al exitoso progreso restaurador. Relacionó lo que la intelectualidad de la época empezaba a identificar como los males sistémicos y estructurales tales como conformismo, indolencia, inmovilismo, caciquismo, ensimismamiento en el pasado e imprevisión ante el futuro, etc.; estragos personales y colectivos los cuales muchos de ellos terminaron situándose en el foco del regeneracionismo español, cuyos primeras aportaciones estaba haciendo ya Joaquín Costa a través del hoy largamente manido concepto “El ser de España” o “El problema de España”.

A pesar de la estabilidad que parecía rodear al Estado en la figura de la monarquía alfonsina, España arrastraba fallas que impedían un fecundo desarrollo, manteniéndola como una atrasada y deficitaria potencia de segundo orden.

A igual que aquél, el extraordinario mérito de Lucas Mallada fue el de advertir de que, a pesar del aparente éxito de la consolidación del sistema con la alternancia pacífica de los partidos conservador y liberal, y la estabilidad que parecía rodear al Estado en la figura de la monarquía alfonsina, España arrastraba fallas que impedían un fecundo desarrollo, manteniéndola como una atrasada y deficitaria potencia de segundo orden. Fundamento de ello –y en esto, en mi opinión, es evidente su influencia sobre el pensamiento de Ángel Ganivet- era la amoralidad y la manifiesta ausencia de ética en la gestión de lo público. Y advertía que su elisión traería una quiebra sistémica, tal y como terminó ocurriendo unos treinta años después con la instauración de la dictadura de Miguel Primo de Rivera.

Al poco tiempo de publicarse, la vivisección nacional efectuada por Lucas Mallada se desveló acertada, y aunque –como explicaré en la siguiente entrega- algunas de sus propuestas fueron tímidamente acogidas, lo que le valió el reconocimiento postrero, lo cierto es que la falta de ambición y torpeza de los políticos alfonsinos impidieron su práctica cristalización. Hubieron de transcurrir muchos años para dar los pasos necesarios; una vez dados, Lucas Mallada fue redescubierto. Ocurrió a partir de 1969 gracias a la reimpresión de Los Males de la Patria por Alianza Editorial. Todavía hoy su lectura puede ser una acertada fuente de inspiración.