La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

Los visigodos, las visigodas y les visigodes

Vamos a proteger a nuestros estudiantes, vamos a preservar la integridad de nuestro idioma y vamos a defender el sentido común.

Desde VOX tenemos muy claro que los criterios para la adopción de libros de texto y cualquier otro material didáctico deben ser principalmente el rigor científico y el valor pedagógico, sin desdeñar otras cualidades, como pueden ser la economía de su coste, lo novedoso de su diseño, la sostenibilidad de su producción, etc. 

En cualquier caso, parece claro que los poderes públicos han de velar por que el lenguaje empleado en estos textos pedagógicos tenga el registro adecuado, ni vulgar ni rebuscado; que sea claro, preciso y se atenga escrupulosamente a las normas dictadas por la Real Academia Española, en aras de conseguir que sean textos correctos y plenamente inteligibles.

Ha causado alarma en la comunidad educativa la presencia de libros de textos plagados de expresiones redundantes, farragosas y anti-didácticas del tipo: “Los visigodos y las visigodas…; los conversos y las conversas…; los judíos y las judías…”

Y es que ha causado alarma en gran parte de la comunidad educativa la presencia de libros de textos plagados de expresiones redundantes, farragosas y anti-didácticas del tipo: “Los visigodos y las visigodas…; los conversos y las conversas…; los judíos y las judías…” Y así sucesivamente. 

La importancia del lenguaje como herramienta de expresión del pensamiento no necesita ser ponderada. Para justificar esta relevancia, podríamos remontarnos a la tradición clásica, en la cual ya Platón, en sus diálogos, había opuesto el rigor lingüístico que caracteriza al discurso verdaderamente filosófico, representado por Sócrates, y los artificios retóricos que caracterizaban las diversas escuelas sofísticas. Evidentemente, no es el momento de entrar en las implicaciones derivadas de semejante controversia. 

El ámbito científico y escolar de toda la tradición occidental se ha podido desarrollar sobre la idea de que el lenguaje tiene unas normas estables.

Lo importante es destacar cómo, desde entonces, el ámbito científico y escolar de toda la tradición occidental se ha podido desarrollar sobre la idea de que el lenguaje tiene unas normas estables. Y esas normas se pueden romper en un momento dado, por motivos artísticos, poéticos, sentimentales o subjetivos, pero que se convierte en un serio obstáculo para la comunicación referencial, que es la más relevante en el ámbito educativo. 

Evidentemente, las normas lingüísticas no son fijas y eternas, sino que están sometidas a cambios diacrónicos, que son aceptados con el común de los hablantes. Pero se trata de transformaciones paulatinas y espontáneas que no pueden ser impuestas caprichosamente por la autoridad política. Precisamente nos encontramos en Sevilla, la patria chica de Elio Antonio de Nebrija, el primero que codificó en una Gramática normativa las reglas internas que posee la lengua española.

Las ventajas de “hablar con propiedad” ha adquirido hoy una dimensión incluso de verdadero valor cívico, siendo muchos los autores que, como George Orwell, han denunciado el totalitarismo que subyace bajo la imposición de determinadas “neolenguas” que, más que describir la realidad, la están camuflando o distorsionando.

Por eso muchos ciudadanos, cuando oyen hablar de resiliencia, de inclusividad, de sinergias, de transversalidad y de otros palabros que se acumulan en esa jerga a la que llaman “politiqués”, sienten que están a punto de ser estafados.    

Una cosa es una evolución natural que elimine las expresiones que ningunean o denigran al sexo femenino y otra muy distinta es retorcer el lenguaje.

Por otro lado, no cabe duda de que el lenguaje refleja también el sistema de valores de una sociedad. La emancipación de las mujeres, conseguidas por el feminismo llamado “de primera ola”, que luchaba por la igualdad ante la Ley de ambos sexos exigió, por ejemplo, de forma algo tardía, medidas como la como la Orden, de 22 de marzo de 1995, del Ministerio de Educación y Ciencia, para adecuar la  denominación  de  los  títulos académicos oficiales a la condición masculina o femenina de quienes los obtuvieran. Cambios como ese tenían todo el sentido.

Pero una cosa es una evolución natural que elimine las expresiones que ningunean o denigran al sexo femenino y otra muy distinta es retorcer el lenguaje para conseguir una supuesta visibilidad, que no es más que redundancia estrafalaria y contraproducente. Es más, esa fe que tienen algunos en la supuesta omnipotencia de un lenguaje esotérico y artificial que se usa como forma de mostrar la adhesión a una causa, como si eso sirviera para cambiar las cosas, más parece el retorno de un pensamiento mágico o supersticioso. La condición de la mujer no va a mejorar por más que nos refiramos, por ejemplo, a los vikingos y a las vikingas.

El género gramatical no tiene una vinculación directa con el sexo biológico.

Por otro lado, no es necesario insistir en lo arraigado que están en nuestro idioma las categorías lingüísticas de género y número gramatical. Estas características, compartidas con las demás lenguas romances, supone una riqueza conceptual incalculable. Como demuestra la Lingüística estructural, tales rasgos han podido desarrollar determinadas neutralizaciones de términos opuestos (masculino / femenino, singular / plural) en ciertos contextos con un sentido puramente funcional. 

Porque no quisiera ofender a nadie explicando lo evidente. Pero el hecho es que el género gramatical no tiene una vinculación directa con el sexo biológico. Hay una pantera hembra y una ballena macho, aunque la palabra tenga siempre género gramatical femenino, igual que la palabra “señoría”. “Epiceno” se llama este tipo de término. En vano se buscarán connotaciones sexuales a la oposición cesto/cesta; fallo/falla; canasto/canasta. En nuestra lengua, el sol es masculino y la luna es femenina, pero no hay que deducir por ello ninguna jerarquía social humana, porque en alemán die Sonne es femenino y der Mond es masculino.

Los signos lingüísticos – como enseñó Ferdinand de Saussure y se estudia hoy en primero de Filología -, son siempre arbitrarios, y no responden a ninguna voluntad malévola de ocultar o minusvalorar a la mitad de la humanidad, como piensan algunos (y algunas), sino que responden a la más sencilla ley de la economía del lenguaje, que ha producido soluciones prácticas y simples para facilitar la comunicación, que es de lo que se trata. 

En este sentido, la RAE en su informe de 20 de enero de 2020 ha querido “reconocer al masculino genérico el gran servicio que aporta a la organización semántica de los contenidos. Anularlo en el uso implicaría borrar una casilla de enorme utilidad en el sistema de la lengua. Hacerlo desaparecer sería una empresa difícil y casi imposible, pues el género [se refiere siempre al género gramatical] es un arquetipo conceptual, lógico, necesario en todas las estructuras mentales. La causa de tal condena, su relación directa con el androcentrismo cultural, no es cierta”.

La lengua española tiene una dimensión internacional que es nuestro deber proteger.

La defensa de la integridad de la lengua tiene una dimensión que afecta no solo a un instrumento práctico de comunicación interpersonal como es el lenguaje, sino que atañe a uno de los elementos identitarios más importantes de nuestra comunidad nacional, como es la Lengua española.  En un sentido similar, la defensa del masculino genérico ha sido asumida por el actual gobierno francés, conforme a las recomendaciones de la Academia Francesa, con el fin de erradicar el llamado “lenguaje inclusivo” tanto de los libros escolares como en los textos jurídicos del Journal officiel de la République Française, considerando que “la lengua nacional es un factor de integración, pertenencia e influencia de la cultura francesa”. En ese país son conscientes de que la defensa de la herramienta lingüística sobrepasa incluso el ámbito nacional, como muestra su preocupación por el futuro de la Francophonie, el conjunto de países francófonos, amenazada por estas distorsiones forzadas del lenguaje. De modo semejante, la lengua española tiene una dimensión internacional que es nuestro deber proteger.

Parece que ya hemos llegado a ese momento, anunciado por Chesterton, en el que tendremos que argumentar y tendremos que salir a debatir, en defensa de la evidencia, para poder decir que “la hierba es verde”, por ejemplo. Y no crean que exagero. La verdad se ha convertido ya en subversiva. No sé si a ustedes les parece bien que Twitter haya censurado y le haya cerrado la cuenta a un diputado nacional de VOX, Don Francisco José Contreras, por decir, una evidencia en el campo de la Biología y de la Anatomía humana: que los varones no se quedan embarazados… por mucho que lo intente alguno. 

Desde VOX, vamos a proteger a nuestros estudiantes, vamos a preservar la integridad de nuestro idioma y vamos a defender, en definitiva, el sentido común.

(Este artículo es la versión editada de una interpelación presentada en el Parlamento de Andalucía el 13 de mayo de 2021.)