La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

Marcelo Gullo Omodeo: «España está al borde del abismo»

Los pueblos que han perdido su conciencia histórica se suicidan políticamente.

¿Por qué motivos los españoles tendrían que leer su último libro “Madre Patria: desmontando la leyenda negra desde Bartolomé de las Casas hasta el separatismo catalán”?

Gracias a la hegemonía del pensamiento progresista en todos los niveles del sistema educativo español, desde la escuela primaria hasta la universidad, los españoles son el único pueblo del mundo que ha creído la historia que, sobre su nación, escribieron sus enemigos históricos. La leyenda negra de la conquista española de América es la primera fake news de la historia de la política internacional, la obra más genial del marketing político británico. 

A los españoles se les ha enseñado a odiar su pasado y la actual izquierda española, no la de Alfonso Guerra por cierto, es la principal responsable de esa situación. El nudo gordiano de esa falsa historia de España que lleva a que los españoles odien su pasado es la leyenda negra, y mi libro, “Madre Patria. Desmontando la leyenda negra desde Bartolomé de las Casas hasta el separatismo catalán”, se propone justamente cortar ese nudo. Sin embargo, no estamos tan solo delante de un problema historiográfico, estamos también delante de un problema político porque la falsa historia lleva, inevitablemente, a una falsa -y por lo tanto mala- política. Los pueblos que no saben de dónde vienen no saben a donde tienen que ir o, mejor dicho, van conducidos, por aquellos que han falsificado su historia, hacia el borde del abismo, es decir hacia su suicidio histórico.  

Por un lado, los separatistas catalanes amparándose en la leyenda negra -predicada por los políticos y profesores progresistas-  dicen: “así como España conquistó y saqueó América, conquistó y saqueó Cataluña”. Entonces, a partir de esa falsa premisa, adoctrinan a los niños en las escuelas en el odio a España y a su lengua común. Este hecho axial hace que España cabalgue, casi inexorablemente, a su fragmentación territorial. Por otro lado, ante el envejecimiento vertiginoso de la población de la península, los españoles,  sin conciencia histórica, no entienden que sólo una inmigración masiva de hispanoamericanos podrá salvaguardar a España, que ya tiene una pirámide funeraria, de un trágico final  ya anunciado, y hacer entonces que España siga siendo España. Muy por el contrario, los españoles sin memoria histórica abren, ingenuamente, las puertas de España a los descendientes del antiguo invasor que, como sostiene Alfonso López Quintas, se pasean por las calles de Sevilla, Granada y Córdoba diciendo, en voz baja: “…estas ciudades fueron nuestras y volverán a ser nuestras”. 

Las generaciones jóvenes de España que no han estudiado historia y que han sido formadas en una concepción materialista de la vida y de la historia, no pueden entender que el mundo musulmán -cada uno de sus miembros de los más ricos a los más pobres, de los más instruidos a los más ignorantes-  tenga un concepción teleológica de la historia y que sueñe entonces con volver a integrar al mundo islámico no a  Ceuta y Melilla sino a Granada y Sevilla. Por eso repito una vez más que no estamos delante de un problema tan solo historiográfico, estamos también delante de un problema político. “Madre Patria”  se propone pues, terminar con el mito de la leyenda negra. “Madre Patria” se propone demostrar que España fue siempre un “estar” en peligro de muerte entre el imperialismo musulmán y el imperialismo anglosajón. “Madre Patria” es pues un intento de revocar esa falsa historia de España -inculcada por los maestros y profesores progresistas a los niños y a los jóvenes-  para que España siga siendo España. Esos son los motivos fundamentales por los cuales creo que todos los españoles de bien, los de derechas y los de izquierdas, deberían leer “Madre Patria”. 

Yo he defendido que la Reconquista iniciada en España en 718 –origen de la Hispanidad- en Covadonga (Asturias) no fue simplemente “una guerra contra el moro” sino una labor de repoblación, de re-civilización de un territorio arrebatado por extranjeros. Siguiendo la tesis de don Claudio Sánchez-Albornoz, creo que hay una continuidad del mismo espíritu reconquistador en la hispanización de las Américas y del norte de África. ¿Qué postura adopta Vd. al respecto? 

Aunque científicamente sería más apropiado hablar de liberación de América y no de conquista, podemos afirmar que no hay duda alguna de que la conquista española de América fue la continuación de la reconquista. Así lo entendieron los hombres más lúcidos del marxismo hispanoamericano, como lo fueron, el peruano José Carlos Mariátegui y el argentino Rodolfo Puiggrós. Ambos, dejan en claro que no fue el deseo desenfrenado por el oro lo que motivó a castellanos, extremeños y andaluces a arriesgar sus vidas en la conquista de América. Es en ese sentido que el más importante representante de la intelectualidad marxista hispanoamericana, como lo fuera José Carlos Mariátegui, afirma: “He dicho ya que la Conquista fue la última cruzada y que con los conquistadores tramontó la grandeza española. Su carácter de cruzada define a la Conquista como empresa esencialmente militar y religiosa. La realizaron en comandita, soldados y misioneros…La ejecución de Atahualpa, aunque, obedeciese sólo al rudimentario maquiavelismo político de Pizarro, se revistió de razones religiosas… Después de la tragedia de Cajamarca, el misionero continuó dictando celosamente su ley a la Conquista. El poder espiritual inspiraba y manejaba al poder temporal…el cruzado, el caballero, personificaba una época que concluía, el Medioevo católico.” 

En el mismo sentido que Mariátegui, uno de los más importantes intelectuales marxistas de Argentina, Rodolfo Puiggrós, sostiene que, “…la conquista de América prolongó las cruzadas a un escenario de magnitud y características desconocidas por el soldado europeo…Ninguno estaba habilitado, como el español para tarea tan gigantesca. Casi tres siglos antes (1212), en la gran batalla de las Navas de Tolosa que deshizo al ejército musulmán, los cincuenta mil caballeros y peones franceses, provenzales, bretones, italianos, alemanes e ingleses defeccionaron y los ibéricos solos (solihispani) dieron la pelea y obtuvieron la victoria. Desde entonces guerrearon contra el Islam sin ayuda extranjera… De no aparecer en su camino el Nuevo Mundo, es seguro que los castellanos hubiesen perseguido a los súbditos del Islam, más allá del estrecho de Gibraltar. El ambicioso sueño de exterminarlos y reconstruir a lo largo del litoral  surmediterráneo los dominios de los primeros cristianos no fue abandonado, mientras América no absorbió las energías de España hasta dejarla exhausta… España (concluye Puiggrós), volcó en el Nuevo Mundo su sentido misional cristiano que, formado en la guerra antiislámica… inyectó a las sociedades que creó del otro lado del océano, el trascendentalismo religioso que en las postrimerías del feudalismo sobrevivía a los grandes cambios sociales en marcha, en el Viejo Mundo.”

Conviene recordar al pasar, tan solo algunos de los hechos que confirman lo sostenido por Rodolfo Puiggrós, entre ellos que -respondiendo a un viejo deseo de Isabel la Católica de reconquistar Jerusalén e incluso, Egipto y Arabia- Fernando el Católico, y después el cardenal Cisneros, conquistaron diversas plazas para la Corona española: Así, fueron cayendo Melilla en 1496, Mazalquivir en 1509, Orán en 1509, Bugía en 1510, Trípoli en 1510, y poco después Argel, Cherchell, Delys y Bozcaada.

¿Por qué afirma usted que científicamente sería más apropiado hablar de liberación de América en vez de conquista?

Porque haciendo un análisis objetivo de la historia es relativamente sencillo demostrar científicamente que Hernán Cortés no conquistó México. Aconteció todo lo contrario del relato elaborado por los negrolegendarios, porque la acción política de Cortés estuvo orientada a ayudar a  que cientas de naciones se organizasen, bajo su conducción militar ciertamente, para dejar de ser oprimidas  por el  estado totalitario más sanguinario de todos los tiempos. El éxito de  la leyenda negra fue y es tan grande que hoy ignoramos que Hernán Cortés no fue el conquistador de México, sino su “libertador” porque  la mayoría de la población que por ese entonces habitaba México estaba sometida al  imperialismo más atroz que ha conocido la historia de la humanidad: el imperialismo antropófago de los aztecas.

En realidad no hubo conquista, sino que hubo liberación. La contradicción principal era, para las naciones dominadas por los aztecas, la contradicción vida o muerte. Continuar bajo la dependencia azteca habría significado, para los tlaxcaltecas y totonacas, por ejemplo, seguir siendo, literalmente, devorados por los aztecas. La liberación significó dejar de ser el alimento principal de los aztecas. Las otras contradicciones eran, dicho esto, evidentemente secundarias. A mayor abundamiento, resulta materialmente imposible que, con apenas 300 hombres, cuatro arcabuces viejos y algunos caballos, Hernán Cortés pudiera derrotar al ejército de Moctezuma integrado por trescientos mil  feroces soldados disciplinados y valientes. Hubiese sido imposible, aunque los 300 españoles hubiesen tenido fusiles automáticos. 

Como compruebo en mi obra “Madre Patria” el imperialismo azteca fue el más atroz de la historia de la humanidad: sacrificaban, por día, miles y miles de personas provenientes de los pueblos sojuzgados, un dominio que les exigía tributo pero tributo en sangre. En lo que hoy llamamos México, había una nación opresora y cientas de naciones oprimidas, a las cuales los aztecas no solo les arrebataban sus materias primas -tal y como han hecho todos los imperialismos a lo largo de la historia-  sino que les arrebataban a sus hijos, a sus hermanos… para sacrificarlos en sus templos y, luego, repartir los cuerpos descuartizados de las víctimas en sus carnicerías, como si fuesen cerdos o pollos, para que esos seres humanos descuartizados sirvieran de sustancioso alimento a la población azteca. Las evidencias científicas con las que contamos hoy no dejan lugar a dudas al respecto. Era tal la cantidad de sacrificios humanos que realizaban los aztecas de gente de los pueblos por ellos esclavizados que, con las calaveras, construían las paredes de sus edificios y templos. El principal alimento de la nobleza y de la casta sacerdotal azteca, era la carne humana de los pueblos oprimidos. La nobleza se reservaba los muslos y las entrañas se las dejaban al populacho. Esto lo dice todo y eso, precisamente,  es lo que ocultan los pseudo-pensadores y profesores del progresismo “caviar”. Si Hernán Cortés tuvo éxito, fue porque dijo a esos pueblos sometidos que eso se iba a acabar: “…con nosotros esto nunca más va a ocurrir”. La conquista fue, en realidad, la liberación del 80 por ciento de la población que habitaba lo que hoy denominamos México del imperialismo más macabro y monstruoso que haya conocido la historia de la humanidad.  Si hubiese habido una votación popular entre Cortés y Moctezuma, sin dudas, habría ganado Cortés. Habría ganado por “goleada”. Algo similar pasó en el Perú, con Pizarro. España llevó a América, un proyecto más justo. Miles de indios de las naciones oprimidas lucharon, junto a Cortés, contra los aztecas. Por eso el mexicano José Vasconcelos afirma que “la conquista la hicieron los indios”. 

Si España tuviese que pedir disculpas por haber vencido al imperialismo antropófago azteca, tanto los Estados Unidos, como Rusia, tendrían que pedir perdón por haber derrotado al imperialismo genocida nazi. Claro está que la batalla por Tenochtitlán -que puso fin al imperialismo azteca- fue sangrienta, pero tan sangrienta, por cierto, como la batalla por Berlín, que puso fin al totalitarismo nazi.

¿Están financiando desde el exterior los separatismos, los indigenismos, las misiones evangélicas, etc.? Si ese fuese el caso, ¿no sería un síntoma de que los enemigos de la Hispanidad saben que el “peligro” de vernos unidos es más real de lo que parece?

La  Hispanidad  es una “nación inconclusa” que va de los Pirineos al Pacífico y del Río Grande a la Tierra del Fuego. Si los pueblos hispánicos se unieran, constituirían un contingente humano con la suficiente magnitud  para encarar el futuro ante los bloques chinos, eslavos, árabes, y neobritánicos de la humanidad futura. La reconstrucción de la unidad perdida, es decir, la restauración de la Hispanidad es nuestro pasaporte al futuro. Como nuestros enemigos lo saben han intentado, siempre y  por todos los medios, impedir la reconstrucción de la unidad perdida. 

La evidencia histórica no deja lugar a dudas de que los separatismos, los indigenismos y las iglesias evangélicas fueron fomentados primero por el imperialismo británico y luego por el imperialismo norteamericano. Esa política buscaba y busca romper la unidad lingüística y religiosa de Hispanoamérica a fin de fomentar una nueva balcanización, dado que la política permanente de las grandes potencias consiste, siempre, en dividir para reinar. Así lo entendió y expresó públicamente hasta el mismísimo comandante Ernesto “Che” Guevara en su  famoso discurso  del 16 de abril de 1967. 

Con respecto al indigenismo como política permanente del imperialismo anglosajón, el historiador marxista Jorge Abelardo Ramos afirma: “Muy noble resulta la tesis de la defensa de los indios. Pero muy sospechoso el origen. Pues separar a las masas indígenas  o negras, de las criollas o blancas de la actual Nación Latinoamericana, es acentuar las condiciones de esclavización general y de la balcanización hasta hoy lograda. Se trata  -y he aquí el servicio que rinde una vez más la ‘izquierda’ y los ‘progresistas’ al imperialismo- de separar  a las etnias; después de haber separado a las clases y a los  Estados del magno proyecto bolivariano. Es una campaña contra la nación latinoamericana.”

Por eso podemos afirmar, sin titubear un segundo, que Evo Morales es un inconsciente agente del imperialismo norteamericano. La chilena Elisa Loncón, presidente de la Asamblea Constituyente de Chile, el presidente venezolano Nicolás Maduro, el expresidente de Bolivia Evo Morales y todos aquellos que los acompañan en la prédica de la leyenda negra de la conquista española de América y en el intento de crear artificiales repúblicas plurinacionales son, sin duda alguna, la mano de obra más barata que ha tenido el imperialismo anglosajón a lo largo de toda su historia para ejecutar su plan estratégico de fragmentación territorial de las repúblicas hispanoamericanas. 

Conviene recordar que la legendaria Evita no se cansó de repetir una y otra vez que: “La leyenda negra con la que la Reforma se ingenió en denigrar la empresa más grande y más noble que conocen los siglos, como fueron el descubrimiento y la conquista, sólo tuvo validez en el mercado de los tontos o de los interesados.” Paradoja de la historia, el 26 de octubre de 1959,  María Ayma Mamani -que admiraba a Juan Domingo Perón y a su esposa Evita- bautizó a su hijo, que años más tarde sería presidente de la República de Bolivia, con el nombre de Evo justamente en honor a Eva Perón.