La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

Más allá del bien y del mal

El campo de estudio de la ética es el bien, el deber, la libertad y la felicidad, o dicho más a ras de la experiencia concreta: las acciones buenas, los deberes que debemos cumplir, la elección y la felicidad.

La ética es una disciplina filosófica. En tanto que es filosofía, problematiza su objeto de estudio, es decir introduce la duda para pasar de una creencia acrítica a un saber consciente y articulado. Aunque ocurre que si antes del momento ético sí sabemos qué debemos hacer y cómo debemos actuar, al introducirnos en la ética toda certeza se evapora. Y si esto no es un gran problema cuando investigamos el ser, por ejemplo, sí es un problema cuando se investiga un saber práctico, porque la perplejidad filosófica nos sustrae los motivos más humanos para actuar en el mundo. Descartes resolvió este problema habilitándose una moral provisional. Y quizá dio en el clavo y toda moral sea de hecho provisional, y una moral definitiva quizá sea una ilusión.

El campo de estudio de la ética es el bien, el deber, la libertad y la felicidad, o dicho más a ras de la experiencia concreta: las acciones buenas, los deberes que debemos cumplir, la elección y la felicidad. La felicidad siendo como es un valor último no se deja concretar, sino que subordina todo lo demás a ella. El problema es que el deber y la libertad no se dejan subordinar porque dejan de ser tales, desaparecen inmediatamente. Aquí tenemos ya una serie de dilemas morales: o cumplir con el deber o ser feliz, o ser libre o ser feliz, ser bueno o cumplir con el deber, etc. Este punto tiene un largo recorrido. Quizás una de las tareas de la ética sea ver cómo ir sintetizando los valores que no sólo están separados, sino que se contraponen y, de hecho, se ha intentado a lo largo de la historia de la ética: “ama (sé feliz con) lo que debes hacer”, nos aconsejan los estoicos, etc.

Los valores morales se realizan (se hacen reales) en la acción humana, por ello tiene un lugar preferente en los estudios éticos. Pero hay que entender correctamente lo que es una acción humana: es aquella que se hace de modo consciente, intencional y libre. Pero esto, con ser mucho, no basta. Acción humana y acción moral son rigurosamente expresiones sinónimas, por lo que el sujeto o agente de la acción es ser humano en tanto que ser humano. Yo no soy moral en tanto que desempeño un determinado rol social: ser carpintero, ser vecino, etc. sino en tanto que soy humano. Por eso, en puridad, no existe una ética de la empresa, ni ética periodística ni, en general, ética social: se puede ser perfectamente un buen carpintero y una mala persona. La sociedad lo único que exige es que hagas bien tu papel y no te salgas del guion. Pero todo ser humano es mucho más que el papel que la sociedad le asigna. Es evidente que no estoy de acuerdo con que seamos el conjunto de relaciones sociales, como dicen los marxistas. Si esta tesis fuera cierta, la vida no tendría sentido, sería un error como diría Nietzsche.

Las teorías éticas basculan entre las que proponen una universalidad de los principios y las que podemos llamar éticas casuísticas.

El sujeto de la ética es el ser humano en tanto que humano, sin importar el papel social. Por supuesto que hay que contar con el otro, pero también en tanto que ser humano, si no, es una pura relación utilitaria. Esto es lo que quería decir Kant cuando decía que había que tratar a las personas como fin en sí mismo y no sólo como medio. Si esta relación puramente humana no fuera posible de hecho, entonces la ética sería un estudio vano, salvo que el individuo al menos se pudiera tratar a él mismo éticamente. entonces la ética existiría, aunque de modo monadológico.

Las teorías éticas basculan entre las que proponen una universalidad de los principios y las que podemos llamar éticas casuísticas. Las primeras tienen como paradigma el imperativo categórico de Kant. Para Kant sólo el individuo que se guía por una ley universal y necesaria tiene una conducta ética. Claro, que habría que ver si ese individuo existe. Además se le puede reprochar que si la ética está para orientar al ser humano en su existir, mal vamos si establecemos un principio del que se puede decir “Fiat iustitia, et pereat mundus” (Hágase justicia, aunque el mundo perezca), si la justicia tiene su razón de ser precisamente que el mundo o el ser humano no perezca. Tendríamos que “Summum ius summa iniuria” (suma justicia, suma injusticia).

En el extremo opuesto tenemos las teorías que defienden la valoración de cada caso particular, la moral no es un hecho sino que está in fieri, está continuamente creándose, porque no hay ni leyes universales ni hay, digamos, una jurisprudencia moral, en la que los casos sean extrapolables. Esta postura sería la de Nietzsche o los existencialistas. Una postura más moderada es la casuística moral tradicional que tiene en cuenta la jurisprudencia (casos paradigmáticos) y el contexto.

El spoudaios no da consejos, sino que siempre predica con el ejemplo.

Un concepción intermedia entre el universalismo y  la casuística es la del σπουδαῖος, (spoudaîos), de  Aristóteles. El lema de esta teoría sería “Tal como lo haría un hombre prudente”. No es una ley universal sino lo que haría el hombre sensato, honesto, diligente, que tiene en cuenta la situación, las consecuencias y los dilemas que en toda acción moral originan. No es un imperativo categórico impersonal, sino un ser humano ideal el que da la regla para la acción. Digo ideal porque basta con imaginárselo y preguntar qué haría el hombre honesto en mi lugar. El spoudaios no da consejos, sino que siempre predica con el ejemplo. El spoudaios tiene semejanzas con el Ideal del Yo del psicoanálisis. Pero en este caso es una instancia consciente, no está interiorizado, por lo que puede operar al nivel de la racionalidad consciente. No el hombre en general, sino el hombre cabal, es la medida de todas las cosas. El hombre sensato no actúa con normas a priori, sino que vive, actúa en el presente. Lo real presente tiene prioridad, y a partir de aquí proyecta y tiene en cuenta las normas.

Por esto la ética de Aristóteles es una ética de la sensatez, sobre la que habría que ahondar más. 

Es posible que cada época demande un determinado tipo de moral, de ser humano ejemplar, de persona cabal. Pero puede ocurrir que ese tipo no se encuentre. Que el tipo de ser humano que podría desarrollar todas las posibilidades del nivel alcanzado por la ciencia, la técnica, etc, no sea producido por esa sociedad. Sería una paradoja con profundas consecuencias. Si la sociedad necesita de un determinado profesional, no hay problema, incentiva los estudios que preparan a los individuos para tal profesión. Pero si lo que se necesita es profesar la bondad y expandirla, eso es otro cantar.

¿Cuál es el tipo de hombre cabal que estos tiempos demanda? Obviamente esta cuestión necesitaría un estudio más pormenorizado y nunca sería concluyente. 

La renuncia es un signo de madurez: vivir es lograr metas y renunciar a alcanzarlas.

El primer principio que tendría en cuenta la persona cabal que demanda nuestra época es que bien y el mal no son simétricos, es decir, es mayor la capacidad para hacer el mal que para hacer el bien. Esto es constitutivo, siempre ha sido así. Pero la técnica y los medios de comunicación amplifican la capacidad para el mal de un modo nunca dado hasta ahora. Los ejemplos son innumerables, pero citaré el del cuidado del medio ambiente: cualquier individuo puede hacer más daño al medio ambiente, ya sea por su conducta negligente, que en cualquier época anterior. Esta idea, obviamente no es nueva, pero no se debe olvidar. Existe una serie de amplificadores, llámese Efecto Mariposa o como se quiera, que hacen que nuestras acciones tengan más consecuencias que las deseadas.

La ética actual tiene que tener un carácter negativo, es más fácil saber qué no se debe hacer. Vivimos en una época en la que nos están diciendo constantemente qué debemos hacer, cómo debemos pensar y cómo debemos sentir. Quizás sea porque el respecto, que tanto valoraba Kant, no sea un valor verdaderamente tenido en cuenta. El respeto es precisamente un limitarse ante algo o ante alguien. Y La renuncia es un signo de madurez: vivir es lograr metas y renunciar a alcanzarlas. Respeto y renuncia, ¿qué otra cosa hay?

(Imagen: Jaimegfoto CC BY 2.0)