La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

Filósofos griegos (Imagen: dr.jd CC BY-SA 2.0)

¿Para qué sirve la filosofía en la actualidad?

El ser humano no puede renunciar a las cosas que valen por sí mismas, como el bien o la libertad, so pena de quedar todo instrumentalizado.

Al menos desde Sócrates la filosofía ha sido un poner en cuestión todo saber y ponerse en cuestión ella misma. Su dimensión crítica ha dado lugar a las diferentes escuelas. Pero con el Positivismo surge una cuestión nueva y es que no se ve bien cómo la filosofía encaja en el conjunto del saber. La pertinencia misma de la filosofía  queda en entredicho. No se trata de un cambio de paradigma en el sentido de Kuhn, pues estos cambios revolucionarios son frecuentes, incluso normales, en la historia de la filosofía. Más bien se pronostica la muerte o el final de la filosofía (semejante juicio milenarista también lo ha sufrido el arte, la religión o la historia).

Y dado que todas las ciencias no han dejado de progresar y actualmente pasan por un gran momento, por lo cual el pensamiento racional está a salvo, se piensa que la filosofía no es necesaria ya, que es un saber periclitado. Esa “ciencia que se busca” de Aristóteles, que prometía mucho y cumplía poco, ha sido sustituida por las ciencias tanto de la Naturaleza como humanistas que sí han entrado por el camino seguro del conocimiento, según ya decía Kant. Un ejemplo paradigmático lo tenemos en Stephen Hawking que afirma que la filosofía ha muerto (El Gran Diseño, 2010).

¿Tiene entonces sentido seguir con la labor filosófica hoy día?

Téngase en cuenta que sus fracasos, como no haber reconstruido el saber mediante la evidencia cartesiana, o no haber traído una sociedad perfecta como anhelaba Platón, abren nuevos caminos y se convierten en nuevos temas de reflexión. Porque la filosofía vive de sus aciertos y de sus fracasos (la ciencia vive más bien de sus aciertos).

La filosofía no es un saber superado por la ciencia. Ambos son racionales. Pero ocurre que si la ciencia avanza y tiene aplicaciones prácticas es porque se autolimita y especializa en áreas.

Se autolimita a problemas solubles. Pero no todo problema pertinente tiene que tener una solución dada. Los problemas tienen que ser interesantes y algunos no podrán ser tratados por la ciencia, pero seguirán ahí.

Se especializa por lo que pierde el horizonte, la totalidad, como ya criticara Ortega y Gasset. Pero la totalidad del saber está ahí, y nadie sino el filósofo puede tenerla en cuenta.

Estas dos características de la ciencia dejan espacio para la filosofía, para un saber que no se pone barreras a priori, aunque suponga una tarea inacabable. Y que transita por todos los campos del conocimiento, si no con la profundidad del detalle, sí con sentido y hallando significados nuevos.

Se puede comparar la filosofía con el funcionamiento de una biblioteca para destacar una diferencia sustancial.

En la biblioteca se maneja información, se sabe cómo ordenarla y cómo recuperarla, pero no necesita saber su contenido. Se maneja el conocimiento de manera externa, como el Problema de la Habitación China de Searle, sin necesidad de comprenderla. Esta es la gran conquista de la racionalidad moderna, la gestión mediante reglas. Pero se olvida el comprender.

En cambio, la filosofía tiene una visión general, aunque no sea de suyo especialista en ningún campo del conocimiento a excepción del suyo propio, la Historia de la Filosofía. Puede relacionar las ciencias con las humanidades, las matemáticas y el arte, la sociedad con la religión, etc. Maneja significados no reductibles a reglas. Transita por todo el campo del saber comprendiendo y relacionando. Una labor fatigosa, pero no es sustituible por reglas, protocolos y algoritmos como en el caso de la biblioteconomía.

Un saber que puede sufrir grandes mutaciones, que vive de sus aciertos y fracasos, y que le es constitutivo el comprender, es un saber que se sitúa a nivel antropológico. Es el ser humano como ser-en-el-mundo, el ser humano como animal racional. Y la razón (logos) no como un instrumento especial, sino más bien como el modo de estar en la realidad. La ciencia, es ya un instrumento especializado, es una posibilidad, un camino entre los muchos que se han recorrido en la historia.

Por último hay que señalar una característica de la filosofía presente desde sus albores en Grecia:

El valor de la labor filosófica está en ella misma, no en que sea medio para otra cosa, como dice Aristóteles. El modelo antropológico que es la base de esta concepción es la del ser humano como sujeto del que emanan finalidades y valores últimos. El ser humano no puede renunciar a la filosofía, como no puede renunciar a las cosas que valen por sí mismas, como el bien o la libertad, so pena de quedar todo instrumentalizado. La mayor fuerza de la filosofía es que no vale para nada, precisamente porque vale por sí misma. Y la posibilidad de la filosofía es la posibilidad del ser humano como fin en sí mismo.