La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

¿Por qué está China machacando su propia industria tecnológica?


Noah Smith es columnista de Bloomberg News, y un monstruo en el sentido negativo. Es una persona con una capacidad infinita para la hipocresía y la manipulación, probablemente de rasgos psicopáticos (no me consta, estoy especulando: no le conozco en persona; aunque coincidimos brevemente en Bloomberg, lo fue trabajando en diferentes continentes). También es un tipo muy brillante.

En este comentario, el bueno de Noah se fija en un tema de gran importancia para cualquier inversor, y con enormes ramificaciones financieras y políticas: por qué el gobierno chino se ha lanzado a la caza de su propio sector tecnológico, en un momento en que parecía preparado para dar el salto que lo convirtiera en par del ultrarrentable sector tecnológico estadounidense. Pekín ya está dándole caña al sector inmobiliario: ¿por qué también al tecnológico? ¿Son tontos estos comunistas?

Noah lo tiene claro: “China está destrozando sus empresas de Internet”, escribe, y explica cómo el fenómeno se hizo evidente con la cancelación de la oferta pública de valores (OPV) que planeaba Ant Financial, filial de pagos de la que el gigante del comercio electrónico Alibaba fue en efecto obligada a desprenderse este año, con gran disgusto de Andy Kessler del Wall Street Journal. Continúa Smith:

Jack Ma, el fundador de Ant y del gigante del comercio electrónico Alibaba, fue convocado a una reunión con el gobierno y luego desapareció durante semanas. Después, el gobierno impuso una multa antimonopolio de miles de millones de dólares contra Alibaba (que a veces se compara con Amazon), eliminó su popular navegador web de las tiendas de aplicaciones y tomó muchas otras acciones en su contra. El valor del imperio empresarial de Ma se ha derrumbado.

Pero Ma era solo el objetivo más destacado. El gobierno también está persiguiendo a otras empresas de tecnología financiera, incluidos los propietarios de Didi (Uber de China) y Tencent (la empresa de redes sociales más grande de China). Mientras Didi se preparaba para una OPV en EE. UU., los reguladores chinos anunciaron que estaban investigando a la empresa por «motivos de seguridad nacional» y ahora le imponen varias sanciones. El gobierno también se ha embarcado en un impulso «antimonopolio», multando a Tencent y Baidu, otras dos importantes empresas chinas de Internet, por varios acuerdos anteriores. Los líderes de las principales empresas de tecnología (también incluida ByteDance, la empresa propietaria de TikTok) fueron convocados ante los reguladores y presuntamente amenazados. Varias empresas tecnológicas chinas están experimentando una «rectificación».

Para quienes están fuera del nexo bizantino y opaco de China entre el partido, el gobierno y las grandes empresas, es muy difícil saber qué está pasando. No está claro quién está ordenando estas acciones, o cuál será el resultado final de la represión. Eso hace que sea muy difícil averiguar por qué está sucediendo. Algunos observadores ven esto como una campaña antimonopolio, similar a las que se están llevando a cabo en los EEUU o la UE. Los líderes de China son famosos por querer evitar el surgimiento de centros de poder alternativos, pero ¿es Occidente tan diferente en este sentido? Una de las motivaciones impulsoras detrás del nuevo movimiento antimonopolio en los EEUU Es frenar el poder político de las grandes empresas tecnológicas específicamente; uno podría ver la represión tecnológica china simplemente como un movimiento anti-trust a lo bestia.

Sin embargo, la amplitud de la represión china sugiere una gran diferencia. Estados Unidos ha abofeteado a algunos de sus gigantes corporativos, como Microsoft, AT&T, Standard Oil, pero al final no aplastó las industrias de las que formaban parte estas empresas. Es poco probable que veamos acciones importantes contra todas las empresas de Internet de EEUU. Las medidas de la UE probablemente tomarán la forma de nuevas reglas en lugar de una represión generalizada. El ataque de China a sus empresas de tecnología, en cambio, parece mucho más completo: no solo ataca a las mayores empresas de Internet, sino a todo el sector.

Esto es extraño porque durante años, fue la sabiduría convencional en los medios occidentales que tener un sector de «tecnología» era crucial para la innovación y el crecimiento, etc. De hecho, durante muchos años los expertos estadounidenses argumentaron que la economía de China se vería frenada por la insistencia del gobierno sobre el control de la información, ¡porque haría imposible que China construyera un sector tecnológico de clase mundial! Lo que ocurrió fue que China, de todos modos, acabó construyendo un sector tecnológico de nivel mundial, y ahora está destruyendo deliberadamente el sector tecnológico de nivel mundial que construyó.

Tengamos en cuenta que China no está tomando medidas enérgicas contra todas sus empresas de tecnología. Huawei, por ejemplo, todavía parece gozar del pleno respaldo del gobierno. El gobierno se está volviendo loco para tratar de crear una industria de semiconductores nacional de nivel mundial, arrojando enormes cantidades de dinero incluso en las nuevas empresas más especulativas. Y todavía está gastando mucho en inteligencia artificial. No es la tecnología lo que China está aplastando, son las empresas de software de Internet orientadas al consumidor que los estadounidenses tienden a etiquetar como «tecnología».

¿Por qué los estadounidenses equiparan la «tecnología» con empresas como Google, Amazon y Facebook, de todos modos? Una de las razones es que la industria de Internet para el consumidor es algo en lo que Estados Unidos es fantástico: a diferencia de nuestras industrias de hardware electrónico, el software para el consumidor es un segmento en lo que los competidores asiáticos aún no han podido vencernos. Otra razón es que las empresas de software obtienen muchas ganancias: Facebook ganó más de US$18.000 millones en 2020, tres veces lo que Micron o Honeywell y seis veces Cisco lo que.

Con sus bajos gastos generales, economías de escala y red, valiosa propiedad intelectual, fuerte valor de marca y productos diferenciados, las empresas de software exitosas naturalmente tienden a generar altos márgenes. Eso es cierto tanto para las empresas de software más pequeñas como para las grandes. Y dado que en Estados Unidos a menudo tendemos a equiparar las ganancias con el valor, esto significa que pensamos que son muy valiosas.

Sólo puedo dar la razón a Smith, cuyo cerebro maléfico funciona con gran eficiencia. El gobierno chino una vez más está dando sopas con honda a los occidentales, y van dos millones de veces en las últimas dos décadas, al haber percibido que convertir a un puñado de millonarios en controladores y gestores de la discusión pública y las comunicaciones es una medida excelente para este puñado de millonarios, pero no tan guay para el resto.

El Wall Street Journal, en otro artículo, incide sobre el mismo tema. Citando fuentes gubernamentales, explica que la increíble campaña concertada de Google, Twitter y Facebook para expulsar de las redes a Donald Trump CUANDO TODAVÍA ERA PRESIDENTE DE EEUU es uno de los motivos que han llevado al presidente chino, Xi Jinping, a plantarse respecto a las compañías chinas que pueden pensar que están por encima de la ley:  

En reuniones internas, según algunas fuentes, Xi ha hablado sobre la necesidad de diferenciar el sistema económico de China. El capitalismo occidental, en su opinión, se centra demasiado en la búsqueda resuelta del beneficio y la riqueza individual, al tiempo que permite que las grandes empresas se vuelvan demasiado poderosas, lo que conduce a la desigualdad, la injusticia social y otras amenazas a la estabilidad social.

A principios de este año, cuando Facebook Inc. y Twitter Inc. eliminaron las cuentas del ex presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, Xi vio otra señal más de que el sistema económico de Estados Unidos es defectuoso: permitía que las grandes empresas dictaran lo que un líder político debía hacer o decir.

Las industrias que Xi considera que están desviadas por un espíritu capitalista, que incluyen no solo la tecnología, sino también la formación extra-escolar, los juegos digitales y el entretenimiento, están sufriendo la campaña.

Llama la atención que tengamos que recibir lecciones de sentido común y de estado del Partido Comunista de China, además de las que deberíamos estar recibiendo sobre patriotismo, pero esto es lo que hay: estamos gobernados por una élite cerril, opaca, miope y fácilmente sobornable, que se pasa el día engañando al fisco sin que haya ninguna consecuencia tangible. De un modo u otro, esto no ocurre en China y da la impresión de que están muy felices con la situación actual.

Carrefour, la próxima víctima de Amazon

Ya he escrito largo y tendido sobre cómo Amazon ha arrasado el interior de EEUU, sectores enteros, el derecho internacional y el sistema tributario de varios países. Es por ello fundamental identificar cuáles pueden ser las siguientes víctimas de Amazon: ¿los osos polares? ¿la liga portuguesa de fútbol? ¿el teorema de Pitágoras?

Hablemos de Carrefour. En este reciente artículo de inversión.es, se detalla la compleja situación en la que está el gigante francés de los supermercados, después de que el tercer hombre más rico del mundo, Bernard Arnault, haya puesto a la venta toda su participación en la compañía, donde había entrado hace 14 años.

Inversión.es cita a Charles Allen, analista senior del sector minorista para Bloomberg Intelligence, quiene explica que la salida de la familia Arnault «podría demostrar la naturaleza a largo plazo de los cambios en el comercio minorista de alimentos, que a menudo son frágiles y susceptibles a los competidores que buscan retener participación de mercado»:

Desde que hace cerca de un lustro los dos gigantes del sector, Walmart primero y Amazon después, entrasen de lleno en el mundo online todo se ha precipitado.

El problema de fondo es que lo digital, en cuanto a los supermercados, es una solución tan necesaria como ineficaz. Lo primero se explica relativamente fácil y, es que, sin una plataforma de venta online, cualquier firma está prácticamente muerta. Esa parte la entendieron muy rápido tanto Walmart, el mayor minorista del mundo físico, que compró Jet.com en 2016 y Amazon que adquirió la cadena de supermercados Whole Foods en 2017. Más tarde se han ido incorporando otras muchas firmas. Obviamente, las más rezagadas han tenido que acelerar dramáticamente con la llegada de la pandemia.

Carrefour es una de ellas. Así, el gigante galo, al que solo superaba Walmart, ha pasado por muchos problemas en los últimos años, entre ellos un largo periodo de estancamiento que obligó a una reestructuración importante. El problema de fondo es que el grupo francés había confiado durante demasiado tiempo en el modelo de hipermercado que fue pionero en 1960, pero que en la última década se demostró caduco. La llegada de Alexandre Bompard, director ejecutivo de Carrefour, intentó corregir ese defecto, pero no ha logrado despegar.

Aunque evidentemente hay más problemas. Carrefour contaba con que su tamaño, y posibilidad de inversión, le permitiría un rápido despliegue online, como así ha sido. Pero sus competidores también han hecho grandes avances. Tanto los más grandes, que ya llevan años en ello, como los más pequeños a través de otras plataformas comunes. De hecho, una de ellas se ha hecho especialmente famosa, Instacart, que ofrece un servicio de entrega o recogida que atienden a cerca de 50.000 tiendas que podría salir próximamente a Bolsa con una valoración que la situaría fácilmente por encima del propio gigante francés.

El problema de la competencia puede ir más allá, dado que según la propia presidenta de Instacart, Nilam Ganenthiran, señala que cuanto más grande se vuelve la firma, más fácilmente puede escalar su tecnología (lo que él llama la «tuvería» digital) a más supermercados. En otras palabras, mientras que las grandes como Carrefour están invirtiendo miles de millones en lograr una digitalización eficiente de su negocio, las más pequeñas pueden competir de tú a tú con una inversión mucho menor. El hecho de que los otros competidores sean de la envergadura de Amazon o Walmart, con muchos más recursos, tampoco ayuda. Al final, la firma francesa puede verse atrapada en medio.

En cuanto a la segunda premisa, la de una solución ineficaz, o poco eficiente, parece algo más controvertida. Pero es una realidad en el día a día. Así, los primeros intentos de Walmart o Amazon no proliferaron en una barrida de cuota de mercado frente a sus otros competidores más timoratos a la hora de apostar por el online. La razón es que el sector avanza de forma mucho más definida que otros hacía la omnicanalidad, esto es la presencia física y digital. De hecho, Marc Lore, el encargado digital de Walmart (y fundador de Jet.com), dejó recientemente la firma y sus responsabilidades fueron asumidas por Casey Carl, el director de Estrategia Omni.

Pero no solo es que no hay una estrategia clara digital para el sector, más allá de estar, sino que esa parte es la menos rentable. Incluso deficitaria. Al fin y al cabo, resulta muy difícil que se pueda ganar dinero vendiendo alimentos en línea, debido al alto coste de entregar frutas y verduras voluminosas en lugar de que los clientes hagan esa tarea. Más complicado todavía cuando los supermercados ya trabajaban con márgenes que rondaba entre el 2 y el 4%. El ejemplo paradigmático de todo ello es Amazon que todavía no es capaz de ganar dinero en este segmento.

¿Será así siempre? Presumiblemente no. Aunque por el momento se ha convertido en una guerra de desgaste. De hecho, Amazon tampoco era capaz de ganar dinero hace no mucho y tampoco le preocupaba, solo atesorar cuota de mercado. Ahora la táctica podría ser similar. Walmart también parece dispuesta a unirse a la guerra y junta a ella otros gigantes como Ahold Delhaize, Tesco o las chinas Alibaba y JD.com, ambas atesorando marcas de supermercados.

La recuperación de la economía española sigue bajo mínimos

El INE anunció que la recuperación de la economía española en el primer semestre del año, que se había estimado originalmente que era medio decente, lo es mucho menos. España, como diría José María Aznar, no va bien. Los datos muestran claramente que el rebote de actividad tras los encierros que siguieron al inicio de la pandemia es el más pobre de toda la Unión Europea, y ya habían mostrado que la creación de empleo es tan anémica que es contraproducente (al centrarse en contratar funcionarios)…

¿Habrá reacciones, reformas estructurales, rebajas de impuestos para estimular el crecimiento?

(David Román es excorresponsal en Madrid del Wall Street Journal, y autor del libro “Podemos en Venezuela: cómo se financió la infiltración chavista en España”, publicado este año por la editorial Homo Legens. Su columna Finanzas Políticas, sobre la interacción entre sus dos mayores pasiones, se publica de forma semanal, y también se puede recibir en forma de newsletter aquí.)

(Imagen: Robert Scoble CC BY 2.0)