La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

Santiago Abascal (Imagen: Contando Estrelas)

Santiago Abascal: «VOX no es una escisión del PP. Proponemos cosas que nunca han propuesto»

Miramos con simpatía la posición de Viktor Orbán, que de algún modo se está convirtiendo en el líder de una nueva visión de Europa.

En Hungría se sabe muy poco de la política española. ¿Cómo presentaría Vox al lector húngaro en un minuto?

Si en Hungría se sabe tan poco sobre la política española, eso justifica la posición mayoritaria de los húngaros, del gobierno húngaro, y también de una parte de los españoles, en el sentido de que lo importante de la UE son las naciones de la UE. Europa no es una nación: Europa es una unión de Estados. Algunos quieren conducir la UE hacia una vía federal que es imposible.

A los húngaros les diría que España es una nación que asienta sus raíces en el cristianismo, y que ha tenido importancia extraordinaria en la historia de Europa en la medida en que ha contenido el avance islámico con una Reconquista de siete siglos, y también en la medida en que llevó el cristianismo y la lengua española a la civilización hispanoamericana. España en cierto modo hace a Europa más grande porque tiene una conexión histórica privilegiada con el otro lado del Atlántico. Por tanto, España es una nación muy importante para el proyecto europeo, siempre que ese proyecto no sea el de la disolución de las naciones.

¿Cuáles serían las metas principales de un gobierno suyo (sea porque VOX ganase las elecciones, sea participando en una coalición)?

Serían metas que tienen que ver fundamentalmente con la defensa de la unidad nacional. España está padeciendo un ataque a su unidad territorial. No podemos permitir que nuestra integridad como nación sea sometida a votación, y menos aún que se dé un golpe de Estado contra la misma. También serían importantes para nosotros las medidas relacionadas con la inmigración: queremos que nuestras fronteras sean defendidas; no por odio a los de fuera, sino por amor a los de dentro, pues las fronteras son las paredes de nuestra casa: protegen nuestra prosperidad, identidad y libertad. Además, pensamos que nuestro mundo hispánico, occidental y cristiano es incompatible con el mundo islámico, y que no es posible que esos dos mundos convivan en una ensalada multicultural que sólo lleva al conflicto. Hay muchos barrios en Europa, como Möllenbeck, donde eso queda demostrado.

VOX ha multiplicado el número de sus militantes y, según encuestas recientes, irrumpiría en las Cortes y en el Parlamento Europeo. Sin embargo, con la elección de Pablo Casado como presidente del PP, este partido intenta recuperar su discurso tradicional. ¿No teme que el “efecto Casado” pueda neutralizar el “efecto VOX”?

Había muchos que temían que ocurriera eso, pero la realidad ha sido la contraria. Desde que ha llegado Pablo Casado, la afiliación a VOX se ha acelerado. Desde la elección de Casado, VOX ha crecido en un 33%. Por otro lado, VOX no es una escisión del PP que quiera defender un “PP auténtico”. Es verdad que algunas personas de VOX procedemos del PP; pero también es cierto que VOX propone algunas cosas que nunca ha propuesto el PP: por ejemplo, la defensa de un Estado unitario que acabe con el problema de esas 17 autonomías que dividen a los españoles, que nos hacen desiguales y que en gran medida nos están arruinando.

Quizás ha sido su intransigencia en la cuestión de la unidad nacional –frente a los separatismos catalán y vasco- el principal elemento propulsor del crecimiento de VOX. Sin embargo, también existen conflictos si las minorías étnicas no tienen sus derechos lingüísticos y culturales garantizados. ¿Cómo resolvería ese problema?

Es que en España no hay un problema de “minorías étnicas”. En España no hay diferentes etnias. Lo que hay en España son algunas regiones en las que convive la lengua nacional con una lengua regional. Pero hay personas cuya lengua materna es la lengua regional y son absolutamente españolistas, y hay personas cuya lengua materna es el español, y sin embargo son separatistas. No es un problema étnico ni lingüístico; es un problema que afecta a España porque algunos españoles han sido contaminados por la Leyenda Negra en relación a nuestra historia; una Leyenda Negra que desfigura la gran tarea histórica de España, que fue, en la colonización de América, la mayor labor de hermanamiento interétnico que se haya hecho jamás. En España la raza nunca ha sido importante, el español no cree en las razas. Para el español no importa la raza, sino la cultura y la visión del mundo, y lo que ha representado el catolicismo. Por eso rechazamos los separatismos regionales, en los que sí anida una componente racista.

No es un problema étnico. En Cataluña, hay una mitad de la población cuya ascendencia está en Cataluña desde hace siglos y otra mitad cuya ascendencia está en el resto de España. Los catalanes están mezclados entre sí y con el resto de los españoles. No hay una población estanca que haya permanecido “étnicamente pura”. El problema que tenemos no es étnico, sino político.

En los conflictos del siglo XX Hungría perdió el 72% de su territorio, y como consecuencia de ello millones de húngaros viven en los países vecinos. Para esas minorías húngaras en Rumanía, Serbia, Eslovaquia, etc., la autonomía de País Vasco y Cataluña siempre ha sido un modelo a seguir. El gobierno de Viktor Orbán apoya esas aspiraciones de los húngaros en el extranjero. Si VOX estuviese representado en el Parlamento Europeo, ¿se opondría a esas iniciativas? ¿Cuál sería su posición?

VOX no se entrometería en una realidad que no conoce. Pero entendemos que el caso de las minorías húngaras fuera de Hungría no tiene nada que ver con el de Cataluña. España –que incluye a Cataluña como parte suya- es una de las naciones más antiguas de Europa. El problema de Cataluña no tiene nada que ver con el de Escocia, o con este de las minorías húngaras. Nosotros seríamos prudentes con las realidades que no conocemos. Somos respetuosos de la soberanía de los Estados. No entendemos cuando Matteo Salvini –al que aplaudimos por sus políticas migratorias- habla de Cataluña y expresa simpatía por los separatistas. Eso es una intromisión en la soberanía de otro país. Espero que la Liga va a rectificar esa posición. Es muy importante que las políticas nacionales sean respetadas, sin intromisiones externas.

Hace una semana, representantes de VOX desplazados a Estrasburgo criticaron duramente la decisión del Parlamento Europeo de aceptar el Informe Sargentini, que consideran una intromisión en la soberanía nacional de Hungría. Podríamos decir que hay ahora mismo tres visiones de Europa: ha mencionado el federalismo, que querría unos Estados Unidos de Europa; en segundo lugar, el concepto de la “Europa de las naciones”; finalmente, existe también la opción del simple abandono del proyecto europeísta y la salida de la UE, como es el caso británico. ¿Cuál es su visión de Europa?

Nuestra visión es la segunda, la de la Europa de las naciones: la de una unión de Estados que caminen de acuerdo; no un proyecto europeo-federalista absolutamente forzado. Europa no es una nación, ni nunca lo será. Europa es un conjunto de Estados. Vemos con recelo el proyecto federalista en la medida en que vaciaría de contenido las soberanías estatales. Por eso miramos con simpatía la posición de Viktor Orbán, que de algún modo se está convirtiendo en el líder de una nueva visión de Europa.

Nosotros creemos en Europa. Pero también creemos que le están haciendo mucho daño a Europa los burócratas globalistas de Bruselas con su política de puertas abiertas a la inmigración, de multiculturalismo y de intromisión en las soberanías nacionales.

Precisamente, el tema de la inmigración es uno de los que suscitan un mayor abismo ideológico actualmente en Europa. Hungría, después de la crisis de 2015, decidió poner una valla en la frontera con Serbia. Pero, antes de construir la valla, estudió varios modelos de protección fronteriza, entre ellos el de Ceuta y Melilla. Desde que se instaló esa valla, la inmigración ilegal a Hungría ha disminuido en un 99%. ¿Por qué la valla húngara funciona y la de Ceuta y Melilla parece no funcionar?

Porque en España la valla no se defiende. En España, en los años 70, no había valla: sólo estaban los legionarios defendiendo la frontera, y no había ninguna invasión migratoria. Hoy, en cambio, hay una valla que no es defendida. Una valla que es asaltada de manera simultánea por 600 personas organizadas de manera para-militar, que lanzan heces, ácido y cal, y van armadas con herramientas que pueden hacer mucho daño a nuestros cuerpos de seguridad. Y enfrente se encuentran a veinte guardias civiles desarmados, que ni siquiera disponen de material antidisturbios. El problema es de voluntad: no existe en España la voluntad de defender la frontera. No la tiene Pedro Sánchez; no la tuvo Rajoy, que dijo recientemente que él no creía en las fronteras, que no le gustaban. Eso lo dijo un Rajoy que era presidente del gobierno y registrador de la propiedad.

Nosotros vemos eso con perplejidad. Las fronteras son las paredes de nuestra patria, y son absolutamente necesarias. Y no las defendemos por desconfianza, odio, rechazo a quien viene de fuera, sino por proteger a los que están dentro, como haríamos con nuestros hijos en casa. Por eso nos sentimos identificados con una nación como Hungría, que no sólo construye mecanismos para defender las fronteras sino que además tiene voluntad de usarlos.

Nosotros queremos perfeccionar la valla de Ceuta y Melilla. No queremos que nadie se haga daño con las concertinas. Proponemos sustituir la valla metálica por un verdadero muro que resulte infranqueable. Queremos que la Guardia Civil y la Policía Nacional puedan defender la frontera con material antidisturbios. Queremos que quien entre ilegamente en España sea expulsado inmediatamente. Y también que no exista ningún tipo de ayuda pública a la inmigración ilegal: lanzar el mensaje de que quien entre de manera ilegal nunca va a poder vivir legalmente en España.

Así terminaríamos con el efecto llamada –del que son responsables Merkel, Pedro Sánchez o Soros- que nos está haciendo mucho daño a todos.

Ya que habla de Soros… Viktor Orbán presentó su última campaña electoral casi como un duelo personal con George Soros. Usted mismo, hace dos meses, criticó duramente el encuentro secreto entre Soros y Pedro Sánchez, y llegó a afirmar que Soros es corresponsable de la política migratoria del gobierno socialista español. ¿Es realmente George Soros una pieza tan importante en la política internacional?

Es evidente que quienes manejan grandes cantidades de dinero tienen poder. Soros influye en la política migratoria, influye en todo lo que tiene que ver con la ideología de género, influye contra la unidad de España en Cataluña, y dentro de poco se van a conocer datos que sitúan a Soros en el epicentro del golpe de Estado en esa región. Para mí Soros no es un húngaro, sino un apátrida: es un magnate internacional con obsesiones ideológicas que se ve a sí mismo como un pequeño dios. No puedo tener más desconfianza frente a un personaje de esa naturaleza. Tenemos que protegernos de un personaje que, por ejemplo, financia a ONGs pro-inmigración que trabajan en complicidad directa con los traficantes de personas. España debe hacer todo lo posible por limitar, entorpecer o incluso ilegalizar las ONGs financiadas por Soros.

VOX es un partido que pretende irrumpir en la escena política española y europea sin ningún apoyo mediático y yendo siempre contra corriente. Usted está luchando contra gigantes que no son molinos de viento. Eso requiere cierto carácter quijotesco. Pero incluso los caballeros andantes necesitan musas y escuderos. ¿De dónde saca fuerzas, quién le motiva o inspira en su lucha política?

Mi padre. Desde muy jovencito he sabido lo que era defender a España en una zona muy difícil en la que algunos españoles optaron por la deslealtad y la traición. He conocido la amenaza terrorista: quisieron asesinar a mi abuelo, a mi padre y a mí mismo. Y, cuando uno vive una vida así de joven, es mucho más fuerte en la edad adulta. Eso me ayuda.

Y me ayuda también la absoluta convicción de la trascendencia del ser humano. Y no sólo por la fe que tengo. Creo que estamos aquí para trascender, para dejar algo a otras generaciones. Y creo que la vida personal no es tan importante como se pudiera pensar. Sobre todo para los que tenemos fe y pensamos que hay algo después de la vida, los que pensamos que la muerte no es el final. Eso es lo que me da fuerza. Pero no sólo a mí, sino también a muchos otros españoles. La creencia en la trascendencia fue lo que posibilitó que España fuera un gran imperio.