La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

"Día de la Hispanidad - 12 de Octubre de 2019" (Imagen: Oscar in the middle CC BY-NC-ND 2.0)

Si no te das importancia

A nivel de nación los españoles se regocijan en echarse tierra, destacar lo malo, despreciar a sus héroes y desprestigiar sus mitos.

Hace unos años se puso de moda en Madrid que al desfile del Doce de Octubre por la mañana le siguiera por la tarde otro más festivo y popular celebrando la Hispanidad. En este desfile se concentraban gran cantidad de gentes venidas de todos los países hispanoamericanos, así como de habitantes autóctonos madrileños en un jocoso ambiente de celebración fraternal. La inmigración desde Suramérica se incrementó mucho desde finales de los noventa y no ha parado desde entonces. Por propia experiencia sé que cuando se convoca a los hispanos a una fiesta suelen ser de lo más cumplidores, por lo que estos desfiles solían convertirse en éxitos de afluencia y diversión. Sin embargo, no hay fiesta sin aguafiestas. Así que éstos no tardaron en hacer aparición para deleite del grupo de los habituales que se recrean en la crítica de la culpable nación que llevó el español y su cultura a todos esos sitios.

Así fue cómo presencié en uno de los últimos el esperpento más grande visto en desfile. Mientras que enormes grupos carnavalescos engalanados con interesantes y sofisticados trajes de explosivos colores, en representación de regiones y países, se preparaban para salir a exhibir con orgullo sus bailes y música tradicional, un grupúsculo de desteñidas y serias personas preparaban un cartel que salía justo a la cabecera del desfile y que decía “Nada que celebrar”, y algo más que no recuerdo. Suficiente impacto me produjo esto, pues bien que estaban todos los que venían detrás celebrando, y vaya que lo celebraban bien. En realidad sin acordarme de lo que rezaba exactamente el cartel, sé que denunciaba algo del supuesto “genocidio” español contra los pueblos de Hispanoamérica. Sin embargo, los muchísimos participantes en el desfile eran todos orgullosos mestizos y “nativos americanos”, como hoy de forma políticamente correcta se dice. He de decir que esto del genocidio es un tema del que se ha puesto de moda hablar últimamente y con el que curiosamente nos aleccionan nuestros queridos estadounidenses, pues creo que los españoles hasta hace unas décadas vivíamos ajenos a ese pecado de la devastación sistemática de la población nativa americana de la que ellos nos ilustran. No me meto en todos los abusos que se cometieron en la conquista y que nadie niega, no, me refiero al supuesto objetivo de la extinción de la población nativa. Muy mal se nos debió dar por lo que se ve. 

Otros pueblos lo practican como la jovenzuela que se lamenta de lo fea que es para que todos la contradigan y le reciten razones que la convenzan de lo contrario, los españoles de verdad se regocijan en sus deméritos.

Todo esto venía a que me llama la atención el desprecio que muchos españoles muestran a su historia y su cultura. Si en todas las familias hay luces y sombras, no va a ser menos a nivel de nación. Los historiadores tienen la misión de no esconder lo uno ni lo otro, de dedicarse a los detalles, de darlos a conocer. Pero luego está el factor psicológico, ése que entre amigos te hace contar todas las buenas anécdotas, las luces, los logros y todo lo que te enorgullece de tus abuelos y callarte, o al menos no destacar, lo malas personas que fueron en otros aspectos, pues eso provoca vergüenza y pudor y, seamos sinceros, lo malo de tu familia se perdona hasta el olvido. Sin embargo, a nivel de nación los españoles se regocijan en echarse tierra, destacar lo malo, despreciar a sus héroes y desprestigiar sus mitos, espera, ¿qué mitos?. No digo yo que esto sea una anomalía, pues otras naciones también juegan a este juego, sobre todo últimamente. La anomalía está en que mientras por ejemplo otros pueblos lo practican como la jovenzuela que se lamenta de lo fea que es para que todos la contradigan y le reciten razones que la convenzan de lo contrario, los españoles de verdad se regocijan en sus deméritos. Así es y así ha sido durante mucho tiempo, quizás demasiado ya, que el ser tristes nos empezó en el 98, en el 98 del XIX, y aquí seguimos sin darnos importancia. 

Lo de sentirse inferior al nórdico no es un sentimiento unidireccional. Para compensar, ellos se sienten a su vez superiores al sureño. Por algo nos llaman cariñosamente los “PIGS” (Portugal, Italy, Greece and Spain).

Si estás venido abajo y no te das importancia nunca vas a levantar cabeza. Si tú no te das importancia nadie te la va a dar, decía siempre mi madre. Pues bien, así es, nadie nos la da. También es verdad que es un mal momento para que nos la den, pero si nos seguimos creyendo inmerecedores de crédito, nunca lo tendremos. Leo por ahí a alguna gente lamentarse sentidamente de lo que pensarán de nosotros “en Europa”. No hay que preocuparse, nadie está pendiente de nosotros. La inquietud puede surgirles a nuestros superiores vecinos en un momento determinado en el que la tontería que hagamos aquí les afecte a ellos de forma directa económicamente, si no, sinceramente les trae al pairo. Los caprichos del destino me han hecho relacionarme con algunos europeos y vivir el sueño del exilio. Los españoles somos esa gente del sur que grita mucho cuando usa el teléfono, está de fiesta todo el día, te sirve amablemente cuando vas de vacaciones y poco más. Ni mucho menos te consideran un igual a la hora de formación, modales, cultura. ¿Y eso por qué? Porque nosotros no paramos de desprestigiarnos, de ponernos a su merced, de buscarles la gracia y admirarlos en todo lo que hacen, de verles una luz que ilumina nuestras oscuras vidas. En serio, lo de sentirse inferior al nórdico no es un sentimiento unidireccional. Para compensar, ellos se sienten a su vez superiores al sureño. Por algo nos llaman cariñosamente los “PIGS” (Portugal, Italy, Greece and Spain). 

A tus hermanos de cultura y lengua, esos con los que podrías construir algo especial y grande, los repeles voluntariamente sacando todos los trapos sucios que sean potenciales fuentes de enfrentamiento.

Así pues, todo está estupendamente. A tus hermanos de cultura y lengua, esos con los que podrías construir algo especial y grande, los repeles voluntariamente sacando todos los trapos sucios que sean potenciales fuentes de enfrentamiento. Mientras tanto, y para compensar otra vez, achícate y conviértete en felpudo de tus vecinos nórdicos. Una lógica magnífica para seguir estancados en la letanía del lamento y la inutilidad. Ah, y no mientes jamás clase alguna de sentimiento patriótico, no por Dios, que todos somos cosmopolitas, enemigos del terruño y ciudadanos del mundo muy viajados. A ver si alguien nos confunde y nos llama facha.