La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

(Imagen: cometstarmoon CC BY 2.0)

¿Un gobierno mundial?

Partiendo del principio de que todo lo que crea el hombre es susceptible de ser mal utilizado, es preciso admitir que un gobierno mundial probablemente se convertiría en una herramienta extremadamente peligrosa.

Los economistas hablan de economía de escala, con lo que se refieren a la idea de que cuanto mayor sea una empresa, menores serán los costes de producción, y por tanto mayores los beneficios. La consecuencia de aceptar esta idea es la creencia de que, para aprovechar mejor los recursos, las empresas deben ser cada vez más grandes, y por lo tanto, su número más pequeño. No se suele tener en cuenta que esto da lugar a problemas, como el descenso de la calidad de los productos, consecuencia casi inevitable de la pérdida de competencia. Además existe un punto de diseño óptimo, que si se sobrepasa da lugar a que los descensos de costes se inviertan, y se conviertan en aumentos.

Después de publicar su famoso libro, Small is beautiful, Ernest Schumacher recibió una carta que decía lo siguiente:

El punto crucial es este: a medida que una organización monolítica aumenta de tamaño, el problema de la comunicación entre sus componentes aumenta exponencialmente. Generalmente se calcula que el tamaño máximo de un equipo productivo de investigación científica es igual a doce; por encima de ese tamaño, todos pasan todo el tiempo averiguando qué es lo que hacen los demás. (Citado por Joseph Pearce en su libro Small is still beautiful).

Pearce dice que las ideas de la economía de escala se han extendido a la política de escala, lo que llevaría indefectiblemente a un gobierno mundial:

[L]a democracia se somete a la teoría de la centralización progresiva. Los individuos delegan sus funciones democráticas en un Ayuntamiento; el Ayuntamiento delega sus funciones en un gobierno autonómico; los miembros del gobierno autonómico delegan en el gobierno nacional; los miembros del gobierno nacional en la unión continental; y por último (así lo da a entender esta teoría), la unión continental delegará en un gobierno mundial…

Sin embargo, si este teórico gobierno mundial llegara a convertirse en realidad, es casi seguro que dirá que es una democracia. La gente tendrá voto, aunque no tenga voz. El problema, por lo tanto, no es si la democracia es el camino a seguir, porque casi todo el mundo cree que lo es. El problema es la «democracia» antidemocrática.

A lo largo de la historia ha habido varios intentos de formar ese gobierno mundial. Recordemos nombres como Napoleón Bonaparte, que intentó unificar Europa sustituyendo a los gobernantes máximos por miembros de su propia familia y generales de su ejército; a Adolf Hitler, que quiso fundar un Imperio que duraría 1000 años; a Stalin, Mao Zedong y otros comunistas, que creían que el comunismo acabaría imponiéndose en todo el mundo, lo que llevaría a un gobierno mundial comunista, y a quienes no les importaba la muerte de millones de personas, con tal de imponer su ideología. Algunos piensan que ese gobierno mundial está a punto de imponerse, a partir del actual predominio Occidental en la Organización de Naciones Unidas. Pero ¿es aconsejable crear un gobierno mundial?

Personalmente soy escéptico, y lo he demostrado en varias de mis novelas de ciencia-ficción futuristas, en las que el Gobierno Mundial desempeña casi siempre el papel del villano.

  • En Bajo un cielo anaranjado (1993, 2016), el gobierno mundial quiere poner en marcha la terra-formación de Marte, a pesar del hecho de que eso causaría la muerte de todos los marcianos, seres inteligentes que habitan en el subsuelo del planeta.
  • En la continuación del libro anterior, Descenso al infierno de Venus (1999, 2016), se explican con las siguientes palabras algunos de los peligros del Gobierno Mundial: Aunque el mundo está unido, sigue habiendo conflictos, todos civiles, naturalmente, pero ya se sabe que la guerra civil suele ser la más inhumana y cruel de todas. También se plantea la posibilidad de que dicho Gobierno Mundial sea ocupado por un dictador que lo utilice en su propio beneficio.
  • Finalmente, en Operación Quatuor (2014), el Gobierno Mundial se ha convertido en uno de los principales antagonistas de la novela. 

Partiendo del principio de que todo lo que crea el hombre es susceptible de ser mal utilizado, es preciso admitir que un gobierno mundial probablemente se convertiría en una herramienta extremadamente peligrosa, que dejaría pequeñas las predicciones de la novela de George Orwell, Mil Novecientos Ochenta y Cuatro, en la que dicho gobierno mundial ni siquiera había llegado a construirse, pues el mundo estaría dividido en tres superpotencias (Oceanía, Este-Asia y Eurasia) en guerra permanente las unas contra las otras, y que se han convertido en dictaduras asfixiantes.