La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

Un nuevo modelo bancario que favorece a los ricos


Hace años que soy bastante negativo sobre el futuro de la banca comercial, ya que a su modelo actual le quedan dos telediarios, antes de que cualquier BigTech o muchas FinTech se hagan con sus clientes. Pero, ojo, el modelo actual puede mejorar con correcciones y ajustes. Me llama mucho la atención este nuevo modelo bancario emergente, al menos en EEUU, que presenta mi ex colega de Bloomberg News Matt Levine en ocho puntos (las traducciones son mías):

1 En los viejos tiempos, los ricos invertían su dinero en acciones y bonos. Querían un flujo de efectivo procedente de esas acciones y bonos, dinero con el que pudieran vivir sin gastar capital. Y las acciones y los bonos producían flujos de efectivo. Los bonos de alta categoría pagaban intereses, las acciones de empresas de postín pagaban dividendos y sus ricos propietarios utilizaban los pagos de intereses y dividendos para financiar su tren de vida.

2 En la actualidad, los ricos todavía invierten su dinero en acciones y bonos, pero han descubierto el concepto de eficiencia fiscal. Los dividendos y los pagos de intereses están sujetos a impuestos; si tienes $100 millones de riqueza, que generan un 5% anual en intereses y dividendos, y pagas una tasa impositiva del 40%, entonces en un año pagará $2 millones de impuestos y serás $3 millones más rico. Preferirías no pagar los impuestos.

3 Por lo tanto, ya no hay grandes expectativas de que las acciones de calidad paguen grandes dividendos, o ninguno: las empresas retienen las ganancias para reinvertir en crecimiento (recompensando a sus accionistas con una revalorización del capital en lugar de dividendos), o si quieren devolver efectivo lo hacen a través de recompras, con una fiscalidad más eficiente, en lugar de dividendos.

4 Mientras tanto, las tasas de interés de los bonos son realmente bajas. Esto es más una cuestión macroeconómica que una cuestión de eficiencia fiscal, honestamente, pero vale la pena señalarlo.

5 Si tienes $100 millones de riqueza y se aprecia un 5% por año sin que recibas flujos en efectivo, entonces en un año no pagarás impuestos y serás $5 millones más rico. ¡Mejor!

6 ¿Cómo pagas tu tren de vida? Bueno, si tienes $100 millones, puede pedir prestado dinero garantizado por su cartera. Si pides prestados $3 millones al año (lo que supusimos que recibías al final con el sistema anterior) y tu patrimonio sigue acumulándose al 5% anual, nunca tomarás prestado más del 23% del valor de sus propiedades. Un banco debería sentirse bastante cómodo prestándote el 23% del valor de tu cartera de acciones y bonos, ya que eres rico.

7 Pedir dinero prestado no es un ingreso, por lo que no pagas impuestos sobre este dinero.

8 Y pagarás un interés muy bajo por este préstamo (pueden consultar el punto 4).

Como concluye Levine, este nuevo modelo bancario es solo una forma más eficiente de extraer dinero del dinero. Sin embargo, requiere un cambio en el modelo comercial de los bancos: en lugar de ser principalmente un negocio de prestar a personas que no tienen dinero y lo necesitan, los bancos listos se pasan al negocio de prestar dinero a personas que tienen mucho dinero pero que no quieren liquidar activos financieros.

Hace cinco años, siendo el único periodista del universo que cubría las sesiones del parlamento de Singapur (créanme, no había nadie más en aquella sala) recuerdo estar un momento pensando en mis cosas, y de repente había en el parlamento una educada discusión sobre fiscalidad, lo que es raro porque en Singapur no se paga casi ningún impuesto (en torno al 5% de los ingresos totales anuales), y se levantó el ministro de Finanzas y dijo:

-No queremos subir impuestos y aumentar la complejidad del sistema fiscal porque no queremos que en este país la gente se dedique a optimizar su pago de impuestos. Lo que queremos es que inviertan y gasten en lo que consideren que va a ser más rentable, y ello redundará en empleos y beneficios para todos. No queremos un país de gente obsesionada con pagar menos impuestos.

Esta declaración es extraordinaria, y de una claridad propia de político de Singapur, que generalmente suele ser gente más lista que usted y yo, lector. Es muy importante tenerlo en cuenta porque, en occidente, cuando la gente discute los beneficios de los impuestos altos y los impuestos bajos, la discusión suele ser de una extraordinaria pobreza intelectual, y reducirse a: si los ricos pagan menos impuestos, podrán contratar más chachas y cocineros, lo que redundará en más empleo.

¡Ése no es el mayor beneficio de los impuestos bajos! Los impuestos bajos resultan, entre muchas otras cosas, en una ciudadanía a la singapureña: dedicada a invertir en lo que piensa que es rentable, y no en lo que deduce. Una ciudadanía que busca la creación de riqueza y no la reducción de su carga fiscal.

Lo que está diciendo Levine es que los bancos (en EEUU) están empezando a ajustarse a un mundo de impuestos altos, en los que la gente asume que el fisco va a estar detrás de cada perra que ganes, con lo que te conviene no ganar perras: no reportar flujos de capital (tasables) sino incrementos del patrimonio mobiliario (no tasables hasta que los conviertes en flujo). Y la banca puede encontrar ahí un nicho que es extraordinariamente neocapitalista: prestarle dinero a gente que no necesita dinero, pero prefiere que se lo prestes, y que de todos modos tiene un crédito excelente y jamás dejará de devolverte el préstamo.

Obviamente, esto resulta en que los préstamos de los grandes bancos estadounidenses a sus clientes más ricos se están disparando, a medida que los estadounidenses acomodados piden prestado para comprar segundas residencias, invertir en el mercado de valores y posiblemente aligerar sus facturas fiscales. ¿Y los pobres? Los pobres que voten a Trump, tontorrones. Sigue Levine:

El valor combinado de los préstamos otorgados por las filiales de gestión patrimonial de JPMorgan Chase, Bank of America, Citigroup y Morgan Stanley superó los 600.000 millones de dólares en el segundo trimestre, un 17,5% más que el año anterior. Esto representó el 22,5% del total de la cartera de préstamos de los bancos, frente al 16,3% a mediados de 2017.

Este tipo de endeudamiento ha ido en aumento durante más de una década, pero el ritmo se ha acelerado desde que la Reserva Federal recortó las tasas de interés en respuesta a la pandemia. Para un préstamo a dos años contra inversiones líquidas como acciones, los clientes de gestión de patrimonio pueden esperar pagar una tasa de alrededor del 1,4 por ciento, según banqueros y asesores.

El contraste con las carteras de préstamos al consumo (para trumpistas de clase media) y corporativos (PYMEs, gran empresa) de los bancos es sorprendente. Los préstamos de gestión patrimonial en JPMorgan, Bank of America, Citi y Morgan Stanley han crecido un 50 por ciento en los últimos cuatro años, en comparación con solo el 9 por ciento de su cartera de préstamos en general.

JPMorgan y Citi ahora están prestando más a un pequeño número de clientes con un patrimonio neto ultra alto que a sus millones de clientes de tarjetas de crédito. Hace una década, JPMorgan prestaba cinco veces más a clientes de tarjetas de crédito que a clientes privados. A este nuevo modelo bancario, Levine lo llama así: “Comprar pedir prestado morir”. El chiste es que la muerte, dados los impuestos de transmisiones, también ha de ser optimizada fiscalmente.

El enemigo sigue acechando a Facebook

Hace unas semanas, escribí sobre cómo un juez federal estadounidense rechazó dos demandas por competencia desleal contra Facebook. Su (muy débil e incoherente) argumento fue que sólo puede haber una situación monopolística si una empresa controla los precios en un mercado, pero dejó la puerta entreabierta a que continúen los muchos movimientos políticos soterrados contra Facebook que hay en marcha.

La frecuentemente valiosa revista New Yorker tiene un largo artículo explicando que esa puerta, de hecho, está bastante más abierta de lo que podría parecer:

Los casos de Facebook fueron una parte central de lo que se ha convertido en un impulso bipartidista para restringir a las principales empresas de tecnología, que también incluyen a Google, Amazon y Apple. Estas empresas, durante la última década, se han convertido en entidades en expansión que median o controlan grandes porciones de los mercados de los medios, la publicidad, el comercio minorista, las redes sociales y las comunicaciones.

El Departamento de Justicia y docenas de estados presentaron casos igualmente ambiciosos contra Google el otoño pasado, y algunos expertos antimonopolio han estado prediciendo que se presentará una demanda de escala similar contra Amazon en un futuro cercano. En el Congreso, la legislación antimonopolio dirigida a las grandes empresas de tecnología es una de las pocas áreas en las que republicanos y demócratas han encontrado razones para cooperar, aunque a menudo diferentes, y se están desarrollando varios proyectos de ley.

El colapso de las demandas contra Facebook por parte del gobierno representaría un golpe significativo para esta campaña principal…

Se refieren a las demandas recientemente tumbadas por el juez Boasberg, de las que escribí hace unas semanas.

Sin embargo, una lectura atenta de las opiniones del juez Boasberg sugiere que la batalla está lejos de terminar. Respecto al caso de amenaza a la competencia, el juez dice que no está desestimando toda la demanda sino simplemente sugiriendo que la Comisión Federal de la Competencia (FTC) vuelva a trabajarlo para abordar sus debilidades y luego vuelva a presentarlo dentro de los treinta días de plazo.

Es probable que una pieza en particular cause disgusto dentro de las oficinas ejecutivas de Facebook: «la agencia está en un terreno más firme en el escrutinio de las adquisiciones de Instagram y WhatsApp», escribe Boasberg. «El Tribunal rechaza el argumento de Facebook de que la FTC carece de autoridad para buscar medidas cautelares contra esas compras». La FTC ha manifestado que quiere obligar a Facebook a deshacer las adquisiciones de Instagram y WhatsApp porque eran anticompetitivas; Boasberg sugiere que la petición es legítima. Después de revisar la opinión, George Hay, profesor de derecho en la Universidad de Cornell y exfuncionario antimonopolio del Departamento de Justicia, me dijo: «El juez les ha dado una hoja de ruta».

Al rechazar las demandas de los estados contra Facebook, Boasberg planteó una pregunta válida, que apunta a los fracasos políticos y de políticas que se desarrollaron durante la última década, cuando el gobierno hizo poco para evitar que las empresas se convirtieran en gigantes en los que se han convertido. Prácticamente reprendió a los estados por no hacer algo antes; había indicios de problemas ya en 2012, cuando Facebook compró Instagram, que entonces era su competidor.

Esa adquisición, y la compra de Whatsapp en 2014, fueron aprobadas por los reguladores, y los fiscales generales no hicieron nada para objetar hasta años después, cuando el apetito político por criticar a las empresas de tecnología había cambiado drásticamente. “Es como si tu vecino estuviera construyendo una extensión de su casa sobre la línea de tu propiedad, pero te sientas allí y esperas hasta que haya un edificio de tres pisos y luego dices: ‘Tienes que derribarlo’”, dijo Hay. «Eso no está permitido».

Lo malo de los errores políticos no son los errores en sí, sino los años que tardan en ser meramente corregidos. El mal gobierno causa daños persistentes para las sociedades, incluso peores que los que causa Facebook. En cualquier caso, todo esto ha de ser muy preocupante para cualquiera que tenga acciones de Facebook en su cartera.

Progrecapitalismo en un anuncio

Una tarjeta bancaria en forma de bandera del arcoíris es quizá la fusión perfecta entre los bandos que lucharon la Guerra Fría. Igual la pido. De hecho, ya tengo chanclas con la bandera del arcoíris.

(David Román es excorresponsal en Madrid del Wall Street Journal, y autor del libro “Podemos en Venezuela: cómo se financió la infiltración chavista en España”, publicado este año por la editorial Homo Legens. Su columna Finanzas Políticas, sobre la interacción entre sus dos mayores pasiones, se publica de forma semanal, y también se puede recibir en forma de newsletter aquí.)