La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

Placa conmemorativa de Miguel Servet en Budapest (Szenti Tamás CC BY-SA 3.0)

Unitarismo: de Aragón a Hungría

La idea de un Dios único dentro del Cristianismo resucitó gracias a un aragonés y arraigó entre húngaros, levantando un puente tan curioso como poco conocido.

El cristianismo no nace trinitario. De hecho, en los Evangelios no hay una referencia explícita a la Trinidad, y sí a la unidad de Dios. En Marcos 12:28-29:

28. Acercóse uno de los escribas que les había oído y, viendo que les había respondido muy bien, le preguntó: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?«

29. Jesús le contestó: «El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor«

Este versículo no es casual. Es, literalmente, la profesión de fe hebrea:

Shemá Israel, Adonai Elohéinu, Adonai Ejad.

El surgimiento de la Trinidad como creencia, primero, y como dogma, después, es un proceso de génesis y explicación extremadamente complejas y que escapan a los objetivos de este artículo. Bastará con indicar que la alternativa principal, el Unitarismo, se mantuvo desde la muerte de Jesús a algunos siglos después. En aras de la brevedad, cabe señalar a los judeocristianos, secta judía con denominaciones como los ebionitas que aceptaban la figura de Jesús como Másiaj, como Mesías, pero no su carácter divino ni la ruptura con la ley mosaica, con la Halajá. Más cercanos a la historia española, los arrianos (entre ellos, los invasores visigodos y sus reyes hasta Leovigildo), creían que Jesucristo fue creado por Dios y está subordinado a él.

Tras el Concilio de Nicea, el desarrollo de la Cristiandad en sus distintas denominaciones fue cerrando el espacio para una concepción no Trinitaria hasta que, para el siglo VIII, se puede considerar que el Unitarismo ha sido erradicado por completo. Tienen que pasar otros tantos siglos para que un aragonés de Villanueva de Sigena llamado Miguel Servet recupere la idea y la lance en una obra cuyo título no deja lugar a error: De Trinitatis Erroribus. Incluso para un momento de naciente libertad religiosa, la radicalidad de las afirmaciones recogidas en la obra escandalizó al resto del mundo protestante.

Servet afirma que el dogma de la Trinidad carece de base bíblica -al no ser mencionado como tal en las Escrituras- sino que es un añadido posterior.

En resumen, Servet afirma que el dogma de la Trinidad carece de base bíblica -al no ser mencionado como tal en las Escrituras- sino que es un añadido posterior. De hecho, se decanta definitivamente por un dilema muy importante para la cristiandad ortodoxa: ¿María es madre de cristo (Christotokos) o madre de Dios (theotokos)? Basándose en citas como Juan 14:28: «Habéis oído que os he dicho: «Me voy y volveré a vosotros.» Si me amarais, os alegraríais de que me fuera al Padre, porque el Padre es más grande que yo«.

Con todo, Servet concede que Jesús ha sido engendrado por Dios y que goza de una naturaleza divina y un vínculo especial con el Padre. Su teología se llega a remontar a alturas neoplatónicas, al asumir que Jesús es el mediador con un Padre trascendente e inaccesible.

Si con su planteamiento con Jesús no hizo amigos en el cisma de la Reforma, lo acabó de arreglar con su idea sobre la caridad como complementaria de la Fe. Recordemos que para el resto de los reformadores «sólo la Fe salva». Sin embargo – y me atrevo a decir, como buen español – Servet aceptaba que la caridad y las buenas obras son agradables a los ojos de Dios y meritorias para el ser humano. En esos días de cisma, dio prioridad a su Fe y razón sinceras por encima de un partido que le protegiera:

ni con estos ni con aquellos estoy de acuerdo en todos los puntos, ni tampoco en desacuerdo. Me parece que todos tienen parte de verdad y parte de error y que cada uno ve el error del otro, mas nadie el suyo… Fácil sería decidir todas las cuestiones si a todos les estuviera permitido hablar pacíficamente en la iglesia contendiendo en deseo de profetizar.

Por Christianismi Restitutio, Servet es condenado a muerte in absentia por la Inquisición francesa. La negrita es necesaria para recordar al lector que la española es la conocida leyenda negra mediante, pero obviamente no la única. Será sin embargo Calvino, reformador del que me ahorro el juicio gracias a que sus obras y dichos nos lo ahorran, quien le condene a muerte. Y lo hace en la hoguera, y además con madera verde para que sufriera más.

Pero Servet había encendido más hogueras. Había encendido una idea de nuevo que ya no se extinguiría. Tras él vinieron otros que apoyaron la misma idea Unitaria y la hicieron más clara y simple en base al trabajo de Servet. Lelio y Fausto Sozzini fueron dos de los teólogos que más hicieron por perfeccionar y divulgar la idea de que Jesús fue un hombre. El socinianismo sostenía que Jesucristo es un hombre ejemplar que fue ungido por Dios en el bautismo y que ha resucitado y está sentado a la derecha del Padre.

Durante casi un siglo mantuvieron su actividad, hasta que en 1658 fueron expulsados definitivamente de la mancomunidad polaco-lituana.

En un primer momento, la hermandad polaca o Ecclesia Minor adoptó las ideas de Sozzini. Durante casi un siglo mantuvieron su actividad, hasta que en 1658 fueron expulsados definitivamente de la mancomunidad polaco-lituana. Pero, para entonces, otra iglesia liderada por Ferenc Dávid (1520-1579) ya se había establecido en Transilvania. Dávid, apoyándose en el trabajo previo de Servet, negó la Trinidad desde su falta de mención explícita en los Evangelios. Su prédica encontró oídos atentos en la población transilvana, y así en la Dieta de Torda de 1568 el Unitarismo fue una de las cuatro denominaciones aceptadas y legales para el territorio, junto al Catolicismo, el Luteranismo y el Calvinismo.

Sus herederos persistieron hasta lograr que se cumpliera el edicto de Torda y la Iglesia Unitaria húngara quedó establecida hasta nuestros días.

No fue una transición incruenta, y sucesivos gobernantes como István Báthory persiguieron a la naciente Iglesia Unitaria hasta encarcelar a Dávid, quien moriría en prisión. Sin embargo, sus herederos persistieron hasta lograr que se cumpliera el edicto de Torda y la Iglesia Unitaria húngara quedó establecida hasta nuestros días. La mayoría de los unitarios de la zona viven en lo que hoy es Rumanía, donde se la conoce como Magyar Unitárius Egyház. Junto a otras congregaciones de otras partes del mundo, mantienen viva la idea de un Dios único dentro del Cristianismo. Esta idea que nació con el Cristianismo, que fue uno de los últimos cristianismos derrotados en feliz expresión del especialista D. Antonio Piñero, resucitó gracias a un aragonés universal y arraigó entre húngaros, levantando un puente tan curioso como poco conocido.