La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

(Imagen: Joka Madruga CC BY 2.0)

Venezuela: víctima del comunismo (y la indiferencia)

En esta tragedia venezolana hay varios responsables que aún no aceptan su error. El primer paso en esa dirección lo dio el mismo pueblo venezolano cuando, ‘sin preverlo’, decidió en las urnas ese camino tortuoso eligiendo a Chávez.

La peor amenaza de la democracia tiene su origen en la acción populista de izquierda cuyo objetivo es engañar al pueblo para acceder al poder, y luego conducirlo a la miseria para mantenerlo doblegado y sometido a su régimen ideológico a través de la pauperización social. Esta es la fórmula que utilizan los líderes comunistas para aferrarse al poder. 

Lograr este cometido, implica incursionar políticamente en las clases menos favorecidas y menos educadas para exponer su estrategia engañosa, es decir que le apuestan a la ignorancia de la gente, a la falta de raciocinio, pues creen que allí en esos bajos estratos poblacionales encuentran el escenario apropiado para hacer creer en su discurso trasnochado de las mismas “consignas anacrónicas” que los comunistas han utilizado históricamente como sus referentes, y que conllevan su consabido sentido de la lucha de clases (violencia), y entonces hablan de: proletariado, imperialismo, oligarquía, explotación del trabajador, la propiedad es del pueblo, el poder es del pueblo, etc.  En fin, el propósito es distorsionar la realidad de la democracia y del verdadero progreso que aporta el capitalismo, y pintar fantasías a través de imposturas totalmente engañosas. 

Fácil se combinan la ambición política del comunismo con la ambición económica del socialismo, es decir que las dos son complementarias para consolidar la ambición de poder en un Estado totalitario y dominado políticamente por un partido único. Solo que se trata de un poder sin ideas de gobierno, un poder represivo, sin respeto a las libertades, sin ideas de progreso, pues al desaparecer la democracia que es la primera ejecutoria comunista, desaparece toda opción de gobierno capaz de lograr cohesionar un desarrollo económico articulado y sostenible, y a cambio lo que aparece son las expropiaciones que atentan contra la propiedad privada para convertirla en propiedad estatal ‘improductiva’ (incluida la expropiación empresarial), y de ahí se desprende obviamente la escalada de miseria, porque no puede ser otro el resultado de eliminar la democracia y arruinar la economía. 

Debacle política, económica, y social

Al pueblo venezolano la historia política lo ha llevado a una instancia de verdadera catástrofe económica y social. Nada más contradictorio que pensar en la inmensa riqueza natural de Venezuela, su riqueza petrolífera comprobada, quizás posee los yacimientos más grandes del mundo, también riqueza mineral; pero gracias al régimen político comunista que gobierna al país, resulta que hoy Venezuela experimenta otra instancia de su historia, una instancia trágica: la miseria absoluta, la población sometida a la perversidad de padecer física hambre, sin asistencia de salud por falta de medicamentos, lo que indica una verdadera crisis humanitaria; pero por si fuera poco, el régimen le agrega la represión armada brutal violando flagrantemente los derechos humanos del pueblo que protesta legítimamente, reclamando su derecho a vivir en democracia, y la respuesta del dictador ha sido  asesinar y encarcelar a quienes protestan. 

En esta tragedia venezolana hay varios responsables que aún no aceptan su error. El primer paso en esa dirección lo dio el mismo pueblo venezolano cuando, ‘sin preverlo’, decidió en las urnas ese camino tortuoso eligiendo a Chávez quien se convirtió en el primer responsable como precursor de esta desgracia histórica, y en segundo lugar está la comunidad internacional que ha dejado solo al pueblo venezolano experimentando esta terrible cruzada, y ha venido asumiendo una postura de simple papel de indiferencia ante los nefastos acontecimientos que han afectado gravemente a este pueblo. No solo es responsable quien comete una mala acción, también hay corresponsabilidad a través de la indiferencia de quien solo observa, pero no hace nada para impedirlo. Las acciones extemporáneas no son la mejor respuesta al sufrimiento humano. 

Lo cierto es que ha faltado criterio internacional para condenar decididamente desde hace años el atropello del régimen comunista venezolano en contra de su pueblo, y ahí se configura la indiferencia. Aquí no se puede excluir ni al Papa Francisco que no ha tenido una postura adecuada, pues lo máximo que ha hecho es hacerle un favor al dictador hablando de “diálogo”, varios diálogos fracasados, y Maduro utiliza este mecanismo únicamente como un pasatiempo de oxigenación política porque el diálogo para él consiste en imponer todo lo que quiera en su rumbo dictatorial. En conclusión, no hay diálogo posible.  Después de 18 años de una dictadura que empezó en 1999, solo hasta el 8 de agosto de 2017 hubo un pronunciamiento de 17 cancilleres de 17 países del continente americano, en reunión celebrada en Lima Perú, donde expidieron una declaración para decir que “en Venezuela se rompió la democracia”, y que condenaban la ruptura del orden democrático. Se enteraron bastante tarde de que en Venezuela existe una dictadura.  La misión de la OEA ha quedado en simples propósitos de condena a ese régimen por parte de la secretaría general, pues ni siquiera ha logrado consenso para activar la Carta Democrática Interamericana como medio de enfrentar los desmanes de la dictadura.  Ante la dimensión de la crisis, y ante acusaciones a Maduro por parte de la oposición y la comunidad internacional por usurpación del poder en elecciones presidenciales que anticipó para mayo de 2018 (sin candidatos opositores), el 23 de enero de 2019 la Asamblea Nacional de Venezuela decidió posesionar a Juan Guaidó como presidente interino de este país, fue reconocido por Estados Unidos y 50 países más, sin embargo, esta idea ha resultado políticamente improductiva, simplemente nominal, pues el poder real lo siguió ejerciendo el dictador Maduro. En agosto de 2021 vuelven a otro supuesto diálogo, en México, entre el régimen comunista y la oposición. Todo indica que será otro fracasado intento de diálogo, y Venezuela continúa lejos de una solución política, económica, y social.  

(El autor acaba de publicar su último libro: Sentido de la vida: Existencia y fin que, junto a sus otras obras, se puede comprar en Amazon.