La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

Villa 31, Buenos Aires, Argentina (Imagen: christoph.wesemann CC BY-NC 2.0)

Vivienda social: la pequeña escala como solución

Involucrar a los futuros residentes en la construcción de sus propias casas reduce la inversión inicial y a la vez genera pertenencia.

Este artículo está basado en una serie de artículos de Nikos A. Salingaros, David Brain, Andrés M. Duany, Michael W. Mehaffy y Ernesto Philibert-Petit, quienes realizaron un estudio sobre la vivienda social en países de América del Sur, indagando sobre las alternativas económicas para enfrentar la problemática habitacional en las grandes urbes, pero también en las pequeñas ciudades. La movilidad campo-ciudad, más el aumento demográfico y la falta de trabajo son causales de la realidad local: grandes asentamientos irregulares y muchas veces ilegales y/o sin propiedad de la tierra.

La construcción de vivienda social no puede ser completamente financiada por los residentes, dada su imposibilidad económica, por lo tanto, los gobiernos o las entidades no gubernamentales deben absorber algunos costos. Por otro lado, esa dependencia simple provoca consecuencias que afectan la forma de la construcción. Involucrar a los futuros residentes en la construcción de sus propias casas reducirá la inversión inicial y a la vez genera pertenencia auténtica sobre el lugar y la vivienda. También es cierto que cuanto más dinero invierta una agencia externa en vivienda social, más control querrá tener sobre el producto final. Esta consecuencia natural conlleva la inevitable adopción de una geometría de control, de coordinación de roles y respeto sobre las decisiones.

Alternativas

  • Las fuentes de financiamiento determinan hoy en día la morfología de la vivienda social. Los gobiernos centrales, queriendo construir de la forma más eficiente, provocan un impacto que a veces sacrifica la complejidad de la forma y de las funciones. Es necesario desarrollar un estándar flexible y basado en la funcionalidad de las morfologías propuestas, teniendo en cuenta la idiosincrasia de los moradores. También es necesario identificar fuentes de financiamiento alternativas para romper la perspectiva del monopolio. 
  • Es necesario obtener fondos de varias fuentes para asegurar que las casas sean económicamente alcanzables para los residentes del barrio. Una sociedad privada-pública es la forma más efectiva para la economía de mercado que genera un asentamiento urbano, en vez de un monstruo monolítico favorecido por la burocracia gubernamental con grandes proveedores centralizados en vez de impactar en el comercio local de forma dispersa en una economía que favorece a mayor cantidad de actores económicos.
  • Involucrar a organizaciones no gubernamentales mantendrá alejada la posibilidad de los gobiernos centrales de modificar el uso de los modos y costumbres funcionales en la construcción del asentamiento urbano.

La propiedad de la tierra

Los gobiernos proveen la tierra -títulos de propiedad- y de esa forma se generan actos corruptos, ya que quienes son dueños de grandes superficies realizan ganancias extraordinarias vendiendo a los gobiernos, y luego estos otorgan la propiedad a los nuevos habitantes solucionando -aparentemente- un problema social, pero en realidad por detrás hay grandes negocios y actos de corrupción bajo el formato de entrega-regalo a cambio de lealtad política al momento de votar en elecciones.

La planificación urbana es la solución en una ciudad de 30.000 habitantes, como en la de 3.000.000 de habitantes. Los cinturones de pobreza son una triste realidad en Argentina y otros países vecinos; y trabajar con esa realidad es muy complejo si los gobernantes no tienen la mente abierta y enfocada en esa realidad.

Se tiene información de numerosos proyectos de vivienda social que tristemente no ayudan a los pobres, sino que son simples oportunidades de inversión para el constructor o el dueño de la tierra para obtener dinero del gobierno. 

Usualmente la avaricia provoca que se rechacen soluciones factibles, sostenibles y viables. La buena vivienda social asequible, tiene la “desventaja” de que los márgenes de ganancias son siempre bajos. Si los gobiernos o los desarrolladores no ven la oportunidad de hacer negocios en el proceso, muchas veces retiran su apoyo a los proyectos. 

Entonces, la participación e involucramiento de los habitantes en el proceso de construcción, aconsejados por arquitectos que trabajen tanto para el gobierno, como para las organizaciones sociales; puede contribuir a un desarrollo ordenado. Es obvio que se necesita una ganancia para impulsar la participación, desde ya, pero ésta debe estar balanceada y relacionada con la ganancia obtenida en la solución de estos serios problemas sociales.

Involucrar a organizaciones no gubernamentales (ONGs), requiere que las autoridades propicien la construcción de sociedades públicas-privadas.

Los llamados “servicios sociales” siguen trabajando de acuerdo al viejo modelo de previsión social, en vez de trabajar con los nuevos modelos de soluciones “basadas en la comunidad” enfocados en problemas variados y variables. El viejo modelo de servicio social agrupa a la gente en grupos según sus patologías particulares (y ello generó una verdadera industria que depende de las carencias de la gente). El nuevo modelo agrupa a la gente basado en sus dones y en lo que aportan a la red, a su comunidad; y no en lo que “necesitan”. Este modelo nuevo está basado en la idea del desarrollo comunal apoyado en las condiciones pro-activas y de participación con fuerte sentimiento de pertenencia.

Más grande, no es mejor

También enfrentamos un problema con las fuentes de inversión que siempre buscan minimizar la carga administrativa, concentrándose en la escala mayor. Es mucho más fácil dar dinero en una sola y fuerte cantidad, que rastrear la misma cantidad dividida y distribuida a varios prestatarios. La reducción del número de transacciones se basa en otros sistemas basados en la oferta y la demanda. Sin embargo, es crucial contar exactamente con esta flexibilidad de micro-financiamiento para que la gente sea capaz de construir sus propias casas. La rehabilitación de un barrio existente requiere un gran número de intervenciones individuales. Se han realizado acciones prometedoras en el desarrollo de sistemas efectivos de dirección que permitan estos micropréstamos (como el Grameen Bank). Pero esto es muy sofisticado y es un modelo financiero avanzado y altamente diferenciado, que no todos los gobiernos están dispuestos a enfocar, dado que son políticas sociales-económicas de largo plazo.

Los actos de gobiernos centrales están atados a un profundo prejuicio contra la pequeña escala. Un proyecto gubernamental requiere cierta visión para administrar, que es independiente del tamaño del proyecto. Naturalmente, los burócratas desean minimizar el número total de proyectos, lo que los lleva a aprobar unos cuantos grandes proyectos (que los políticos autocráticos también prefieren). Por ejemplo, cuando se enfrentan a la construcción de un asentamiento urbano nuevo, desean construirlo lo más grande posible y todo al mismo tiempo, para economizar desde el punto de vista administrativo. Este enfoque contradice a la propuesta de construir un asentamiento urbano pieza por pieza y el proceso interactivo de ir y venir entre los pasos de diseño, generando pertenencia, arraigo y el consecuente cuidado de la urbanidad que se está gestando. Pero ello requiere tiempo, planificación y perdurabilidad más allá de las administraciones burocráticas de turno. La sociedad contemporánea se encuentra en un momento paradójico. 

Ante desastres en varios frentes interrelacionados — agotamiento de las fuentes de energía fósil, invasión y destrucción de tierras con propiedades para la agricultura, ocupación y apropiación de acuíferos rellenándolos y destruyendo el ecosistema natural, las  ciudades que se vuelven cada vez más disfuncionales con graves problemas de inundaciones y con un crecimiento fuera de control — la sociedad sigue implementando prácticas urbanas que han conducido a estos problemas. 

Cuando se toman la urbanización en sus propias manos, sin el asesoramiento de los arquitectos, los asentamientos construidos pueden variar entre aceptables hasta desastrosos (villas miseria, asentamientos, favelas, etc.). Si a ello se le suma que se los categoriza como no-oficiales, los gobiernos no se preocupan demasiado para ayudar a mejorar tal esfuerzo, sino que se ocupan en suprimirlos y reemplazarlos, otorgando nuevas casas construidas en terrenos nuevos y diseñadas según preceptos académicos que muchas veces no contemplan la cultura, las costumbres, los modos de vida originales de esa población, que es parte de la movilidad a las grandes ciudades, provenientes de las provincias en busca de trabajo y oportunidades, y obligadamente deben buscar y contar con tierra, casa, salud, educación y una legislación que les garantice sus derechos.

Por otro lado, los intereses financieros propician y van construyendo un tejido urbano que también se vuelve insostenible, con edificios de alta tecnología extremadamente costosos y energívoros (gran consumo de energías convencionales), complacidos por normas gubernamentales que permiten esas intervenciones. Además, nunca podemos conocer si los ciudadanos aceptan con gusto esos edificios.

La cuestión crucial sobre el mantenimiento del tejido urbano es directamente proporcional al sentido de pertenencia de los habitantes que invertirán su energía para mantenerlo. 

El enfoque para construir viviendas sociales se sustenta en este entendimiento y las propuestas intentan generar un tejido urbano que “pertenezca” psicológicamente a sus usuarios. Es una realidad que en Europa tal vez sea difícil de comprender. Obviamente, en este enfoque no abordamos las causas que generan esta realidad habitacional, ello corresponde a otros ámbitos de la ciencia social y económica; pero desde el punto de vista de la arquitectura y el urbanismo, se debe abordar con creatividad, funcionalidad, innovación y adaptabilidad al entorno: justamente como cuando se diseña una casa.