La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

William Clouston, presidente del Partido Socialdemócrata (SDP)

William Clouston: “El conservadurismo social se combina bien con las recetas económicas de la centroizquierda”

Presidente del Partido Socialdemócrata británico: la izquierda se entusiasma por la inmigración pero es indiferente a la integración.

Hasta hace poco pensaba que el SDP era cosa de los 1980 y se fusionó con los Liberal Demócratas hace más de tres décadas. ¿A qué se debe su regreso a la arena política del Reino Unido?

Mucha gente piensa que el Partido Socialdemócrata (SDP) dejó de existir tras la fusión con los Liberales en 1988. De hecho, el líder del SDP y exministro de Relaciones Exteriores, David Owen, se resistió a la fusión, mantuvo al partido como una fuerza independiente y siguió al mando hasta 1990, cuando el partido se retiró a las bases. Yo voté en contra de la fusión por la sencilla razón de que la socialdemocracia con sus preocupaciones comunitarias es bastante diferente del liberalismo que prioriza el individualismo. La historia nos ha dado la razón. Los Liberal Demócratas nunca lograron combinar el liberalismo con la socialdemocracia y, como resultado, carecen de un programa coherente.

La indiferencia hacia qué se produce, dónde y quién ha caracterizado la política liberal en Occidente, y el precio ha sido la estabilidad de nuestras comunidades y la seguridad de nuestra población.

Su manifiesto es una curiosa mezcla del conservadurismo social e ideas económicas de centroizquierda. ¿No se trata de una misión imposible?

No. Al contrario, consideramos que el conservadurismo social se combina bien con las recetas económicas de la centroizquierda. Por ejemplo, queremos preservar y proteger la vida familiar, pero lo que hemos descubierto es que la economía liberal practicada en Occidente durante los últimos 30-40 años ha socavado a la familia y las comunidades que la sostenían. Los llamados ‘Conservadores’ que han gobernado Gran Bretaña no han conservado nada. En cambio, han seguido políticas que se adaptan a los intereses de las grandes corporaciones globales pero que han socavado nuestra base industrial y los pueblos y ciudades que dependían de ella. La indiferencia hacia qué se produce, dónde y quién ha caracterizado la política liberal en Occidente, y el precio ha sido la estabilidad de nuestras comunidades y la seguridad de nuestra población.

Vemos las mismas fallas en la política de vivienda en Gran Bretaña. Tanto los laboristas como los conservadores han adoptado un enfoque libremercadista que ha descuidado la capacidad del Estado y su participación en la construcción de viviendas. Han dejado la construcción de viviendas casi por completo en manos del mercado, que no ha podido proporcionar un número suficiente. El resultado es una crisis habitacional. Los jóvenes no pueden hacer lo normal: encontrar pareja, casarse, conseguir una casa y formar una familia. La inmigración masiva ha empeorado aún más esta situación. La solución obvia es aumentar la oferta de viviendas y reducir la inmigración, una combinación de políticas de «izquierda-derecha» que sólo ofrece el SDP.

En ambos partidos principales hay grupos de presión -a saber, los Tories Rojos y los Laboristas Azules- que representan el tipo de comunitarismo tradicional que ustedes también parecen defender. Dado que el sistema electoral británico no favorece a los partidos pequeños, ¿no tendría más sentido unirse a uno de ellos en lugar de (re)lanzar un proyecto político rival?

Admiramos las tradiciones de los conservadores rojos y los laboristas azules, pero las consideramos principalmente como proyectos intelectuales. Existen algunas diferencias entre el SDP y estas tradiciones, pero estamos estrechamente alineados en nuestra perspectiva general. Donde diferimos notablemente es desde un punto de vista práctico. Los pensadores laboristas azules y conservadores rojos han influido ocasionalmente en los líderes de sus respectivos partidos, pero si examinamos a toda la membresía y la representación parlamentaria, veremos que su punto de vista representa una pequeña minoría en estos grandes partidos, que están totalmente dominados por los liberales. En cuanto a los datos, existe un fuerte apoyo público para una combinación de políticas «roja y azul» en general, y en particular para la combinación de soluciones económicas de centro-izquierda con patriotismo y respeto por las tradiciones culturales. Si queremos movilizar esta corriente de opinión, debemos construir un partido que realmente crea en eso y -en lugar de ser un grupo de presión o laboratorio de ideas- participe en las elecciones. Los laboristas azules y los conservadores rojos están gritando instrucciones desde la parte trasera del autobús. El SDP es un vehículo más pequeño, pero lo estamos conduciendo y la gente vota por nosotros.

La extrema izquierda tiende a olvidar que el sector público depende de las ganancias obtenidas en el sector privado. No se puede gravar las pérdidas.

¿Es cierto que usted fue miembro del Partido Conservador? Si es así, ¿por qué ha dejado a los tories?

Fui miembro activo del SDP en los 1980 y, cuando David Owen dejó el escenario político en 1990 y el partido decayó, como muchos otros socialdemócratas, dejé que mi membresía caducara. Durante varios años no fui miembro de ningún partido político. A finales de la década de 1990, un amigo, que era un prominente conservador local, me reclutó en el Partido Conservador, y fui miembro durante cuatro años. Fui elegido concejal de distrito y luché por un escaño parlamentario para los conservadores en las elecciones generales de 2001. Aprendí mucho, hice muchos amigos y disfruté de la experiencia, pero nunca me sentí realmente como en casa durante esos par de años en el Partido Tory. Probablemente yo era más conservador socialmente, más intervencionista en temas económicos y, curiosamente, más escéptico de la Unión Europea que la mayoría de los conservadores. Los tories son esencialmente un partido liberal.

Su programa económico prevé una coexistencia mutuamente beneficiosa del sector público y el libre mercado, sin embargo, sus propuestas también incluyen la renacionalización del sistema ferroviario y las empresas de servicios públicos. ¿No fue así como Hugo Chávez inició la desastrosa espiral económica en Venezuela?

Su comentario sobre el enfoque desastroso de líderes como Chávez me parece plenamente justificado. Los de la extrema izquierda tienden a olvidar un punto muy básico de la economía mixta: El sector público depende de las ganancias obtenidas en el sector privado. No se puede gravar las pérdidas.

Sin embargo, creo que la clave es establecer correctamente la frontera entre lo que debe hacer el Estado y lo que debe hacer el mercado. La producción general de bienes y servicios se realiza de manera más eficiente en el sector privado. Sin embargo, los argumentos a favor de la participación estatal en, digamos, los ferrocarriles nacionales son más que convincentes. Prácticamente, ningún sistema ferroviario nacional ofrece beneficios. Los ferrocarriles son un bien público. En el Reino Unido, el Estado todavía hace todo el trabajo pesado en términos de inversión y mantenimiento de vías. Los servicios en rutas particulares están franquiciados, pero esto significa que nuestro sistema está muy fragmentado. Al debatir sobre este tema con conservadores libremercadistas, siempre señalo que nuestro sistema ferroviario podría ser un símbolo de la ingeniería, la gestión y el orgullo británicos, pero, en cambio, conseguimos que los operadores extranjeros gestionen nuestras líneas y, muy a menudo, el servicio es deficiente. Como en tantas otras esferas, los liberales piensan que eso no importa. Nosotros creemos que sí.

La membresía en la UE es simplemente incompatible con la soberanía nacional.

Por otro lado, el lema oficial del SDP es “Familia, Comunidad, Nación”, y si analizamos su programa, descubriremos que son partidarios del Estado-nación, rechazan el multiculturalismo y las políticas de identidad, se oponen a la inmigración descontrolada, y defienden la libertad de expresión y académica. En España, los políticos del partido derechista Vox suelen expresar semejantes ideas…

Las comparaciones políticas entre culturas son bastante difíciles. Sin embargo, he seguido con interés la escena política de España. Un tema que nos diferencia en Gran Bretaña es nuestro tipo de euroescepticismo. En nuestro país, la perspectiva mayoritaria entre la población era el deseo de abandonar la UE por completo. Nuestros políticos tenían una opinión diferente, pero la voluntad de ser un Estado-nación normal, libre e independiente estaba muy extendida entre el público en general. Creo que la posición en España es diferente, ya que la pertenencia a la UE parece darse por buena y el euroescepticismo se define como querer limitar las adicionales pérdidas de soberanía a favor de la UE. Yo considero que la membresía en la UE es simplemente incompatible con la soberanía nacional. La crisis del euro golpeó muy fuerte a España y el desempleo juvenil ha sido un problema persistente. En nuestra opinión, la única forma de abordar estos problemas es restableciendo una moneda nacional e implementando una serie de políticas que aborden el comercio y la desindustrialización.

La inmigración masiva ha inhibido las iniciativas de formación nacional. ¿Para qué formar a los ciudadanos si se puede importar a gente nueva?

Durante el debate sobre el Brexit, los políticos, y especialmente los votantes, hablaban tanto de la inmigración como de la soberanía nacional. La izquierda europea normalmente apoya la inmigración, ya sea por su universalismo político o por motivos humanitarios, pero una vez más el SDP se opone a las tendencias. ¿Son los médicos indios o los camareros españoles realmente una amenaza para el estilo de vida británico?

La razón principal por la que el SDP aboga por menos inmigración es pasar de un modelo económico globalista de «fronteras abiertas» a uno más centrado en el ámbito nacional. La libertad de movimiento de la mano de obra ha tenido indudables beneficios para las grandes empresas y los empleadores, pero también ha tenido dos efectos que afectan a las bases tradicionales de la izquierda. Primero, el aumento de la oferta de mano de obra ha ejercido una presión a la baja sobre los salarios. En segundo lugar, ha inhibido las iniciativas de formación nacional. ¿Para qué formar a los ciudadanos si se puede importar a gente nueva? Muchos de los que emigraron de la UE a Gran Bretaña después de 1990 beneficiaron a su país de acogida. Sin embargo, como gran parte de la globalización, todo ese proceso dejó atrás a mucha gente. Nosotros alzamos la voz por ellos.

La cuestión de reducir la inmigración es también importante por su relación con temas culturales. Ciudades como Londres han sido testigos de un enorme cambio demográfico en los últimos 60 años. Algunos ven ese cambio como algo completamente positivo, pero otros lo observan con una sensación de pérdida cultural. En general, creo que la izquierda ha sido demasiado entusiasta por la inmigración masiva y demasiado indiferente a la integración. Culturalmente, creo que nos beneficiaríamos de una pausa de la inmigración masiva a largo plazo (más de 20 años).

Los progresistas dan por sentado que ellos dominan y marcan el discurso cultural y a menudo silencian o excluyen a aquellos que tienen un enfoque diferente.

El suyo es probablemente el único partido político del Reino Unido que ha publicado su propio Manifiesto por la Libertad Académica. ¿Tan grave es la amenaza a la libertad de expresión y la libre investigación en la Gran Bretaña moderna?

La libertad académica es un asunto crítico en las escuelas y universidades. El problema surge debido a la falta de diversidad de opinión en el mundo académico. Si, en ciertos departamentos, el 90% del personal universitario simpatiza con la izquierda liberal-progresista, esto tiene un efecto paralizador en aquellos que tienen opiniones diferentes. Las personas que tienen puntos de vista socialmente conservadores tienden a ocultar sus opiniones y quedarse callados en eventos, seminarios o clases tutoriales. Los progresistas dan por sentado que ellos dominan y marcan el discurso cultural y a menudo silencian o excluyen a aquellos que tienen un enfoque diferente. La reciente tendencia a recurrir a códigos de expresión al hablar de ciertos temas, como los derechos de las personas transexuales y la inmigración, efectivamente inhibe y suprime la libertad de expresión y la libertad de pensamiento e investigación, que deberían tratarse como la razón de ser de una universidad. En el fondo, la tendencia a negarle a tu oponente el derecho a hablar libremente demuestra una falta de confianza en tu propia postura. Los puntos de vista y las opiniones desafiantes deben ventilarse por completo.

El SDP ciertamente contribuye a la diversidad de opiniones. Si bien la mayoría de los partidos principales aceptaron el confinamiento nacional, ustedes criticaron las severas restricciones implementadas por el Gobierno. Pero, ¿existía alguna alternativa? 

El SDP apoyó el primer cierre que el Gobierno justificó en términos de darse tiempo para desarrollar la capacidad del sistema de salud nacional. Sin embargo, desde entonces hemos sido cada vez más críticos con la política de confinamiento por dos razones. Primero, el Gobierno no estuvo dispuesto a reconocer los costos inmediatos y a largo plazo de los cierres y otras medidas de represión para la sociedad y la economía. Entendemos por qué los líderes adoptan esta postura, es decir, porque creen que si reconocen las concesiones mutuas, las justificaciones de los bloqueos se debilitarán. Sin embargo, los costos permanecen y deben ser discutidos. En segundo lugar, la justificación empírica de los confinamientos obligatorios por mandato del Gobierno sigue siendo bastante débil. En el Reino Unido, los propios datos del Gobierno demuestran que las tres curvas virales estaban en declive antes de la imposición de bloqueos, lo que indica que el enfoque anterior estaba funcionando hasta cierto punto y que la prevalencia viral se estaba reduciendo.