La Nueva Razón

Revista política y cultural panhispánica

(Imagen: ROSS HONG KONG CC BY-NC-SA 2.0)

Wokes dentro, Baizuos fuera

Más allá de las caricaturas etnocéntricas nacidas del choque cultural, el problema civilizatorio existe y es evidente cuando voces ajenas a las nuestras lo señalan.

Baizuo (白左) es un término mandarín extremadamente interesante. Un neologismo surgido de las redes sociales chinas (que no «mundiales») y que equivale parcialmente al woke en inglés: aquella persona deeply concerned, que se apunta a un carroussel aparentemente ilimitado de causas aparentemente dispares. Como ellos mismos señalan, la izquierda blanca – significado literal de baizuo – del siglo XXI.

En Open Democracy, Zhang Chenchen hace un resumen magnífico: «The curious rise of the ‘white left’ as a Chinese internet insult«. Concretamente,

baizuo se utiliza generalmente para describir a quienes «sólo se preocupan por temas como la inmigración, las minorías, el colectivo LGBT y el medio ambiente» y «no tienen sentido de los problemas reales del mundo real»; son humanitarios hipócritas que abogan por la paz y la igualdad sólo para «satisfacer su propio sentimiento de superioridad moral» […] creen en el Estado del bienestar que «sólo beneficia a los ociosos y a los que van por libre»; son los «occidentales ignorantes y arrogantes» que «se compadecen del resto del mundo y se creen salvadores».  Junto a baizuo estaba shengmu (圣母) – literalmente la «santa madre» – que según sus usuarios se refiere a los que son «demasiado emocionales», «hipócritas» y «tienen demasiada empatía».

La autora da una serie de explicaciones para este fenómeno. Para empezar, señala a los estudiantes y trabajadores chinos en Europa, que frecuentemente comparan sus esfuerzos y penalidades para quedarse e integrarse con los refugiados que «sólo necesitan pedir asilo». Igualmente comparan la dura trayectoria de los chino-americanos con los resultados de las políticas americanas de afirmación positiva (que traduciríamos como discriminación positiva) y que rechazan: «los chinos no deberían pagar la factura de los errores pasados de los americanos blancos».

Para continuar, y en clave interna, la autora señala lo que para ella es la clave en la sociedad post-socialista(?) china: un pragmatismo brutal, amoral y profundamente darwinista. Prefieren fuera lo que se aplican a ellos mismos – los individuos deberían hacerse responsables de sus problemas y no merecen ser ayudados por otros.

Finalmente, sus protagonistas interpretan eventos como la crisis de los refugiados y el papel de los baizuo en un contexto de China ascendente Vs. Europa en decadencia. De acuerdo con las analíticas de su buscador principal, Baidu, uno de los términos más relacionados con baizuo es huimie: «destruir». Artículos titulados con variantes de «La izquierda blanca está destruyendo Europa» alcanzan amplia difusión y predicamento, y frecuentemente se hacen referencias a la autodestrucción europea y a una epidemia espiritual.

Todo esto ocurre, según la autora, en un contexto online fuertemente censurado y dirigido. Lo realmente interesante del asunto es que estos términos y discursos son permitidos y de hecho alentados por el Partido. Hay que recordar, para empezar, que las granjas de trolls no son sólo un asunto ruso ni mucho menos; para continuar,

Dado el estricto régimen de censura, criticar valores democráticos como el pluralismo, la tolerancia y la solidaridad es sin duda una de las opiniones «críticas» más seguras que pueden expresar los ciudadanos [chinos] de a pie en Internet.  

Blanco y en botella. Si tiene el color y  el tacto de la leche, sabe a leche y está dentro de una botella con una etiqueta que dice «Leche», lo mismo, leches, no deberíamos extrañarnos si es leche.

En nuestras minas culturales y civilizatorias empiezan a multiplicarse los canarios. Cada vez hay más voces que señalan alarmadas los efectos de la cultura de la cancelación o en la amenaza a la tolerancia. Entre esas voces comienzan a alzarse las de intelectuales inicialmente cercanos a la izquierda liberal. Por ejemplo, y con alguna trampa que otra, Anne Applebaum nos ofrece un relato estremecedor de las cazas de brujas académicas y profesionales en su reciente pieza The New Puritans. Más alejado de esos planteamientos, otra pieza reciente y sin aspavientos: «The threat from the illiberal left«, se une al coro de voces que apuntan a una tendencia preocupante y dañina para nuestra, sí, civilización.

Estoy convencido de que hay una traducción muy precisa de baizuo al ruso o al farsi. Que hay ciento y un chistes respecto a la izquierda blanca online del siglo XXI. Más allá de las caricaturas etnocéntricas nacidas del choque cultural, el problema civilizatorio existe y es evidente cuando voces ajenas a las nuestras lo señalan, se burlan y lo apalancan.

Y no es sólo que el carroussel de causas distraiga la atención de manera permanente, guíe y azuze debates y narrativas y nos aparte de lo importante. Además, amenaza los cimientos de nuestra democracia: del Imperio de la Ley y la tutela judicial efectiva (vs. las acusaciones sin prueba ni proceso), hasta la ruptura cada vez más profunda con la sociedad abierta y, por lo tanto, tolerante y plural.

Siendo un problema ya catastrófico, es aún peor porque comprobamos que en otras latitudes bajo regímenes objetivamente rechazables y temibles se evita la mencionada epidemia espiritual como la amenaza que es. Para ellos, para sus dirigentes, el baizuo descendiente de la gauche divine es un síntoma y una fuente de debilidad.

No es algo gratuito: hay personas y grupos que viven muy bien de alimentar esta amenaza, y fuera hay regímenes que la apalancan con éxito creciente. Está llegando la hora de que nuestra civilización y nuestro marco democrático pongan pie en pared y recuperen sus valores esenciales y fundacionales, antes de que llegue la hora de añorar y de lamentar lo perdido. Recordemos nuestra historia reciente: ya dejamos atrás el mundo de ayer y herimos casi mortalmente a nuestra civilización hace 100 años.